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viernes, 17 de junio de 2016
Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra
CAPITULO-5
Ángeles
Estoy siempre contigo, te miro, te contemplo, te cuido y te acaricio. Pídeme lo que quieras con el corazón abierto y yo, simplemente, te complaceré.
TU ÄNGEL.
Fue transcurriendo el día, como tantos otros, pero nadie había ido en busca de Francesco. Entonces se empezó a impacientar; al ver que el tiempo pasaba y se quedaba solo, decidió salir de la habitación de cristal para ir en busca de su amigo Ariel. Pero no lo encontró y tampoco encontró a sus otros maestros; pensó que podía estar pasando algo especial y se dio cuenta de que volvía a apegarse a los afectos, del mismo modo como lo hacía mientras vivía.
Solamente de lejos se escuchaban risas suaves y muy alegres, a la vez; un delicado perfume a miel y almendras inundaba el lugar, las luces del cielo. Francesco se fue acercando hacia el lugar de donde provenían los sonidos, hasta que quedó sorprendido al ver que estaba ante un gran coro de ángeles.
Algunos vestían de blanco y otros de rosa; todos tenían una luz muy especial, formaban una ronda, sus alas eran grises, como de escamas, pero aparentaban una textura muy suave. Sus ojos eran más grandes que los de los humanos, casi todos de color claro; sus cabellos eran claros y rubios. Sonreían y cantaban: sus voces sonaban a tintineos de campanitas, como notas musicales flotando en el aire.
En ese instante, Francesco se preguntó si existían ángeles rubios solamente y por qué no había ángeles negros. Se avergonzó de pensar que quien los creó pudiera tener preferencias. Mientras Francesco pensaba todo esto, en ráfagas de segundos, se iba acercando al coro, en busca de alguna respuesta. Estaba intrigado por saber por qué hoy era un día tan tranquilo, dónde estaban sus maestros, dónde estaba su nuevo amigo, Ariel. El solo hecho de pensar que podía no volver a verlos nunca más, lo entristecía.
Los ángeles tenían la apariencia y la frescura de los adolescentes, aunque no se podía definir su sexo o edad. Uno de esos Ángeles se le acercó y le dijo, en voz muy baja: Francesco, nos hemos vuelto a encontrar después de haberte acompañado allá, abajo, durante toda tu vida. Me merecía este descanso, ¿no te parece?
No sé bien de qué me hablas. Supongo que me quieres decir que tú has sido mi ángel durante toda mi vida. Tú lo has dicho. ¡Tu voz me suena tan conocida! Te parece familiar porque la has escuchado millones de veces; creo que tú la interpretaste como si fuera una voz interior.
Lo que a los ángeles nos interesa es que ustedes, los humanos, nos escuchen.
Por supuesto que nos gustaría tener una relación más fluida y más amplia con las personas que nos designan para guiar y cuidar, pero entendemos que allá se vive tan vertiginosamente que apenas se pueden escuchar entre ustedes.
Y, a veces, ni siquiera escuchan a su propia familia, así que pecaríamos de soberbios si pretendiéramos que se tomen tiempo para oírnos. Bueno, después de todo, no nos podemos quejar de nuestro trabajo y, de hecho, lo hacemos con gusto. ¿Así que fuiste mi ángel? ¿Y cómo fue estar conmigo durante tanto tiempo? ¿Te di trabajo? ¿Te aburriste? ¿Si me diste trabajo? ¡Sí! Si no fuera porque te había tomado cariño, le habría pedido al jefe un cambio. Francesco se puso muy serio, casi ofendido, y le respondió: ¿Qué dices? No robé, no maté, no estafé, nunca dañé a nadie, por lo menos conscientemente. ¡En qué te pude haber dado trabajo? —Por supuesto que has sido buena persona: tuviste buenos sentimientos, fuiste respetuoso, honesto y generoso. Fueron tus actitudes las que me dieron trabajo.
