domingo, 3 de julio de 2016

Despertar La clave para volvernos más humanos (Julio Andres Pagano)

Introducción
Despertar es el camino de todo aquel que busque llegar al corazón, para emprender su propio vuelo. Somos espíritus, viviendo una experiencia humana, que juegan a olvidar su destino de grandeza. No hay mapas que garanticen cómo retornar al hogar, pero sí una brújula interna que está dispuesta a guiarnos, sabiamente, si nos volvemos sensibles a sus vibraciones sutiles. No fue el azar quien hizo que estas palabras llegaran a tus manos. Aunque tu mente no lo comprenda, sé que tu alma sonríe. Todo transcurre como fue planeado del otro lado de la línea del olvido. Estas páginas serán una fuente de inspiración para que te animes a plasmar, en el mundo de las formas, tus anhelos más profundos, de manera que entre todos ayudemos a co–crear una Tierra más armónica, humana y luminosa. Las respuestas a tus preguntas habitan en tu interior. Esas líneas de texto son una simple excusa para que te des el permiso interno de redireccionar tu mirada, y dejes de buscar fuera lo que siempre estuvo dentro. Todo camino es único e irrepetible, sin embargo hay varios aspectos que son comunes, independientemente del sendero que se elija. Es por eso que la historia que comenzarás a leer te ayudará a que reconozcas varias de las etapas por las cuales, posiblemente, estés atravesando en tu proceso de evolución. A lo largo de estas páginas irás reconociendo, entre otras cosas, cómo las sincronicidades, las señales, las corazonadas y la intuición van colaborando para que te abras a las experiencias que te permitirán acceder a nuevos niveles de comprensión, para poder ir más allá de los surcos de la mente y conectar con tu verdadera esencia. A través de “La Búsqueda” y “El Encuentro” te iré revelando cómo fueron los pasos que llevaron a mi propio despertar. Posiblemente tus dudas, miedos, inseguridades y preocupaciones se verán reflejadas en esta historia de vida, en donde también estarán presentes tus ganas de ser feliz, tu necesidad de sentirte pleno y de encontrar tu lugar en el mundo, para vibrar con pasión. Estos capítulos formaron parte de dos publicaciones electrónicas, que difundí en internet como una forma de ayudar a que otros se animen a intentar cumplir con aquello que internamente sienten que es su misión de vida. Más allá de lo que te revelaré en estos relatos, lo que verdaderamente cuenta es que comprendas cuán importante es que te dejes guiar por tu propio sentir, para que puedas volar con el corazón abierto. Este libro también contiene cuarenta y siete “Mensajes para el alma”, que intentarán ayudarte a que despliegues la luz de tus dones y talentos por donde quiera que vayas. Leelos con calma. Aunque pueda parecerte extraño, fueron escritos para vos. Constituyen una fuente, de vibraciones cristalinas, adonde podrás acudir cada vez que el cansancio y las dudas se presenten en tu sendero. No importa qué camino estés recorriendo, lo que marca la diferencia es que te vuelvas más consciente a medida que ayudás a que se expanda, por todo el universo, la vibración del amor. El cambio debe comenzar por uno mismo, sólo así transformaremos nuestro entorno, porque lo que vemos fuera no es más que una proyección de lo que nos sucede dentro. Abrí tus ojos internos, despertá. Esa es la clave para volvernos más humanos y seguir evolucionando.
Continuara.....

Despertar La clave para volvernos más humanos (Julio Andres Pagano)

