domingo, 19 de junio de 2016

Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra



CAPITULO- 13
Recordando la inocencia
La niñez es la etapa mágica más importante de las personas.  
Otra vez en el jardín, Francesco acarició cada flor. 
Les habló y hasta las refrescó con rocío del Cielo. Aparecieron mariposas jugueteando entre las rosas, y las rosas volvieron a renacer, pero no por casualidad. 
Porque las casualidades no existen. 
Ni en el Cielo ni en la Tierra. 
De pronto, apareció Pancho, su querido ángel. Juntos contemplaron el jardín y recordaron cuando Francesco era chico y hablaba con él, compartiendo con ingenuidad sus juegos. 
Son los juegos donde parece que los niños hablan solos, se contestan y se ríen, con un interlocutor que los adultos interpretan como imaginación de las criaturas, y que es ese amigo invisible. 
¿Te acuerdas, Francesco, cuando eras chiquito y caíste de la hamaca, perdiste el conocimiento y viste cómo yo te curaba? 
A ver, déjame hacer memoria... 
¡Ah! Ya recuerdo; estabas vestido de rosa, un rosa que nunca había visto antes. 
Flotabas en el aire. 
Me gustaba contemplar cómo me mirabas; tus ojitos me decían que me repondría pronto. 
Tú estabas cuando le conté esa experiencia a mamá y ella, tomándome de la mano, me dijo que había estado soñando. 
El doctor comentó, en voz muy baja, que era producto de la caída. ¿Por qué será que los mayores son tan terrenales y sólo pueden entender lo que ven? 
Ya ves lo que se pierden. ¿Puedes recordar también todas las veces en que te hablé al oído, todas las veces en que te grité "cuidado", cuando estabas a punto de cruzar la calle sin mirar? Sí, recuerdo todo; ¿por qué, cuando llegué aquí, no lo recordaba? 
Porque ahora estás totalmente armonizado. 
Te explicaré algo. 
Cuando eres chico tienes, hasta los seis años, un pensamiento mágico y estás abierto a recibir información de tus vidas  anteriores. 
No te olvides de que la inocencia es la característica fundamental que permite creer con mayor facilidad en lo que no creen los grandes. 
¿Será que a los adultos todas estas cosas les dan miedo?
Puede ser que el miedo no los deje creer. Algunos no pueden entender el mundo de las criaturas; por ese motivo uno debe mantener en algún lado del corazón esa capacidad de sorprenderse, de jugar con la imaginación. 
No importa cuántos años tengas en tu cuerpo, la verdadera edad está en el alma. 
Pancho, considerando que siempre estuviste a mi lado, ¿crees que desperdicié mi vida? Tuviste buenos frutos en el transcurso de tu ciclo en la Tierra. 
Tuviste unos hijos maravillosos, una esposa que te amó hasta el último momento de vida, un trabajo digno. 
Tú has sido un ser querido por todos los seres que elegiste para compartir tu vida. 
Quizás el error estuvo en quedarte con asignaturas pendientes, esas que, por algún motivo, dejaste que quedaran inconclusas. 
Es cierto. Dejé muchas cosas sin hacer, no olvides que no fui del todo feliz. 
¿Y tú consideras que todas las personas pueden ser realmente felices? 
No lo sé, por eso te lo pregunto...
¿Quieres saber de verdad lo que pienso, o buscas simplemente que te consuele? 
Quiero tu verdad. 
Tú solo te has frenado en los momentos importantes; te limitaste y no soportaste, luego, la sensación de los fracasos. 
No te culpo por no haber respondido que "no" cuando había algo que no te gustaba; te responsabilizo por no haber vivido hasta el fondo lo que te hacía sentir bien; siento que en algunas ocasiones no fuiste leal contigo mismo.
Dime, Pancho: ¿dónde estoy yo, si mi cuerpo está en la Tierra y mi alma está aquí en el Cielo? ¿Preguntas por tu ego o por tu esencia? ¿Cuál es la diferencia? 
Toda tu esencia está aquí. 
Mira, Dios te regaló un espíritu que es la esencia de todo; es, según algunos sabios, una luz que durante tu vida contempló cada una de tus acciones; es parte que se mantuvo siempre bella. Es la que está al tanto de todo, y estuvo todo el tiempo a tu lado. 
Le hubiese gustado haber seguido brillando como una lámpara de aceite encendido; pero en algunos momentos la has llenado de polvo y su luz ya no era tan refulgente; solamente se iluminaba cuando tu mente dejaba de tener pensamientos perturbadores; pero esto ocurría en muy pocas ocasiones. 
Tu alma estuvo flotando por encima de tu cuerpo, unida a él sólo por un cordón de plata. Ella es la única que perdura y perdurará por siempre; es la parte más importante, la mejor compañera de tu vida. 
Contactas a tu alma cuando estás en silencio. Después de que tú abandonaras tu cuerpo, ella trajo todas tus experiencias, todos tus pensamientos, sentimientos, sensaciones. 
Ella era la que te llamaba la atención cuando algo funcionaba mal, e iba mandando señales de cada cosa que podías prevenir o solucionar. En ella viven la percepción y la energía, viven la edad joven y la vieja. ¿Ahora tú quieres saber dónde habita tu otro yo o ego? 
El ego o yo es todo aquello que te aleja de tu esencia. 
Los pensamientos, ideas, emociones, juicios, prejuicios, patrones de conducta, sufrimientos, alegrías, todo eso te envuelve y crea la falsa ilusión de que eres sólo este ego. 
El ego no permite que tu esencia se exprese libremente en tu vida diaria. 
El ego, como todo, también fue creado por Dios. Tu yo, es decir, tu ego, es esa mente. 
Esa mente o ego está preparada para enseñarnos cómo crecer, cómo comunicarnos, cómo amar y amarnos; esa mente sabe elegir, 
nos juzga y nos míente, nos maneja y nos entristece con pensamientos negativos. 
Tu ego te convierte en una persona con muchas etiquetas; por ejemplo, te dice que eres Francesco, trabajador con pocas aspiraciones. Ese yo o ego que te compara con otros hace que te sientas mal sí te comparas con quienes crees que son mejores, y que te sientas mejor que aquellos que crees que son peores. 
Ese yo, lleno de creencias, te convierte en esclavo de las vivencias que tuviste desde que naciste. Ese yo siempre generaliza y dice que "nunca" te dieron tal cosa, que "todos" tus amigos son iguales, que te hace creer tal raza o tal religión es mejor o peor que otras. 
Ese yo egoísta quería a alguien simplemente porque tenía tus mismos gustos. Orgulloso en algunas ocasiones y humilde en otras, ése es el yo que vivió en tu mente. Tu cuerpo fue una buena herramienta para transitar el camino que te correspondía. Era importante que lo cuidaras porque era el vehículo que usabas y lo que te permitía tener las experiencias que tuviste como ser corporal; pero cumplió su ciclo y ahí está, cubierto de flores. 
En tu alma está el yo superior, y es ella la que ilumina la mejor parte de tu ser. 
El que me llenaba de amor y de energía está en mi alma, pero el que registré todo el tiempo fue el de mi mente. ¿Crees que la mente se puede convertir en una enemiga? 
Y en una amiga también. 