¿Qué actitudes? Las que te frenaron para vivir como me hubiera gustado que lo hicieras; ser bueno con los demás es genial, pero también era importante que lo fueras contigo mismo. ¿Recuerdas cuando tuviste la fábrica de juguetes, y tu socio te dejó en la calle? Hubiese querido que lucharas, lo enfrentaras, y no que te quedaras con la furia y la impotencia dentro de ti. ¿Y para qué estuviste a mi lado, si no pudiste ayudarme en ese momento, si no pudiste hablarme como ahora, ni tampoco pudiste hacer un milagro para mí? ¿Quién te dijo que yo no hago milagros, que no me aparezco y que no hablo? Vaya, vaya, qué escéptico eres, Francesco.
Tú no me has visto porque ni siquiera te ocupaste de averiguar que tenías un ángel; hay muchas personas que nos ven, que nos hablan y hasta juegan con nosotros.
Recuerdo que, cuando era niño, mi madre nos hacía rezar la oración del ángel de la guarda, esa oración que transmites a tus propios hijos cuando son chiquitos. Esa misma oración que va perdiendo vigencia cuando uno se va haciendo grande. Te pido perdón de corazón por no haberte tomado mucho en cuenta. Lamento no haberte hecho feliz; quizás ahora podamos ser buenos amigos.
Francesco, aunque te parezca mentira, siempre fuimos buenos amigos y no me cabe duda de que lo seguiremos siendo. Tampoco es que no me hayas hecho feliz, yo siempre fui feliz.
No te olvides de que soy un ángel, y nada me hace sentir mejor que serlo. Después tendrás otra forma de aprender a comunicarte conmigo. ¿Y no puedes explicármela ahora, así empiezo a ponerla en práctica?
No, ahora no la necesitas porque me tienes a tu lado; más adelante te daré las lecciones para que estés cerca de mí. Tú sabes mi nombre y yo no sé el tuyo. ¿Cómo te llamas?
Mi nombre es el que tú me elijas. Ya que no lo hiciste antes, aprovecha y búscame uno ahora mismo.
Bien, te pondré Pancho. ¿Te gusta?
Suena a nombre de perro, ¿no te parece?
Si no te gusta, puedo cambiarlo.
No, déjalo así, suena gracioso y además ¡os perros me encantan. Largaron una carcajada y Francesco estaba tan conmovido que le brotaron lágrimas de sus ojos. Pasado un rato, Francesco preguntó si todos los maestros estaban en misa.
No, claro que no están en misa.
Digamos que están en una reunión de fe y amor; es un día muy especial para nosotros, nos llenamos de luz y plenitud.
El sólo hecho de estar todos en comunión, con el mismo objetivo de amor y de fe en acción, nos llena el alma. El ser supremo nos enseña su amor y nosotros se lo enseñamos a ustedes, pero quédate tranquilo; mañana volverás a encontrarlos. ¿Y tú por qué no estás allí? Porque alguien tiene que tranquilizar a los espíritus asustados, que temen perder a sus maestros guía.
Pancho, querido, seguro que ser ángel debe ser más fácil que ser persona, ¿verdad?
Nunca fui humano, pero me hubiese gustado serlo; a lo mejor, alguna vez podríamos hacer el cambio.
Mm... no sé, por las dudas dame tiempo para pensarlo. Me alegra mucho saber que estás conmigo. Yo también me alegro.
Se saludaron, y Francesco se fue a jugar con sus nubes preferidas. A esta altura ya nada asombraba a Francesco: sentirse bien todos los días, no sufrir, no enojarse... Había vuelto a ser alguien con mucho humor. No había tiempo que lo apurara, ni apremiantes problemas; solamente alguna que otra vez pensaba en su familia y la extrañaba. Recorría mentalmente su vida y sentía que en algunos tramos realmente la había desperdiciado.