LA BUSQUEDA
Capitulo- 1
En el mágico juego de la vida, la Tierra es una escuela.
Las enseñanzas son vivenciales y personalizadas.
Sé que vine a aprender. Vine a evolucionar. Estoy de paso. Y me iré como llegué, solo. Nadie sabe cuánto tiempo permanecerá.
Lo único seguro es que todos partiremos con rumbo desconocido. Esta situación a algunos los paraliza.
A otros, los desconcierta.
A mí, en cambio, me moviliza. Siento la necesidad imperiosa de saber quién soy, así como de conocer mi misión en este plano.
Mi vida se ha convertido en una búsqueda constante.
Si me preguntan a qué me dedico, respondo: soy un buscador.
Esa definición tal vez no esté bien vista por la maquinaria social, que instintivamente etiqueta, clasifica y busca seguridad y orden, para poder uniformar y nivelar hacia abajo… de manera que el espíritu no vuele y el corazón se asfixie. La apertura de conciencia en la era actual es lo más parecido a pretender sacar patente de loco. Todo parece conspirar para que el alma quede presa de un cuerpo inconsciente, atado a instintos primarios que no dejan lugar para planteos vitales.
Minuto a minuto, los medios de comunicación denuncian que el mundo se cae a pedazos. La naturaleza llora y se retuerce de dolor, pero el hombre permanece indiferente. Pareciera que gran parte de la humanidad no está dispuesta a cambiar.
No quiere que se la despierte, está dormida.
¿Qué hace un buscador en medio de tanto despilfarro de mediocridad e indiferencia? Busca sus propias respuestas para trascender la oscuridad. Las historias, a veces, ayudan a modo de inspiración. Esta quizá sea útil no tanto por lo extraordinario que revela, sino porque tocará muchos puntos con los que, posiblemente, se identificarán quienes estén atravesando por un proceso de búsqueda espiritual.
Abundan definiciones sobre lo que implica ser un buscador.
Desde mi óptica limitada, un buscador es aquel que, movido por la insatisfacción y la duda, comienza a peregrinar con el propósito de saber. No puedo teorizar sobre cómo las personas comienzan a tomar conciencia sobre la necesidad de despertar.
Sólo puedo contarte de qué manera comenzó mi búsqueda.
El relato puede que suene delirante, inverosímil o sacado de un sueño. Contiene aristas que, sólo en apariencia, no podrían tocarse: la aparición de la Virgen de San Nicolás, las civilizaciones intraterrenas, las canalizaciones, las vidas anteriores, las sincronicidades, la ingesta de plantas maestras, la búsqueda de una imagen religiosa robada y los hechos paranormales se entrelazarán a lo largo de esta sorprendente y cautivante historia. Los acontecimientos que narraré en estas páginas, darán fiel testimonio sobre algunos de los intrincados caminos a los que conduce la búsqueda espiritual.
Cada sendero contiene enseñanzas implícitas, que aceleran el proceso de transformación. Lo increíble y apasionante es que, aunque el viaje de a tramos se transite en compañía, la misma lección aporta aprendizajes diferentes para cada uno. Las vivencias se transforman en auténticas maestras multidimensionales, que ofrecen clases de vida hechas a medida.
Pretender despertar en Occidente no es tarea sencilla. El entorno pareciera dispuesto para que los cuestionamientos no florezcan y todo quede en la chatura de un consumismo despiadado, que multiplica y agiganta los deseos de acumular más y más cosas intrascendentes, que por su propio peso impiden elevar la vibración. A riesgo de perder credibilidad y para no comprometer a terceros, omitiré mencionar los apellidos de las personas que protagonizaron las historias. Sólo me referiré a ellos por sus nombres. Mi intención más pura es que este testimonio te sirva de inspiración, para que puedas romper tus propias ataduras y cumplas con lo que sientas que es tu misión de vida. No importa si lo lográs o no. Intentarlo es todo un desafío por demás movilizante.
Este libro está dirigido a los que buscan, que son los que podrán comprender su verdadero valor testimonial. Sé que la verdad se oculta a sí misma, es por eso no me preocupa que estas páginas caigan en manos inadecuadas. Después de todo, hace bien reírse un poco. Si bien todo fue real y sucedió en la Argentina, quiero hacerte una última recomendación: no te inquietes por lo que leas. Recordá que estamos en presencia del juego de la vida. Y que vos, en este caso, estás jugando a leer.
Ahora, dejá de lado los prejuicios. Abrí tu corazón y sumergite en esta búsqueda. Mi propia búsqueda. Aunque bien podría tratarse de la tuya. Relajate. Volvé a ser como un niño. Disfrutá del juego.
Así comienza la historia… Debo cambiar de opinión. Siempre pensé que los libros autorreferenciales sólo servían para acrecentar la importancia personal de quienes los escribían.
En este caso, no queda otra alternativa. Sería imposible hablar con fundamento sobre el camino de transformación que realizan los demás. Tocaría de oído. Serían palabras huecas, carentes de autenticidad. Sólo puedo intentar narrar mis propias vivencias.