Pero parece que ella tuviera un poder muy grande. Es que realmente lo tiene, como lo tienen los recuerdos y todo lo que vive en tu inconsciente. Es muy grande su poder; ella te hizo sentir bien o mal, alegre o triste, frustrado o triunfador. ¿Sabes qué importante son los roles que cumplen los recuerdos en tu vida? Cada acción se convierte en un pequeño o gran recuerdo, es como si coleccionáramos recuerdos de cada etapa que transitamos por la vida. 
Es importante que quien está viviendo sepa que lo mejor es vivir su presente, con todos sus sentidos: viendo, oliendo, luchando, sintiendo, hasta el último momento, para tomarse hasta el último sorbo de vida; que no le quede nada sin sentir. 
Deja salir esos recuerdos del inconsciente; si revivirlos te hace sentirte bien, entonces déjalos dentro de ti; y, si son negativos, es bueno que los aceptes y que cambies el final de esos recuerdos, aunque sea un final ficticio. 
Sería como guardarlos en una forma prolija y armoniosa, para que no se te aparezcan como una pesadilla o una película vieja que ya viste en tu pasado, pero que no te sirve tenerla dentro de ti. Vive la vida hasta el fondo, de un modo útil y cómodo; deja que en tus pensamientos queden las películas que quieres ver, a la hora y el día en que tú lo decidas. 
Deja solamente lo que te hace bien. 
Aprende a anclarte en lo positivo. 
Siempre que realizas alguna acción, piensa que es lo mejor que estás haciendo en ese momento, después te arrepentirás. Piensa y recuerda lo que es bueno para ti. 
Pancho, mira, mientras estuvimos hablando, se abrieron las rosas; ¡fíjate cuántas han nacido! Es buena señal, ¿no te parece? Claro que sí. Ahora vamonos y mañana pasaremos a visitar este lugar tan querido por ti. 
Francesco ya había perdido el cálculo del tiempo. Se preguntaba cuánto hacía que estaba en el primer Cielo. A pesar de haber visto a muchos espíritus en sus mismas condiciones, nunca se había encontrado con ningún espíritu conocido. Cuando él vivía creía que al morir alguien se encontraba en el Cielo con sus seres queridos. 
Él no había visto ninguno; se preguntaba, con ironía, si estarían todos en el infierno. Se dijo a sí mismo que al día siguiente preguntaría para salir de la duda.
Mientras acomodaba sus alas volvió a recordar los problemas que aquejaban a su familia. Pensó que, estando en el Cielo, más cerca del jefe, tendría más posibilidades de obtener favores. Tenía en su espíritu muchas preguntas que necesitaban respuestas. 
Quería saber cuánto tiempo más tendría que permanecer en ese lugar, qué pasaría después. Reconocía que le gustaba ese lugar y se sentía cómodo. Le encantaba volar y cuidar su jardín, hablar con Pancho y con sus maestros, pero había algo que lo tenía sumamente preocupado, inquieto. Tampoco se animaba a preguntárselo a nadie, pero era muy importante para él saberlo: ¿conocería alguna vez a Dios? 
Si tuviera la posibilidad de hablar con Él, 
¿qué sería lo que le preguntaría? ¿Cómo sería tenerlo al lado? ¿La emoción de estar frente a frente lo dejaría hablar francamente con Él? ¿Se animaría a contarle todas las injusticias que vio mientras vivía? ¿O Dios lo acusaría de haber cometido demasiados errores y lo juzgaría, castigándolo? ¿Cuál sería el Dios al que supuestamente en algún momento conocería? ¿Sería el Ser misericordioso que se apiada y da amor o el Dios que castiga, poniendo a prueba la fe de cada uno? "Demasiadas preguntas para un espíritu inquieto y curioso", se decía. 
Francesco no tenía dudas de que Dios estaba ahí: era real, su amor era poderoso y con ese amor había creado a cada criatura que habitaba la Tierra o a cada criatura que vivía en otros planetas. ¿Cómo dudar de su poder, después de estar viviendo en el Cielo? 
¡Si Él pudiera bajar y contarle a cada persona lo que estaba viviendo aquí arriba! Hasta los colores que existen en el Cielo son diferentes; siguen siendo los colores conocidos, pero tienen otra intensidad, otro matiz, otro brillo; todo es diferente, todo es celestial, todo, exactamente todo, es extraordinario.
También tenía que reconocer que, aunque a Él no lo había visto todavía, sentía su presencia en cada cosa que lo rodeaba. 
Cuando vivía, también hubo momentos en los que sintió su presencia con la misma intensidad con que la sentía ahora. Lástima que no había tomado conciencia de ello. Francesco se quedó dormido pensando. Se hizo de noche; el cielo tenía unas noches espectaculares; estrellas de todos los tamaños y todos los matices iluminaban el cielo azul. 
Francesco descansó tanto que, al despertar, sintió que había dormido años. Un sueño muy profundo lo había llevado a soñar que volvía a vivir y que era feliz. Soñaba que lo tenía todo y que lo valoraba tal como si alguien guardara un tesoro, celosa y cuidadosamente. 
Así había cuidado él, en ese sueño, su tesoro. Sabía que era importante valorar lo que le había costado obtener con tanto esfuerzo. Francesco se despertó y, después de pensar en el sueño, se dio cuenta de que él había sido más feliz de lo que había creído. Él también había tenido un tesoro, que estaba completo, pero no se había dado por enterado; apenas ahora lograba entenderlo todo. Lamentó no haberse dado cuenta antes. "Será que nosotros, los humanos, tenemos la característica de valorar lo que tenemos justo en el momento cuando lo perdemos, nunca antes.
" Cuando tenemos algo que nos hace bien, sentimos que es merecido. ¿Por qué será, si tenemos todo el derecho del mundo para merecernos lo mejor? 
¡Por dios, qué complicados somos! Después de haber hecho un balance de mi vida, puedo darme cuenta de que viví proyectando planes y deseos para el futuro, pero no pude pensar en detenerme y proyectar el presente. ¡Y pensar que toda la vida es presente! Si hubiera tomado conciencia de que yo tenía un gran tesoro, al tener un espíritu que deseaba crecer y nutrirse de experiencia, y que mi tesoro era mío y de nadie más... y que ese tesoro no tenía nada que ver con el de los demás, mi vida habría sido totalmente diferente. 
Mi vida era mía y de nadie más. ¿Por qué tenía que dar explicaciones de mis actos, cuando realmente no me interesaba hacerlo? 
Mis padres me educaron para ser una persona de bien, pero no me enseñaron cómo vivir. ¿Quién me enseñó que todo era esfuerzo y que, si no llegaba hasta las últimas consecuencias, no podría cumplir mis objetivos, si en realidad, las cosas que tenían que venir llegaron solas, sin que yo presionara ninguna situación? 
Cuantos más obstáculos, más me empecinaba, más enloquecía; todo era cumplir, y pensaba mucho cómo podían juzgarme los demás. 
No me daba cuenta de que el que más me juzgaba era yo mismo; mi propio juez y mi propio verdugo. Y así fui viviendo y dejando de lado los pequeños momentos del presente, los que realmente llenaban mis días y mis noches. Ahora advierto que aquí sigo siendo el mismo. El que sigue pensando dónde irá a parar mañana. 
No me doy cuenta de que, seguramente, cuando esto pase, es probable que después lo añore y consideré que "todo tiempo pasado fue mejor".
Yohana Garcia.
http://lasalmaseternas.blogspot.com.es/

Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra


CAPITULO-12
El maestro de la prosperidad
La parte material es importante y necesaria para las personas. 
Lo que deben entender es que los apegos traen frustraciones. 