Pensó: "Si pudiese haber visto de otra forma las cosas que me fueron sucediendo, me habría sentido feliz. Pero no vale la pena lamentarse; de hecho ya es tarde". Francesco siguió pensando mientras volvía flotando en la nube. Le había gustado conocer a su ángel; era un ser simpático y muy cálido. No dejaba de preguntarse cómo podría él haber sabido que cada uno tenía su ángel. Se decía con cierta lástima: "después de todo, yo hice lo que creí que era lo mejor para mi vida".
Yohana Garcia.
Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra- (Capitulos 3º y 4º)
CAPITULO-4
El parque de los recuerdos
Francesco caminó dando saltos; su cuerpo se hacía ¡liviano y su luz brillaba con más intensidad.
Parecía que su cuerpo etéreo ya estaba por aprender a volar, sin necesidad de que ninguna nube lo sostuviera.
Pensó qué tonto había sido al haberse atado tanto a la vida en los últimos meses de su enfermedad, apegándose al dolor, al sufrimiento.
Si hubiese sabido que esto era tan especial y tan fascinante, no hubiera dudado un segundo en abandonar la vida.
"Quizás pueda ayudar a las personas que están sufriendo en la cama de un hospital, bajar y mandarles algunas señales para que sepan que acá arriba se está mejor y que no vale la pena seguir prolongando una agonía", se decía. Mientras flotaba por los pasillos del Cielo, se cruzó con Ariel y le pidió que lo llevara al Parque de los Recuerdos.
Ariel, con un gesto de amabilidad y una gran sonrisa, le indicó el camino gustosamente.
Ariel le preguntó:
¿Estás dispuesto a encontrarte con tu pasado? Francesco se rió, diciendo: El mío sí que es un pasado "pisado" (olvidado).
Claro que sí, estoy dispuesto a verlo, aunque te diría que nunca me sentí tan vivo como en este lugar.
El Parque de los Recuerdos era un bosque de árboles de cristal, con todo el verde en su esplendor y con todo el perfume de los veranos a la hora de la siesta.
Estaba habitado por pájaros como los de cualquier parque de la Tierra, pero mucho menos temerosos y más libres.
Ariel se paró al lado de uno de los árboles de cristal y, con un chasquido de sus dedos, en la copa del árbol se formó una imagen, como la de una película.
Cuando Francesco pudo ver con nitidez, se asombró al verse con sus seis años de vida, en su primer día de clase, impecablemente vestido. Iba camino a la escuela en el auto de su abuelo, un viejo cascarrabias con un corazón de oro.
Él era el encargado de cuidarme, porque mis padres nunca estaban, siempre, demasiado ocupados con sus tareas como para ocuparse de mí. ¿Qué sentiste ese día? No recuerdo nada. Respecto a tus padres, ¿qué es lo que recuerdas? Nada, no recuerdo nada.
Te mostraré otra escena.
Ese día que me muestras lo recuerdo con tristeza; fue el día en que falleció mi abuelo.
Yo tenía diez años y lo extrañé por muchísimo tiempo.
Tu abuelo estuvo acompañándote en todos los tramos de tu vida, hasta que le llegó el momento de partir del Cielo, de volver a buscar un destino en la Tierra.
Te mostraré otra escena. Ah... ésa es más reciente; estoy en mi trabajo, discutiendo con mi esposa. Ella está enojada porque no me ocupo de ella y de mis chicos, y yo le explico que trabajo para el bienestar de todos, que no son capaces de reconocer mis esfuerzos, ni de valorar el amor, la seguridad y la protección.
¿Y el tiempo? El tiempo no me sobraba y me arrepiento de no habérmelo tomado; si volviera a nacer, todo lo haría con más calma.
Francesco, ¿qué sentiste durante tu vida por tus padres?
Sentí que los quería, porque me habían dado la vida, pero estaban muy lejos de ser los progenitores ideales.
Ellos apenas pudieron con sus propias vidas, menos aún con la mía. Cuando fueron ancianos, yo tuve que mantenerlos, cuidarlos, protegerlos, y lo hice consciente de que era mi obligación. Hice más por ellos de lo que ellos hicieron por mí.