No tengo muy en claro cómo iniciar el relato, tal vez lo mejor será describir a grandes rasgos partes de mi vida, para evidenciar cómo fueron sucediéndose los cambios.
Las páginas que testimonian el libro de mi vida narran que, desde que tuve uso de razón, estaba predestinado a dirigir los destinos de un diario local. Llevo el nombre de mi abuelo y de mi padre, como símbolo de una fuerte tradición familiar. Tuve una juventud sin grandes sobresaltos. Desde una perspectiva material, no supe lo que era pasar necesidades. Sin embargo, me sentía insatisfecho.
No podía comprender cuál era el sentido de la vida, ni para qué había nacido. No podía contentarme con que todo consistiera en estudiar, trabajar, divertirse, alimentarse, dormir y nuevamente a hacer lo mismo, generando dinero hasta que la muerte llegue.
Algo más tenía que haber. La existencia no podía limitarse sólo a eso. A los diecinueve años creí que mi vocación era convertirme en misionero. No quería saber nada con estudiar abogacía. Recuerdo muy vivamente la respuesta de mi viejo: “¿Qué te pasa, acaso sos puto?”. Era un cuestionamiento duro. No lo esperaba. Sobre todo porque pensé que la noticia le caería bien, dado que había nacido en el seno de una familia católica. Con el tiempo me di cuenta de que sus crudas palabras escondían la desesperación de quien intuye que su sueño, de una tercera generación de directores de diario llevando el mismo nombre y apellido no se haría realidad. Siempre los padres buscan lo mejor para sus hijos. Lo que a veces desconocen es que lo que entienden por mejor o más conveniente, a veces no se condice con lo que los hijos pretenden Así, bajo el manto del amor y las mejores intenciones, inconscientemente se asesinan los sueños e ilusiones de millones y millones de jóvenes. Un año más tarde, me casé con Claudia y tuvimos un hijo. Como no podía ser de otra manera, llevó el nombre de su abuelo y bisabuelo. Otro Julio se sumó a la dinastía. Sin embargo, tenía muy claro que no pretendería influenciarlo el día que decidiera qué hacer de su destino. Cada uno trae una misión que tiene que intentar cristalizar. Sentí que la vida me ponía a prueba nuevamente al cumplir los veintidós años. Ver la sirena encendida de una ambulancia en la puerta de la clínica, cuando regresaba de una cena con amigos, me dio la amarga impresión de que algo malo ocurría. Al llegar a mi casa, mi tío estaba esperándome para darme la noticia: “Vamos, tu papá tuvo un infarto”.
Entré a terapia intensiva. El monitor marcaba una línea recta, de color verde. Mi padre estaba sin vida. Sólo atiné a murmurarle al oído que descansara, que se vaya en paz, que cuidaría de la familia. Mis palabras estuvieron impulsadas por la lectura de algunos libros, entre los que se destacaban los de Víctor Sueiro, donde personas que estuvieron clínicamente muertas narraban que al salir de sus cuerpos vieron y escucharon lo que acontecía alrededor. No sé si lo que le dije le habrá servido de mucho.
A mí sí me sirvió, al menos pude despedirme. Saber que falleció bailando, en un casamiento, me dejó cierta tranquilidad. Pocos días más tarde, publiqué en el diario una nota titulada “Que no te pase como a mí”, en donde destaqué que quienes tengan la suerte de tener a sus padres con vida, no se privaran de decirle cuánto los aman. Queda un sabor agrio si la oportunidad se escapa y uno nunca se los dijo. Reconozco que fue un golpe duro. Mi padre ya no estaba y cargaba, sobre mis espaldas, con un mandato familiar que se volvía impracticable: asumí la subdirección del diario, intentando cumplir su sueño.
La práctica del periodismo me sirvió para tener una visión más amplia de la vida. Ser co–creador de la realidad ciudadana permite conocer intereses ocultos y un sinnúmero de cuestiones que están ligadas a las diferentes motivaciones que guían e impulsan a las personas. No me identificaba con lo que hacía. Ocupaba gran parte de mi tiempo en escribir notas de opinión, tratando de generar conciencia sobre la necesidad de despertar, y en leer libros sobre espiritualidad y autoconocimiento. No podía comprender cómo la mayoría de las personas era capaz de llevar una vida tan pobre, sin planteos existenciales, centrada básicamente en el dinero, el placer, el estatus y la búsqueda de poder. Todavía no era capaz de reconocer que cada uno tiene su propio ritmo de evolución y que, por lo tanto, no debía juzgar. Sobrellevar el mandato familiar resultaba cada vez más duro. Internamente sentía que aún no estaba cumpliendo con mi misión de vida.