Es bueno el dinero, siempre que no te hagas esclavo de él. 
Cuando el dinero falta, las personas se desesperan; lo que no entienden es que siempre hay nuevas posibilidades de recuperar las pérdidas materiales. 
La prosperidad no deja a nadie de lado. Simplemente hay que saber esperar. 
Si quieres recompensa, no te olvides de ser generoso con quienes te pidan ayuda. 
Porque lo que no se da, se pierde.
Estaba Francesco en el jardín junto a las rosas y al silencio del que se había hecho amigo. 
Se sentó en el árbol preferido, a descansar. 
Se quedó dormido, repuso fuerzas y, cuando despertó, algo le llamó la atención: ¡sus rosas estaban marchitas! Se preguntó si había sido negativo para su familia que él los hubiera ido a visitar. Estaba preocupado; buscaría a algún maestro que le pudiera explicar esto que pasaba en su tan querido jardín. 
Impaciente, buscó a algún maestro, pero estaban ocupados con sus discípulos. 
Rosario había viajado a acompañar a otro espíritu, y Pancho, su ángel, estaba jugando. 
Se acordó del perro; quizás cumpliera el papel de ángel en su casa. 
¡Hola, Francesco! -le dijo un ser gordito y con una barba gris muy larga. ¿Y tu quien eres? Soy Yanino, el maestro de la prosperidad. 
Yo necesito que alguien me explique algo que me tiene preocupado. Pero quizá tú no puedas hacerlo. 
A ver, déjame decidir si puedo hacerlo o no.
Yo tengo un jardín y, por cada buena acción de mis seres queridos, florece una rosa. Así se fue poblando de flores, pero ahora están marchitas y da la casualidad de que yo, esta madrugada, visité mi casa y entré en un sueño.
"Da la casualidad", dijiste; dices mal, es la causalidad. Las flores no solamente reflejan las buenas acciones; también sus inseguridades, porque todos esos sentimientos los puedes interpretar como acciones negativas para uno mismo. 
¿Quieres decir que ellos están mal?
Sí, están muy preocupados.  
¿Qué es lo que les está pasando? 
Rosario no te dejó ver un papel que estaba en la mesa de luz de tu habitación. 
Yo le pregunté qué era ese papel y ella me respondió que después me contaría. 
Pero todavía no sé nada. ¿Qué es eso? 
Tu familia tiene problemas económicos: tu casa está hipotecada Tu mujer no encuentra la forma de hacerse cargo de la deuda; en el término de una semana, les rematarán la casa. ¿Rematarán mi casa, dices? ¡Esa casa que me costó toda la vida poder tener!... ¡Por Dios, todo esto es totalmente injusto! 
Yo fui poco previsor; nunca pensé que podía enfermarme, y menos morirme. 
La culpa es mía. No digas eso; si tú hubieras sabido que algo así te podía suceder entonces, habrías tomado algunas precauciones. 
¿Y ahora qué irá a pasar? 
Son personas buenas, honestas. 
Siempre ayudamos a nuestros amigos, a nuestros familiares. 
¿Ahora dónde están todos ellos, por qué están tan solos, por qué la gente es tan ingrata? Tranquilízate, Francesco. Todavía te falta aprender muchas cosas de la vida. ¿Cuáles?
Tú has ayudado a mucha gente, porque ésa era tu forma natural de actuar. 
Fue lo que te enseñaron tus padres, lo que aprendiste en tu crianza. 
No te puedes arrepentir de haberlo hecho de ese modo; si te volviera a pasar, volverías a hacerlo exactamente igual.
Estoy de acuerdo, pero, ¿de qué sirvió? 
¿Dónde está toda esa gente? ¿Por qué no se acercan? 
Te daré un consejo; no te arrepientas de lo que diste de corazón. No me arrepiento. 
Sólo digo que muchas veces eso de que "uno cosecha lo que siembra" no es real. 
No se da para recibir; cuando diste, lo hiciste sin sentirte obligado y hasta te deberías haber sentido bien mientras lo hacías.
Por supuesto que me he sentido bien, pero no contestas a mi pregunta. 
Algunas de las personas que rodean a tu familia no saben de qué modo ayudarlos, y otros ni siquiera están enterados de lo que les está pasando. 
Si lo supieran, no dudes que les prestarían ayuda. ¿Por qué, entonces, no pidieron ayuda? Porque son orgullosos; quieren arreglárselas solos y, a veces, solo no se puede. 
¿Quién los podrá ayudar?
Tu hermano mayor. 
Pero mi hermano mayor es egoísta; ellos no se lo pedirán. ¿Sabes cuál fue tu error con él? 
No perdonarlo. 
Tu hermano es un poco conservador, muy orgulloso, pero tiene buen corazón. 
Yo no opino lo mismo. No le guardo rencor, pero no creo que sea la persona indicada. 
¿No hay otra opción? 
Siempre hay otras opciones, otras soluciones, otras oportunidades. 
Pero están tan asustados que no pueden ver la salida a sus problemas. 
La gente no entiende que, cuanto más preocupada, asustada y ansiosa se vuelve, menos aparece la solución. 
Ni siquiera están unidos para poder tirar juntos de su carro. 
Tu hijo no quiere esa casa: su energía juega en contra de su objetivo. 
Tu hija está en contra del mundo entero y, por supuesto, el banco, que tampoco tiene nada de santo, desea quedarse con la casa. 
¿Sabes cuál fue la frase más usada en tu casa? No. "¡Qué mala suerte tenemos!" ¿Te parece que es manera de encarar una situación que hay que resolver? ¿Y tú qué sentirías si se te muere un ser querido y luego te quedas en la calle? Sí estuviera en lugar de ellos, yo diría lo mismo. 
¿Y entonces? 
Yo estoy aquí, y desde este lugar todo resulta mucho más fácil. La vida no es tan complicada, te diría que es perfecta; ustedes la descomponen, la complican, la subestiman. Dime cuál es la solución y yo se las transmitiré. Hay que aprender que, a veces, las cosas que uno desea no siempre son las que nos convienen; con esto te quiero decir que las cosas que algunas veces crees que traen mala suerte, en realidad pueden traer buena suerte. Ante eso, es bueno dejar que las situaciones fluyan solas, sin forzar nada, porque lo que se fuerza nos trae ¡frecuentemente problemas!. 
¿Tú sabes que la mala suerte o la buena suerte no existen? 
No sé de la buena, pero de la mala, te aseguro que sí. Creo que la vida está más llena de cal que de arena y, cuando viene la buena, si viene, lamentablemente dura poco. 
Francesco, ¡qué facilidad tienen ustedes para desanimarse y dudar de que las cosas buenas no pueden estar siempre! 
Éste es mi punto de vista; quizá sea mi verdad, no la verdad absoluta, pero es la que me sirvió para recibir las señales de la buena suerte mientras vivía. 
Cuando te propusiste algo, siempre lo hiciste con entusiasmo y con una intención buena, ¿no es así? Sí. 
Cuando lo lograste, ¿sentiste que fue por buena suerte o casualidad, o por los esfuerzos y la energía que pusiste para realizar ese objetivo? Cuando te empezaban a ir bien las cosas, ¿qué te decías? Me decía que estaba todo bien.¿Tenías miedo de que esa racha se cortara? 
Sí. ¿Cómo lo sabes? Lo sé. 
¿Te olvidas de que yo también estuve en otra época? 
Yo no podía creer que lo bueno fuera eterno, ni que mis proyectos fueran perfectos. 