¿Tú sabes que los padres se eligen antes de nacer? Ah... entonces otra vez me equivoqué, nunca pasó por mi mente semejante cosa. ¿Cómo pude haber elegido semejante desafío? En su momento sabrías lo que estabas haciendo.
Dios te da un espíritu para que crezca, para que se lleve una experiencia de vida enriquecedora; cuando eliges a tus padres antes de nacer, es por algún motivo en especial; quizás te gusten los desafíos, quizás no se equivocaron ellos tanto como tú creíste.
Tal vez tu función fue mostrarles sus errores y enseñarles lo que es vivir como un hijo. También piensa que los pudiste haber elegido para cuidarlos cuando fueran mayores; quizás otro espíritu reencarnado no hubiese podido hacerlo tan bien, y con tanto amor, como lo has hecho tú. Quizás tu destino haya sido que los aceptaras tal como eran, y el solo hecho de que te hubieran dado poco, o menos de lo que te merecías, forjó en ti una personalidad más fuerte, más independiente, y ellos te han dejado crecer con mucha más libertad de la que tienen los hijos que son ahogados por haber recibido tanto amor.
Lo más difícil para los padres es mantener el equilibrio; no hay nada más que la vida para enseñarles donde están sus aciertos y sus errores.
Ningún padre se levanta por la mañana trazando un plan para hacerle daño a un hijo; si así fuera estaríamos frente a una mente enferma. Ellos se equivocan, pero siempre pensando que, en el momento en que actúan, están haciendo lo mejor de lo mejor; la actitud siempre es positiva, aunque su comportamiento termine siendo negativo.
El amor de un padre hacia un hijo es incondicional; hubiese sido bueno para ti no haber vivido con rencores hacía ellos.
Piénsalo bien; por algo, antes de nacer, los elegiste.
Francesco se quedó, por unos segundos, mirando fijo la imagen de su niñez, y reflexionó: Cuando menos quise parecerme a mis padres, más terminé pareciéndome a ellos. Yo tampoco había sido un buen padre pero, es cierto, mi intención para mis hijos siempre había sido positiva.
La imagen fue desapareciendo y, casi sin darnos cuenta, el viento nos levantó llevándonos hasta una gran nube.
Ya arriba de ella sentí un gran alivio adentro de mi alma y pude ver cómo mis compañeros del primer Cielo paseaban comunicándose entre sí, contándose sus experiencias vividas allí abajo. Después del paseo, entre a mi habitación; me estaba acostumbrando a ella. Era muy cómoda y olía a paz; sin embargo, siempre hay algún "pero" en mí, yo seguía extrañando las costumbres y las comodidades terrenales, las comidas, sus olores y sus sabores.
Aquí, en el Cielo, nuestras almas se alimentaban de amor y de buenas acciones, pero yo echaba de menos mis reuniones con amigos y hasta los programas de la tele; pero, por sobre todas las cosas, extrañaba a mi familia. ¡Me gustaría tanto saber cómo están! No quisiera verlos sufrir por mí; eso me desesperaría, aunque creo que ya hacía mucho tiempo que ellos me veían sufrir, y supongo que la idea de mi muerte les debió haber pasado muchas veces por la cabeza, y entonces habrán pedido que dejara de sufrir.
Francesco se quedó dormido y tuvo un sueño algo confuso; esperaría la primera oportunidad para contárselo a Ariel.
Yohana Garcia.
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CAPITULO-3
Los sueños realizados.
Tu espíritu sabe cómo realizar tus sueños. Aprende a estar atento a las señales y causalidades.
Todo te está indicando que estás en camino de realizar tus sueños anhelados.
Durante el tiempo libre, Francesco jugaba flotando en las nubes rosadas del atardecer, que eran sus preferidas.
(Él decía que olían a jazmines.)