Lo extraño era que todavía ni siquiera tenía en claro cuál era mi misión. Ni por dónde pasaba lo que tenía que hacer. Recuerdo que me planteé la hipótesis de que, tal vez, podría estar cumpliéndola, por más que no lo supiese. Basaba mi explicación en que el hecho de que querer conocerla no se trataba más que de una simple cuestión de ego. Pero esa línea argumental se desplomaba, a pedazos, cuando entraba en escena el corazón. Una voz interna me recordaba, de tanto en tanto, que no me engañara. No me identificaba con lo que hacía y tampoco sentía paz interior. A los veinticuatro años me separé. Empecé a vivir de manera alocada. Poco a poco, fui ahogando mi necesidad de cambio, a fuerza de aturdirme con agitadas salidas nocturnas. Presentía que no viviría más allá de los treinta. Cuatro seguros de vida daban cuenta de esa convicción, huérfana de fundamentos lógicos. Me sentía desconcertado. La vida se me escurría, como arena entre los dedos, sin que pudiera encontrarle sentido. Pasaba largas horas pensando, pero nunca daba con ninguna solución. Creía que sólo el razonamiento me permitiría encontrar la salida a la confusión. En el año 1999 viajé a España. Quería saber por qué esa lejana tierra me atraía tanto. Estuve un mes. Fui solo. Regresé sin lograr responder mi pregunta. Pensé que los demás no notarían mi deterioro interno. Sin embargo, una mañana mi madre me pidió que habláramos. Me dijo que veía cómo me estaba destruyendo y mágicamente abrió mi jaula: “Sólo quiero que seas feliz, es lo único que me importa. Renunciá al diario y comenzá una nueva vida”. Esa misma tarde me fui a estudiar a Buenos Aires. Siempre me gustó psicología, pero era tarde para inscribirme. Entré en la carrera de filosofía, en la Universidad del Salvador. Dejé a los pocos meses. Sólo me gustaba leer sobre temas filosóficos. No me imaginaba viviendo de esa profesión. Un aviso en una revista me llevó a estudiar marketing, en un establecimiento terciario. Tamaña fue mi sorpresa cuando comprobé que eran demasiadas las materias relacionadas con los números, cuando mi afinidad pasaba por las letras. Seguí de todos modos. Tenía veintiocho años y nunca había sido capaz de terminar lo que emprendía. Así que asumí el firme compromiso de finalizar la carrera. Desde chico me gustó leer. Tener más tiempo libre hizo que me convirtiera en un lector de tiempo completo. Necesitaba conocer. Me volví un indagador apasionado. A veces pasaba días sin salir a la calle.
Devoré cuanto libro se me cruzó sobre temas vinculados con el despertar de la conciencia, el sentido de la vida y la búsqueda del equilibrio interno. También me sentí atraído por los enfoques de Osho y Krishnamurti, las historias de los sufis, las enseñanzas de Jesús y de Buda; así como por lecturas relacionadas con civilizaciones antiguas y de otros planetas.
Escaso era el tiempo que dejaba disponible para temas sobre marketing. En la búsqueda por conocer, me volví muy mental. Demasiado racional. Acumulé tanta teoría que comencé una etapa de mayor desconcierto. Gran parte de las lecturas daba por tierra con mi modo de entender la realidad.
Eso me dejaba completamente a la deriva. Sin puntos sólidos en donde apoyarme. Sentirme confundido no era el estado en que más cómodo me sentía, pero tampoco me molestaba demasiado. Los libros fueron enseñándome a soltar lo que no me era funcional y aprendí a flexibilizar mis puntos de vista. De todos modos, el saldo era positivo. Sentía que el caos interno, que me aportaba la confusión, ampliaba mi estrecho universo y me permitía tener una visión más profunda y vivaz sobre la existencia.
Siempre me atrajo el poder de lo simple. Me maravillo cuando encuentro a quien tiene el don de traducir en un leguaje llano y entendible conceptos que otros expresan de manera difícil.
En ese sentido, existen libros reveladores como “El Principito”, “El Caballero de la Armadura Oxidada” o “Ami, el niño de las estrellas”, que han sido escritos por personas multiplicadoras de vibraciones puras. Para muchos quizá esos libros sean infantiles y, tal vez, no digan nada. Ahí está la verdad ocultándose a sí misma. A veces se disfraza de ingenuidad. Otras se coloca el traje de lo insólito y así anda, escapándose de quienes tienen un sólido corazón de piedra. A esa altura de mi vida seguía teniendo afinidad con el catolicismo, aunque no era de ir a misa. Creía, más bien, que llevar una vida basada en valores universales, tales como el respeto por el prójimo, el amor y la solidaridad, era suficiente para llegar a ser una buena persona. Después de todo, bien podría haber nacido en un hogar con otro tipo de creencias; por lo tanto, lo fundamental siempre sería que tratase de ser un hombre de bien. Si debiese subrayar la característica más saliente de mi personalidad hasta ese momento, diría que era por demás racional. Todo pasaba por mi mente. Conocía, pero no sabía. Cuando hablaba, simplemente repetía conceptos que había leído. Tampoco era demasiado consciente sobre el poder transformador de las vivencias.
Ni del abismo que existe entre el conocimiento teórico y el vivencial. Cuando cumplí los treinta años y no morí, comprendí que lo que intuía como muerte no estaba vinculado con mi cuerpo, sino que simbolizaba un cambio radical a la forma de vida anterior. Mal o bien, por primer vez intentaba recorrer mi propio camino. Dar mis propios pasos me ayudaba a crecer interiormente y me permitía sentir mayor seguridad. Pero todavía faltaba mucho por recorrer.
Julio Andres Pagano
Continuara.....