¿Y entonces? 
Aparecieron los obstáculos y empecé con la mala suerte; todo fue decayendo, hasta terminar perdiendo todo. 
 ¿Qué es lo que te hizo fracasar, la mala suerte o la falta de seguridad en ti mismo? 
¿Los miedos que se cruzaron por tu camino o la mala onda de tu vecino? 
Yo fui responsable por mis errores, mis fracasos; no era mi suerte, era mi mente.
¿Sabes lo que es la suerte? Es estar con las antenas puestas. 
Para encontrarse en el momento justo con la situación necesaria que ayude a cumplir tu objetivo. ¿Y cómo se hace? 
La respuesta a todo en la vida es estar atento. Acuérdate siempre de esto. 
Sabes que las casualidades no existen. 
Si las oportunidades aparecen cuando las necesitas, entonces tómalas. 
Tú no sabes cuándo te aparecerá la otra. 
¿Y entonces no es que la suerte viene de una mano que sale de arriba, que te elige para ser recompensado? ¿Todo está escrito? ¿Por qué hay personas con estrella y otras que nacen estrelladas? 
Dios y el universo son las manos a las cuales te refieres. Él te ha dado todo para que no te falte nada. Él es el dueño del libro de tu vida. 
Tú eres el que eliges cuándo y cómo escribir tus páginas. 
Él sólo tiene escritos los capítulos de tu vida, que no son otra cosa que las etapas importantes que transitará cada persona, como nacer, la niñez, la adolescencia. 
Hasta tú le pones el nombre a esos capítulos, diciendo que tuviste una niñez feliz o una adolescencia triste. 
Entonces, casi todo depende de nosotros. Algunas cosas que te pasan dependen de ciertas acciones tuyas que causaron dolor a otros en tu vida anterior. 
Y eso es lo que tienes marcado para que suceda, pero hay mil maneras de que esas acciones y sus consecuencias se transformen fácilmente, sin sufrir. 
¿Cuáles serian esas acciones? 
Dame un ejemplo. 
Haber  he hecho una injusticia en otra vida, haber dañado intencionalmente a alguien. 
¿Quienes lo hacen tienen que sufrir en la próxima vida?
La palabra correcta sería "aprender". 
Y aprender, a veces, trae dolor y sufrimiento. Tener situaciones karmáticas para resolver no significa estar castigado, sino tener que pasar por ciertos aprendizajes, simplemente para superarse a sí mismo. 
Por eso, cuando a alguien le sucede algo que no le gusta, tendría que preguntarse: "¿qué tengo que aprender de esta situación?" ¿Puede ser que un golpe de suerte o un viaje estén escritos? No, tú escribes; un golpe de suerte se da cuando estás abierto para recibir la señal de la buena suerte. 
Un viaje lo decides tú; si lo emprendes con entusiasmo, acompañado o solo, alegre o triste... eres tú el que lo puede hacer o no. 
Si lo realizas sin ganas o con pena o con pensamientos negativos, entonces se convertirá en un viaje desagradable. 
Sí no disfrutas del viaje, es probable que no goces cuando llegues. 
Te has quedado pensativo, ¿puedo saber qué te está pasando?
Pienso en mis seres queridos.
¿Tú crees que mi familia, en estos momentos, no está atenta a la buena suerte? 
Mira, no está atenta porque está asustada, y tú aprendiste que el miedo paraliza. 
Ellos tienen apego a esa casa, dicen que a ti te costó mucho esfuerzo construirla, que está llena de recuerdos. 
Te digo más: ¡ojalá supieran desprenderse de esa casa! Aunque vuelvan a empezar, sería una liberación para todos. 
¿Cómo puedes decirme eso? Es cierto que esa casa costó mucho esfuerzo, muchas lágrimas, años de sacrificio, años de privarnos de ir de vacaciones... 
Puesto en la balanza todo lo que me estás contando, ¿valió la pena tanto sacrificio? Contribuyó a que pagaras parte con tu propia vida. ¿O de dónde crees que vino tu enfermedad? No precisamente de tus alegrías. No contestas nada, porque sabes que tengo razón. 
Te das cuenta de que los objetivos a grandes plazos se pagan muy caros, de que los apegos te hacen sufrir. 
Tú no estás y ellos siguen apegados a tu recuerdo; no digo que esté mal, ni que sea fácil poder olvidarte pero, cuanto más se apeguen, más te extrañarán. 
El tiempo pasa ingratamente para ellos, porque quedaron suspendidos en él; se quedaron paralizados el día de tu muerte y ahí están ahogándose en un mar sin fondo.
¿Por qué dices que perder la casa sería una solución? 
Si están atentos, no la perderán en su totalidad. Esa casa cumplió un ciclo; ellos necesitan renovarse. 
Tu mujer está sola casi todo el tiempo; le vendría bien mudarse a un hogar más céntrico; podría salir a cualquier hora y encontrarse con gente. 
Tu hijo pronto crecerá, y tu hija se adapta y acepta los cambios sin problemas. 
¿Cómo es estar atento? 
El banco les va a proponer refinanciar esa deuda; si la aceptan, terminarán perdiéndolo todo. 
Lo que tendrían que hacer es salir a pedir ayuda a alguien que los quiera y, si lo hacen, la ayuda aparecerá. 
Luego, podrían saldar la deuda con más tranquilidad. 
Más tarde, podrán mudarse a una casa más pequeña y más segura. 
Tú sabes que las cosas suceden para bien o por mal. Uno nunca lo sabe. 
Por más que me ponga creativo y piense en cuál es la mejor solución para que mi familia salga adelante, no se me ocurre nada. 
Temo que tengas mucha razón en los pasos que ellos tendrían que seguir para salvar la situación, pero tengo la sensación de que se quedarán desesperados y perderán todo. Podrás bajar y mandarles alguna señal sobre cómo deben moverse para lograr la estabilidad perdida. ¡Me encantaría poder ayudarlos! ¿Podría ir ahora mismo? 
Espera, espera, habrá tiempo; ahora te ruego que me escuches. 
Voy a hablarte como si fueses una persona que aún vive en la Tierra. En la vida, el dinero es simplemente un medio, no un fin. 
Tú con el dinero no puedes comer, ni vestirte, ni viajar; lo puedes utilizar si lo cambias por esas cosas.
Es sólo un papel que tiene valor, según el país; y además varía para cada persona. Te diría que el dinero es personal. 
Tienes que dejarlo circular para que no te termine ahogando; es como la sangre, que debe circular todo el tiempo. 
Tiene que tener la medida justa, que es como la medida de los zapatos: no tienen que ir demasiado justos ni demasiado grandes. 
Es importante que sepas que la prosperidad es para todos. Dios le da todo lo que necesita a todo ser, para que viva con dignidad; lo malo es que la mayoría de las personas nunca se conforman. 
Cuanto más tienes, más quieres. 
No hay que dejarse vencer, pero todo tiene un límite. 
No puedes apegarte a lo material, porque no te dará más que esclavitud; uno se hace esclavo de lo que tiene. 
Si tienes, disfrútalo y aprende a compartir, a dar; puedes poner tus energías en ayudar a quien esté dispuesto a que lo ayudes y lo pueda aceptar. Piensa que lo que no se da, se pierde. 
Si no tienes dinero, no te aflijas. 
Quizá la rueda de la fortuna esté detenida por un tiempo. No pelees, ni busques culpables aunque los haya; tus energías se dispersarán y no tendrás fuerzas para mover la rueda. 
Tú debes ser positivo, tenerte fe; busca ayuda, si ves que no puedes solo. 
Aunque más no sea, busca a alguien que te dé una simple palmada en el hombro, como símbolo de apoyo y afecto. 
Acepta que todos tenemos momentos difíciles, de sufrimiento, y ese sufrimiento radica en tener la ilusión de apegarse a algo. 
La prosperidad y la abundancia existen. 
No es malo tener una buena posición económica; lo que está mal es apegarse a las cosas a tal punto que lo que hoy te trajo satisfacción, al cabo de un tiempo te traiga frustración. ¡Cuántas veces uno, sin tener problemas verdaderos, encuentra algo nuevo para preocuparse! 
O, simplemente, uno se siente triste, sin saber el motivo. Entonces, yo te pregunto: ¿no es que a las personas siempre les faltan cosas? 
Y, cuando consiguen eso, les falta otra cosa más.
Por supuesto, existen otras cosas más importantes que el dinero, y te das cuenta cuando te falta eso que no se puede comprar. Piensa que, si tu familia no está bien de ánimo, estará poco próspera. 
Tienen que saber juntar sus energías para generar prosperidad. La abundancia es como el agua del océano: hay agua para todos. 
La diferencia está en que ellos hoy la juntan con una pequeña jarra y mañana la podrán estar juntando en una gran tina. Uno nunca sabe cuál es su real tesoro. 
Quizá es lo que cada uno tiene y nada más. 
Es difícil aceptarlo en una sociedad de competencia y consumo. 
Cómo entender que, en ciertos lugares donde hay pobreza y muerte, las personas vivían con alegría, aceptación y gran espiritualidad. 
Sus costumbres y su filosofía están en el desapego y en buscar la liberación total del alma. ¿No será que ese modo de sentir trae la verdadera felicidad interior? 
Porque, si buscas la paz interior en los apegos, tendrás paz por momentos, pero no será duradera. 
Lograr estar en paz con uno mismo es una tarea difícil. 
El secreto es saber calmar tu mente. 
Las personas tienen que aprender que la vida es estar donde quieres, con quien quieres, y aceptar lo que te tocó vivir con humildad y coraje. Deben comprender que el tiempo de aprendizaje para cada vida allá abajo es muy corto, visto desde aquí arriba. 
Maestro, ¿por qué no bajan algunos de ustedes y les dan una conferencia de prensa a ellos, ya que todavía les sirven sus enseñanzas?
Porque nadie nos creería; nos encerrarían como a locos. Tendríamos que mentir para poder salir de una situación como ésa. 
¿Hubo espíritus que fueron a dar mensajes a las personas?
Fueron muchos los que tuvieron esa misión. 
¿Y qué pasó? Algunos fueron escuchados, y algunas personas pudieron cambiar y mejorar situaciones de su vida. Pero, después de un tiempo desde la aparición de los maestros, a ciertas personas se les olvidaron las enseñanzas de las lecciones aprendidas.
Las personas tienen una gran facilidad para recordar lo que les hace daño y para olvidar lo que les hace bien. Lo bueno lo escriben en la arena y lo malo en el bronce. 
Tienes razón, somos muy difíciles y complicados. 
Quizás en estos tiempos, en tu mundo, se encuentre gente buscando, desde lo mental, desde la fe o desde lo espiritual, un camino que los oriente para encontrar la felicidad. 
¡O no! A lo mejor son más felices, si no se analizan tanto, si no se detienen a pensar en nada. A veces, el que no piensa es más feliz. 
No, Francesco, lo ideal no es andar por la vida sin saber para qué se está. 
Por supuesto, hay personas que son felices sin preguntarse por nada. Para Dios, lo importante es que sean felices de la mejor manera posible. Puede haber personas que no busquen respuestas sobre su propia vida. 
Pero, si empiezas a transitar por el camino de la búsqueda, entonces hay que armarse de paciencia, para poder encontrar las respuestas a los "porqués". 
Una vez que entras en ese camino, no puedes salir, porque te sientes atrapado por saber más y más. Pero no te aflijas, si por el momento el camino te resulta agotador; a la larga, la riqueza interior que lograrás tener te colmará el alma y serás feliz. 
Ahora, para recordarte lo que eres, quiero que vuelvas a tu jardín y hables a tus rosas para que se reanimen. 
Después de todo, es posible que tu energía le llegue a cada uno; tranquilízate, todo saldrá bien.
Debo agradecerte por ayudarme con esta plática. Me hizo entender ciertas cosas que antes no comprendía. Me debes un favor. 
Dime cuál. 
Enseñar a quien llegue a este lugar lo que has aprendido hasta ahora. No creo que lo pueda hacer; ¡no estoy preparado! Por ahora siento que todavía necesito escuchar más enseñanzas de mis maestros.
Cuando hayas escuchado lo suficiente, tendrás la necesidad de transmitirlo y no podrás guardártelo, porque no es sólo tuyo. 
Respeto que no lo quieras hacer por ahora, pero acuérdate de que tienes una deuda conmigo y contigo. 
Prometo hacerlo; sólo necesito un poco de tiempo. 
Estoy seguro de que serás muy bueno transmitiendo tus experiencias. 
Mañana tendrás un día muy especial. 
¿Podrías decirme por qué? 
Ya lo sabrás, Francesco. Ahora te dejo. 
Debo irme pues hay un amigo que me está esperando ansioso.
Yohana Garcia.
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Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra



CAPITULO-11
Un viaje al interior de un alma
¿Quién no ha tenido en sueños la visita de un ser querido?
Me estoy empezando a querer y no me siento tan culpable por no haberlo hecho mientras vivía. Te confesaré que aquí realmente me siento muy feliz, a pesar de... 
¿A pesar de qué? No, de nada. 
No me mientas, algo te pasa y no me quieres contar, tienes vergüenza. 
Si te lo cuento, vas a pensar que soy un espíritu inmaduro. 
El maestro le contestó: ¡Tú sí que eres gracioso! ¿Cómo es eso de "espíritu inmaduro"? ¡Todavía sigues poniéndote etiquetas! 
Está bien, te contaré. 
Me preocupa mi familia; quisiera hacer algo para ayudarlos. 
Supongo que ya puedes viajar y empezar a verlos y a encontrarte con cada uno de ellos, pero en orden. 
¿Qué? ¿Es por orden alfabético? 
No, Francesco, es por orden de percepción. 
¿Y qué es eso?Te quiero decir que, primero, tienes que mandarles una señal con mucho cuidado. No puedes aparecer en medio de la sala como una visita cualquiera. 
Seguramente te encantaría tomar una forma humana, bajar y decirles: "¿qué tal, cómo están? ¡Volví a visitarlos porque los extrañaba mucho!" Pero ¿qué crees que pasaría? 
Se asustarían o pensarían que están locos. 
Y hasta correrían el riesgo de infartarse y morir de emoción. Ése es el motivo por el cual no nos está permitido aparecer en forma de materia. 
Aparecer en sueños es lo más adecuado; de hecho la comunicación puede ser tan fuerte y real como lo que puede haber entre dos personas que están vivas.
Una de las cualidades que deben tener las personas que te van a soñar, es que sean receptivas; si no, no van a poder recibirte. 
Hay personas que se comunican directamente con sus seres queridos, sin necesidad de hacerlo por intermedio de sueños; y pueden comunicarse porque sus antenas están totalmente abiertas para recibirlos. 