* CRECIMIENTO *Me trato siempre con un amor incondicional

*

Siente cómo tu corazón se abre.Haz de saber que dentro de él hay
lugar para ti.
Me trató siempre con un amor incondicional
Si tu niñez estuvo llena de miedos y conflictos, y ahora te
maltratas mentalmente, es que continúas tratando a tu niño
interior de manera muy semejante a como te trataron cuando
eras pequeño, y dentro de ti no le da a ese niño ningún lugar
adonde ir. Ámate ahora lo suficiente como para trascender las
limitaciones de tus padres. Ellos no conocían otra manera de
enseñarte. Ya llevas demasiado tiempo siendo un «niño bueno»,
haciendo exactamente lo que mamá y papá te enseñaron. Ya es
hora de que crezcas y tomes decisiones adultas, que te apoyen
y te nutran.
*
Pensamientos del corazón
Un tesoro
de sabiduria interior
Louise L. Hay

* MERECIMIENTO * LOUISE HAY

No matter what happens in my outside world, I always remember that I am in control of how I react to and perceive it ~ Art ~ Melissa Harris ~ shared from Just Channeling on FB:
Algunas de las cosas que creemos jamás fueron verdad Eransolamente los miedos de otra persona. Date la oportunidad de examinar tus pensamientos, y cambia los que sean negativos Tú te lo mereces.

Me merezco el bien en mi vida

A veces cuando nuestros mensajes interiores nos dicen que no nos está permitido ser felices, o cuando en nuestra vidacreamos cosas buenas, pero sin cambiar nuestros mensajes
negativos hacemos algo para desbaratar nuestra felicidad.
Cuando no nos creemos merecedores del bien, socavamosnuestros propios cimientos. Nos hacemos daño o tenemos
problemas físicos, como una caída o un accidente. Es necesario que empecemos a pensar que nos merecemos todo lo bueno
que tiene la vida para ofrecernos.

Cuando somos muy pequeños, aprendemos nuestros sistemas de creencias. Y después andamos por la vida creándonos experiencias que armonicen con lo que creemos.

Me merezco la alegría

Muchos de vosotros creéis que os merecéis vivir en unaatmósfera en la que reine la siguiente creencia: «No valgo losuficiente». Empezad a hacer afirmaciones, decid que estáis
dispuestos a ir allá de donde llegaron vuestros padres ‘ ‘atrascender las limitaciones de vuestra infancia. Miraos en elespejo y decid:
«Me merezco todo lo bueno, me merezco la
prosperidad, me merezco la alegría, me merezco el amor».
Abrid ampliamente los brazos y decid: «Estoy abierto y receptivo, soy maravilloso, me merezco todo lo bueno y lo acepto».
Pensamientos del corazón
Un tesoro
de sabiduría interior
Louise L. Hay

* NIÑO INTERIOR * Pensamientos del corazón Un tesoro de sabiduría interior.