¿Cuál es el modo de comunicarse con mi familia? 
¿Escuchaste hablar de los viajes astrales? Escuché hablar de ellos, pero nunca me interioricé de qué se trataba; no olvides que era incrédulo en ese tema. 
Te lo explicaré. 
Te enseñamos a hacerlo; podrás llegar hasta tu casa en forma de luz y encontrarás a la persona más perceptiva de tu familia. 
¿Cómo sabré yo cuál es la más perceptiva? Será la que esté más armonizada, la más intuitiva. ¿Te imaginas quién será? 
Imagino que mi hija Florencia; en realidad, me gustaría poder verlos a todos. Si ellos no tienen estas aptitudes, ¿no porán verme? 
Todos, en algún momento, podrán hacerlo. ¿Cuándo llegarán estos encuentros espirituales? Mañana. ¿Y cómo lo haré? Mañana te mandaré a Rosario, un ser sumamente dulce; ella se encargará de mostrarte el camino de vuelta. 
Será alguien muy importante en la última etapa de esta espiritualidad. 
No te olvides de tratarla bien, está por demás decirlo. Por supuesto, sigo siendo todo un caballero. Entonces te veré en otro momento; apúrate a regresar a tu lugar de descanso y relájate, que mañana será un día muy especial. Francesco pensó, durante toda la noche, qué sensaciones tendría al día siguiente, cómo sería atravesar el Cielo y volver a ver su casa, qué sentiría al ver a sus dos hijos y a su mujer. 
¿Cómo sería entrar en el alma de su hija? 
¿Qué pasaría si no lograba realizarlo? 
Pensaba en qué pasaría si, después de verlos, decidía no regresar al Cielo, aunque esa opción seguramente no existía. 
Todo esto lo angustiaba, lo llenaba de miedos, de dudas; esta estadía en el Cielo lo estaba volviendo más analítico de lo que había sido en su vida. Era la mañana y el sol brillaba más que nunca. Las nubes rosas iban pasando por la ventana donde Francesco tenía clavados los ojos. De pronto, sintió que lo llamaban. 
La mujer que estaba de pie en la puerta de su cuarto era Rosario. Tenía un gran esplendor: ¡parecía una estrella dorada, sus alas eran multicolores! 
Su gran sonrisa le dio una cierta confianza; sabía que lo acompañaría y, de hecho, no podía tener un mal viaje con tan grata compañía. Hola, soy Rosario. Francesco se presentó muy solemnemente. 
Rosario le preguntó: ¿Estás preparado para el viaje! Por supuesto, vamonos cuanto antes. 
¿Te dijeron que es un viaje largo? 
No, ¿cuán largo? Lo que dure tu ansiedad; cuanto más te relajes y te tranquilices, más corto será el tiempo que tardaremos en llegar. Prometo ser obediente y portarme bien. 
No me prometas a mi; el compromiso es contigo mismo, porque esto lo haces por tus afectos. Bien, me lo prometo. 
Abre la ventana, Francesco, busca la nube que más te guste; sujétala y nos subiremos en cuanto me avises que ya la tienes. 
Ven cerca de mí, que hoy pasan demasiado rápidas. 
Eso es lo que tú crees; las ves más rápidas porque tú estás diferente y tu percepción de las cosas cambia de acuerdo con lo que ocurre en tu interior. Dejemos de charlar y toma esa que viene ahí; mira, es grande y podemos ir cómodos. 
Rosario, ¡tus alas son tan grandes que no me dejan lugar! ¿Siempre protestas tanto?
No, solamente cuando las alas de alguien ocupan mi lugar.
Bien, concéntrate y relájate; mira cuántos espíritus hoy decidieron, como tú, hacer su primer viaje. 
Rosario, me estoy sintiendo raro, no mal; te diría que demasiado liviano. 
Bueno, entonces espera que bajemos un poco más. Huele los azahares del bajo Cielo, es sumamente placentero. 
Sí, es delicioso; me encanta tener el cielo para mí, lleno de colores, sensaciones y olores dulces. Ponte de pie sobre la nube. 
Si lo hago, te aseguro que me caigo y, de hecho, llego a casa rompiendo el techo y caigo en medio de la sala. ¡Hombre tenías que ser!...¿Qué quieres decir? ¿Acaso eres un espíritu feminista? No, claro que no. Entonces deja ese comentario de lado. 
Perdón, Francesco, mi intención no fue ofenderte. Ahora volvamos a lo nuestro. 
Allá abajo todo es gris; ahí está la frontera donde empieza el Cielo bajo. 
Eso es lo que puedes observar desde tu nube, o lo que verías si estuvieras paseando desde un avión. Vamos a atravesar la nube. ¿Cómo? Francesco, te olvidaste de que tienes alas. 
Sé que las tengo, pero las usé siempre para desplazarme en pequeñas distancias. 
Si vuelas en pequeñas distancias, puedes volar en grandes, y si no te animas, la nube rosa va a volver a subir: ella no puede bajar más. 
Abre las alas y vuela; muéstrame el camino de la casa. 
Francesco logró volar como nunca, con sus alas desplegadas al viento. ¿Y qué tal lo hago? 
¡Muy bien, Francesco! ¡Esto es increíble] ¡Me encanta, me siento como una criatura! 
Deja de jugar con el aire. 
No te enojes, Rosario. Ahora entiendo por qué me dijeron que te tratara bien; eres demasiado susceptible. Te equívocas, quizá sea exigente. No tenemos demasiado tiempo. 
En este mismo momento está amaneciendo en el país donde vive tu familia; si perdemos el tiempo, no podremos encontrar durmiendo a tu hija y te perderás entrar en su sueño. Francesco entendió lo que le dijo Rosario, dejó de jugar con las nubes y se puso serio. 
Se entristeció al pensar que no había nada como estar vivo y poder abrazar a sus seres más queridos. Ahora él se había convertido en algo así como un fantasma. No pienses eso le dijo Rosario. 
Francesco sonrió, casi sin ganas. 
Pon tus alas con la punta hacia arriba, pues estas nubes son de nieve y no te va a agradar atravesarlas. 
Siguieron bajando muy delicadamente, hasta que Rosario preguntó:
¡Puedes decirme cuál es tu casa? Sí, desde aquí la puedo ver; es aquella de rejas verdes... ¡pero siempre fueron blancas.
Y ahora también hay perro. Seguramente a ti no te gustaban los perros. Nunca quise tener ningún animal en casa; tampoco permitía que cambiaran el color blanco de las rejas. 
No te sientas culpable. 
Me siento como un tonto; a veces uno es egoísta hasta en los detalles más insignificantes. 
Fíjate que uno se tiene que morir para que los otros puedan darse ciertos gustos. 
Mira que eres complicado, Francesco. 
Me gusta el perro, es un poco grande para mi gusto, aunque mi opinión en este momento no es demasiado importante. ¿Nos está mirando o es idea mía? Nos está viendo, nos escucha y nos siente. 
Algunos animales, por ejemplo los perros, son perceptivos y tienen un sexto sentido. 
Aunque te parezca mentira, pueden ver más que ustedes... ¿Por donde entraremos? 
Dime tú por dónde quieres entrar; a mí me da lo mismo. 
Entraremos por la puerta principal, la que mira al jardín. 
Antes de entrar, Francesco, espera a que te dé las instrucciones. ¿Instrucciones de qué?Olvidas que estás muerto; no puedes entrar abriendo la puerta con una mano, pues está cerrada con llave. ¿Y ahora qué debo hacer? Ahora viene la mejor parte: empieza a girar sobre ti mismo, y te vas a ir transformando en un rayo de luz. Como todo rayo podrás entrar en donde tú quieras. Podrás recorrer todos los lugares sin hacer ruido, y entrarás en el alma de quien tú hayas elegido. 
¿Qué haces ahí parada? ¿Tú no vienes? ¿Quieres que entre a tu casa? 
Sí claro, me encantaría; hasta podríamos tomar el té. Si tienen de manzanilla, lo aceptaré, ¡ja, ja, ja! Ahora apúrate, giremos en el sentido de las agujas del reloj, hasta que tú y yo nos transformemos en un haz de luz. 
A los dos les llevó sólo algunos segundos concentrarse para volverse rayos, y luego entraron por la ventana que estaba entreabierta. 
Empezaron recorriendo la casa, habitación por habitación. 
Su hijo no estaba: ¡Dónde se habrá quedado a dormir? -se preguntó Francesco. Rosario, leyéndole la mente, le dijo: 
Está en la casa de un amigo. ¿Por qué yo no puedo leer tu mente, como lo haces tú conmigo? Todos nosotros podemos hacerlo, tú también; pronto te lo enseñaré. Entonces, Francesco vio a su esposa durmiendo. 
En la mesita de luz había una foto de él y de ella, colocada junto a un ramo de margaritas amarillas. En la mesita de luz, al lado de la ventana, Francesco vio que había un papel; parecía importante pero Rosario no permitió que su amigo lo leyera. 
Acaricíala, si lo deseas -susurró Rosario. ¿Cómo? Acaricíala, tócala con tu rayo de luz. Con tu espíritu dale amor y serenidad, que le están haciendo Falta últimamente. 
Aparte de sufrir mi muerte, presiento que hay algo más que la está preocupando. ¿Podrías tú, que parece que todo lo sabes, contarme qué le está pasando? Después te contaré todo, ahora no es el momento. 
Apúrate, entra a la habitación de tu hija. 
¡Ahí está!... ¡Qué placer volver a verla! ¡Qué grande y qué linda está! ¡Puedo acariciarla?  Claro que sí. Hija, ¡te quiero mucho! 
Entra dentro de su sueño. 
Olvidas que nunca lo hice. ¿Cómo se hace? 
Es más fácil de lo que crees. 
Atraviesa suavemente el centro de su frente y te encontrarás entrando en su sueño. 
Busca su inconsciente y podrás estar en lo más profundo de su ser. 
Y después, ¿qué pasará? 
Le dices lo que sientes, pero cuidado, no tienes permitido contar tu experiencia de allá arriba. Si haces eso, puedo sacarte repentinamente del sueño y te enojarías conmigo. 
¿Por eso has decidido acompañarme? 
¡No seas mal pensado, que yo no me lo merezco! Simplemente, los cuido a los dos. Ahora entra de una vez; ya te dije que nos queda poco tiempo. 
Francesco hizo lo que Rosario le había indicado y ya estaba entrando muy suavemente en su hija. 
Florencia estaba soñando que caminaba por la calle, con los apuntes de la facultad en sus manos, mientras buscaba un lugar donde sentarse a tomar un café bien caliente. 
Tenía que hacer tiempo para repasar algunas materias. Ahí su padre hizo su aparición. 
¡Hola, hija, ¿cómo estás? ¡Papá! ¿Qué haces aquí? -exclamó sorprendida, mientras se preguntaba cómo podía estar sentada frente a su padre muerto. Vine a contarte que estoy muy bien y, sobre todo, feliz de estar donde estoy. Se te ve más joven, como con veinte años menos. "Esa es la ventaja de estar muerto, uno puede bajar a ver a sus seres queridos con la edad que elija", pensó Francesco, pero no se lo dijo a su hija. Dile a tu madre y a tu hermano que yo siempre estoy con ustedes y los ayudaré. Yo estoy orgulloso, porque mi jardín está floreciendo. 
Ahora cuéntame: ¿cómo estás, qué deseas para ti? Florencia pensaba para sus adentros cómo podía estar soñando algo real. 
Yo, papi, ¡estoy muy cansada! No tengo ganas de estudiar más. Me pregunto, día a día, cuál es mi verdadera misión en esta vida. 
Cambia de carrera si consideras que ésta no llena tus expectativas. ¿No sería un fracaso tener que volver a empezar? 
El verdadero fracaso es resistirte a los cambios por miedo o por dejarte estar. 
El tiempo lo pierdes si no haces lo que te gusta y, si no pruebas, nunca sabrás dónde está el verdadero camino hacia tu misión.
¿Y dónde está la misión de cada uno? ¿Cómo nos damos cuenta de que estamos en el camino correcto? Misión es pasión. 
Cuando sientas que lo que haces te llena el corazón y el alma, todo te estará indicando que estás en el camino correcto. 
¡Me alegra tanto volver a verte! ¿Por qué tardaste tanto en aparecer en mis sueños? Perdóname, no fue mi intención. 
No pude hacerlo antes y tampoco puedo contarte por qué. Ahora, dime una cosa: ¿tú llevaste el perro a casa? Sí, ¿cómo lo sabes? ¿Ya visitaste la casa? 
Sí, y el perro también me gustó. ¿Cómo se llama? Se llama Pancho. 
"Pancho, como mi ángel", pensó Francesco. Pancho quizá te pueda dar una señal de lo que puedes hacer con tu carrera. ¿Qué haré? 
Si sigues siendo tan desordenada, nunca podrás salir adelante. ¡Pero, papi, si yo vivo en la prolijidad y el orden! ¿Cómo puedes decirme eso? 
Los desórdenes de los que te hablo son de adentro. Alguien lo sacudió y lo hizo salir del sueño repentinamente. 
Florencia se había quedado dormida, pues el despertador no había tocado su alarma; su madre la estaba despertando sacudiéndola muy dulcemente. Francesco creyó que la responsable de la sacudida había sido Rosario. 
Llegarás tarde a la facultad sí no te apuras -acotó la madre de Florencia. 
Vamos, Francesco -dijo Rosario con voz entrecortada. Sí, vamos. Lo hiciste bien. 
Creo que sí. ¡Fue fácil, después de todo! Quisiera quedarme con ellas un poco más, déjame observarlas, ¡están tan lindas! Puedes quedarte sólo un momento. Estaré esperando en el jardín; mientras tanto, jugaré con Pancho. 
Pancho, deja de ladrar, despertarás a los vecinos. Mira si serás miedoso, creo que eres el único perro que le teme a los espíritus. 
Rosario, ya está; cuando quieras, nos vamos. Mira, Francesco, este perro, así como lo ves, inquieto, barullero y desobediente, va a poder darle afecto a cada uno de ellos y los va a acompañar para que su soledad no sea tan fuerte. ¿No te vas a poner celoso de Pancho? ¿Qué cosas dices, Rosario? No, no me voy a poner celoso. Vamos. 
Sí, vuélvete a relajar, armonízate, y sube despacio, porque subiendo, también cambia la percepción de lo que ves. 
Mira qué linda es tu colonia desde arriba. Después de todo, estar muerto tiene sus ventajas; puedes viajar sin gastar dinero.