A medida que descubras los antiguos mensajes negativos que hay dentro de ti, sé dulce, bondadoso y consolador con tu niño
interior.Piensa: «Todos los cambios que llevó a cabo son cómodos, fáciles y divertidos».
Abrazando el miedo:
Me amo totalmente en el ahora

El amor es el borrador más grande que hay, borra incluso las
impresiones más profundas, porque el amor cala más hondo
que nada. Si las impresiones de tu niñez fueron muy fuertes, y
tú sigues diciendo que la culpa era de «ellos» y que no puedes
cambiar, te quedarás atascado. Trabaja mucho con el espejo,
ámate en el espejo, de la cabeza a los pies, vestido y desnudo.
Mírate a los ojos y ámate, y ama al niño que llevas dentro.
Cada uno de nosotros está siempre
trabajando con el niño de tres años que todos llevamos dentro.
Lamentablemente, nos pasamos la mayor parte del tiempo
gritándole, y después nos preguntamos por qué será que nuestra
vida no funciona.

Con amor abrazo a mi niño interior

Cuida a tu niño interior. Es él quien está asustado. Es él quien
sufre. Es él quien no sabe qué hacer. Ocúpate de tu niño.
Abrázalo y ámalo y haz todo lo que puedas por satisfacer sus

necesidades. No olvides hacerle saber que, suceda lo que
suceda, tú estarás siempre a su lado. Nunca le volverás la
espalda ni te escaparás de él. Siempre amarás a ese niño.
LOUISE HAY

CÓMO AMARSE A UNO MISMO. Meditación de LOUSE HAY

CÓMO AMARSE A UNO MISMO es una meditación de Louise Hay en la voz de Alhama Marcos. 
Un mensaje a tu inconsciente que despierta el amor a ti mismo, atrayendo lo mejor a tu vida, AQUÍ Y AHORA.
Gracias por escuchar y compartir.
alhamamarcos@hotmail.es




Confía en tu sabiduría interior

En el centro profundo de nuestro ser hay un manantial infinito de amor, de alegría, de paz y de sabiduría. Eso es cierto para todos y cada uno de nosotros. Sin embargo, ¿con cuánta frecuencia conectamos con esos tesoros interiores? ¿Una vez al día? ¿De vez en cuando? ¿O simplemente ignoramos que los tenemos?
Cierra los ojos un momento y conecta con esa parte de ti. Sólo tardas una respiración en llegar a tu centro. Ve a esa infinita fuente de amor de tu interior. Siente ese amor; permítele crecer y expandirse. Ve a esa infinita fuente de alegría de tu interior.Siente esa alegría; permítele crecer y expandirse. Ahora ve a esa infinita fuente de paz de tu interior. Siente esa paz; permítele crecer y expandirse. Ahora ve a esa infinita fuente de sabiduría de tu interior, esa parte de ti que está totalmente conectada con toda la sabiduría del Universo (pasado, presente y futuro). Confía en esa sabiduría; permítele crecer y expandirse. Cuando hagas otra respiración y vuelvas al sitio en que estás conserva el conocimiento, conserva el sentimiento. Muchas veces al día hoy, y muchas, muchas veces al día mañana y todos los días de tu vida, acuérdate de los tesoros que están siempre dentro de ti, a sólo una respiración de distancia.
Estos tesoros forman parte de tu conexión espiritual y son fundamentales para tu bienestar. Cuerpo, mente y espíritu : es necesario que estemos equilibrados en estos tres planos. Un cuerpo sano, una mente feliz y una fuerte y buena conexión espiritual son indispensables para lograr un equilibrio y una armonía globales . Uno de los mayores beneficios de una fuerte conexión espiritual es que podemos tener una vida maravillosa, creativa y gratificante. Y automáticamente nos liberamos de las muchas cargas que la mayoría de las personas llevamos a cuestas. Ya no necesitamos tener miedo ni vivir con vergüenza o culpa.
Cuando sentimos nuestra unión con toda la Vida, abandonamos la ira, el odio, los prejuicios y la necesidad de criticar. Cuando formarnos una unidad con el poder sanador del Universo, ya no necesitamos la enfermedad. Además, yo creo que somos capaces de invertir el proceso del envejecimiento. Las cargas que nos envejecen debilitan nuestro espíritu.
(Louise L. Hay de su Libro Vivir).