Claro que sí; tampoco tienes que trabajar. Sabes, Francesco, cuando yo hice la primera visita a mi familia, fue muy fuerte lo que sentí. Había muerto de una enfermedad muy cruel. Tenía cuarenta años y dos hijos mellizos de diez años. Después de haber luchado mucho tiempo con mi enfermedad, morirme fue un placer, y hacer mi primer viaje para visitar a mi familia me llenaba de alegría. 
Pude entrar en uno de mis hijos. 
Pude sentir que aún seguía siendo su mamá; a pesar de todo, podía sentir que los acariciaba, que podía quererlos y cuidarlos. 
A través de varios sueños, les mandé algunos mensajes, y ellos y yo nos quedamos mucho más tranquilos. 
El soñarme hacía que tuvieran más fe, que se sintieran mejor y más cerca de mí. 
¿Pudiste entrar en todos? Sí, en todos. 
Ahora sube las alas, que atravesamos las nubes del bajo Cielo. 
Están frías; parece que el viaje de vuelta es más corto. El regreso siempre parece más corto; el viaje de la ida está siempre cargado de ansiedad, por eso parece más largo. 
Rosario, ¿qué papel tapaste con tu mano que no quisiste que mirara? 
Espera que lleguemos, después te contaré. Fueron subiendo más y más, fueron apareciendo los olores, los colores y los murmullos del primer Cielo. 
Se te ve contento, Francesco; tienes una luz muy bonita. 
Gracias por acompañarme, Rosario. 
No tienes que agradecerme nada. 
Te dejaré para que descanses y luego te contaré lo del papel que no dejé que vieras. 
Me quedaré toda la tarde en el jardín, quiero ver cómo están mis flores. 
EN EL HOGAR DE FRANCESCO 
En la casa de Francesco, el desayuno estaba servido en la mesa: té caliente, huevos, mantequilla. 
Florencia tenía un brillo especial en los ojos y los rasgos de la cara mucho más relajados; sus pómulos estaban rosados como por el sol. 
Algo le había pasado mientras dormía, que la había hecho levantarse tan bien. 
Elena, su madre, la llamó para que hiciera entrar a Pancho, que había ladrado sin parar durante toda la madrugada. 
Su hermano todavía no había llegado de la casa de su amigo, así que estaban las dos solas con el perro. 
Florencia rompió el silencio: ¡Mamá, soñé por primera vez con papá! Fue un sueño muy real, no me pareció un sueño como cualquier otro. Pareciera que él hubiera estado realmente conmigo. ¿Puedes creer que yo sentí que fue algo mas que un sueño? 
Claro que creo que lo sentiste a tu lado; yo no he tenido la suerte de soñar con él, aunque le he pedido muchas veces a Dios una señal que me indicara que lo tiene a su lado. 
Claro que creo que lo sentiste a tu lado. Después de que tu abuelo falleció, yo lo soñaba con frecuencia; es más, hasta contaba lo que iba a suceder en el futuro. Cuéntame cómo era el sueño. 
Estábamos los dos sentados en un café, aparentemente era un lugar cercano a mi facultad. 
Charlábamos mientras saboreábamos un rico café. Él parecía tener veinte años menos, llevaba puesta una camisa a cuadros azules y naranja, con cuello ancho de color blanco. 
Se le veía muy bien. Mamá ¿qué te pasa?, ¿te sientes mal? Sigue, por favor, después te cuento. Mamá, ¡estás pálida! Puede ser. 
No te preocupes, ya me siento un poco mejor. ¿Sigo? Sí, ya te lo había pedido antes; no te hagas la misteriosa. Me dijo que estaba muy bien, que nos teníamos que quedar tranquilas, que él siempre estaría cerca de nosotros. 
Me contó que había visto la casa y que Pancho le había parecido muy gracioso. ¡Es increíble lo que me estás contando! Sigue.
Dijo que yo tenía que ordenarme o algo así, como que estoy equivocada con la carrera que elegí, y que Pancho me daría la señal correcta de lo que debería seguir. 
¿Qué señal te puede dar un simple perro? 
No sé, mamá. ¡No tengo ni idea! Esto es muy extraño, también habló acerca de un jardín con rosas. ¿Querrá que le llevemos flores al cementerio? 
No sé; a mí se me ocurre que tendríamos que plantar algunas rosas y cuando florezcan se las ofrecemos a papá. Yo le voy a llevar flores al cementerio. 
Yo no. Papá está conmigo y no en ese lugar, pero si ir te deja más tranquila, entonces hazlo. Déjame que te cuente por qué me asombré cuando me estabas contando el sueño.
Esa camisa que tenía puesta tu padre, en ese encuentro que tuviste, se la había regalado yo en el primer aniversario de novios; a él le encantaba usarla. 
Tú nunca la conociste, porque se la regalé antes de que tú nacieras. 
Y no creo que la pudieras relacionar con alguna foto, porque no recuerdo ninguna con esa ropa. ¡Entonces, papá apareció realmente! No fue un sueño producto de mi inconsciente, ni porque lo extrañara. Sí, estoy segura de que es así. Realmente se ha comunicado contigo; ha bajado a darte todos esos mensajes.
Hija, ¡me gustaría tanto que él estuviera en este momento con nosotros! 
Seguro que no estaríamos en estas condiciones. Por eso es tan importante ser independíente, para que, si el bastón de la persona en la cual te apoyas te falta, puedas salir adelante caminando sola, y no como yo, que dejé que la vida transcurriera, mientras me apoyaba en todos ustedes. No solamente siento su ausencia, también me pregunto qué tengo que hacer para sacarlos del pozo en que estamos metidos. 
No he podido superar su muerte y vivo preguntándome por qué nos pasó esto a nosotros. Mamá, la muerte es parte de la vida; pregúntate: "¿por qué, si le pasa a tanta gente, no tendría que pasarnos a nosotros?" 
Si bien no entiendo cómo puede él ayudar desde arriba, no tengo dudas de que sabrá cómo hacerlo. Tu padre fue un buen hombre y, sí es cierto que las almas buenas van al Cielo y están al lado de Dios, entonces tenemos que pensar que él ya estará trazando un plan, para que nosotros estemos mejor. Bueno, mamita, no te preocupes y confía en mí; este sueño dio paz a mi mente y a mi espíritu. 
Entonces, ahora que estás en paz, te contaré lo que tanto me preocupa. Ayer llegaste tarde y no quise angustiarte, pero ahora es el momento de que sepas la verdad, lo que está sucediendo. 
¡No des más vueltas! ¡Me estás impacientando, mamá! 

Llegó un papel del banco; dice que si no pagamos lo que debemos nos rematarán la casa y todos nosotros iremos a parar a la calle. 
¿Eso era lo que te tenía tan preocupada? ¿Por qué me lo ocultaron? Yo ya no soy una niña que no se da cuenta de nada. ¿Y mi hermano lo sabe? Sí. 
No queríamos preocuparte; estabas en plenos exámenes y no ganábamos nada diciéndotelo antes. Aprende que hay un momento para cada cosa. ¿Y ahora qué vamos a hacer? Esperar, hija, no nos queda otra. Confiemos en ese bendito sueño, en esa ayuda que tu padre ha prometido. 
Si la ayuda es espiritual, ¿nos servirá? 
Todo nos servirá. Ya verás, todo saldrá bien. 
Te lo aseguro. Mami, abrázame fuerte, déjame sentarme encima de ti, como cuando era chiquita. 
No sé como, pero algo me dice que Dios y papá son amigos y que nos van a ayudar.
Yohana Garcia.
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