De vez en cuando se cruzaba con otros espíritus que estaban en su misma situación, con quienes se saludaba, feliz de compartir la libertad y el placer de estar en el Cielo.
Esto de hablar con sus maestros le estaba empezando a parecer interesante.
Hoy conocería a un nuevo guía.
Ariel le dijo que este nuevo maestro se llamaba Agustín; le contó que era un ser que hablaba sobre los sueños y enseñaba a hacerlos realidad. Le habían asignado esa misión porque era una de las personas que pudo recibir las señales que Dios le mandaba mientras vivía, y le habían quedado sueños sin cumplir.
Su buen humor y su buena onda, según contó Ariel, lo habían ayudado a tener las antenas de la percepción más alerta, para recibir esas señales.
Francesco no recordaba haber recibido ninguna señal. Se preguntaba si había nacido con la sintonía de su perilla rota o había perdido su antena, en algún momento de su vida. Agustín, el hacedor de sueños, lo recibió cordialmente y lo invitó a dar un paseo por las nubes rosadas.
Pasearon, se llenaron de energía.
Un largo silencio los invadió.
Agustín decidió empezar a preguntar. Francesco, ¿cuántos sueños cumpliste mientras vivías? Otro gran silencio inundó el lugar. Cuando conocí a la que luego sería mi esposa supe que había encontrado un bálsamo en mi vida. Sentí que era feliz casándome con ella. ¡Eso fue ver un sueño realizado!
Los nacimientos de mis hijos fueron otros.
Tener mi primer auto, cambiar de trabajo, cambiar de casa... los viví como etapas de mi vida o planes que fui cumpliendo, pero no los percibí como sueños realizados; quizás no tuve la capacidad de disfrutarlos como yo lo hubiera merecido.
¡Tú no has tomado conciencia de que podías construir tu propio mundo! Para mí, todo era esfuerzo, trabajo, lucha, uno que otro momento compartido con mis amigos, alguna que otra satisfacción y nada más.
No pensé en construir mi mundo; ¡eso era sólo parte de libros de autoayuda en los cuales nunca creí!
Cuéntame: ¿qué sueños te quedaron sin hacer realidad? Muchos.
Los últimos años me había hecho al hábito de no hacerme ilusiones, ¡no quería terminar viéndolas derrumbadas! Entonces, cuando aparecía un sueño en mi vida, yo mismo decía: "Francesco, esto es una locura".
¿Cuántos años de tu vida pasaste sin permitirte soñar? Creo que fueron los últimos diez.
Me veía demasiado viejo para hacerlos realidad. Siempre aparecía alguna excusa para dejarlos sin efecto, y así se me fueron pasando los días, los meses y los años, y también los deseos.
Y después de esos años vividos casi sin ilusiones, ¿qué pasó?
Pues... me enfermé. En el mismo momento en que supe que tenía, empecé a sentir que se me venía el mundo encima. Pedía y rogaba que cada estudio médico a los que me sometían saliera bien. Deseaba que me dieran el alta, pero nada de eso sucedía; todo lo contrario, más enfermedad y más muerte.
Y yo soñé con curarme, y te juro que lo pedí con toda el alma, y ése fue el último deseo sin cumplir.
Vamos por partes, Francesco, ¡después te explicarán lo de tu enfermedad y tu muerte!
Te enseñaré a cumplir tus sueños... ¿De qué te ríes? De mí mismo.
Llego tarde a todo: ¡tener que morirme para aprender a soñar! Pero no importa; como buen curioso, prometo escucharte con mucha atención.
Cuando una persona transcurre su vida sin sueños, sin objetivos claros, va como un barco a la deriva. Ese barco se pierde y aparece en un mar desconocido, navega sin rumbo fijo y ahí empiezan las sorpresas.
No se sabe en qué tipo de mar se está, dónde está la costa, cuánto tiempo se puede estar sin provisiones. Empiezan entonces a aparecer los miedos, la desesperación y, lo que es peor, el barco sigue perdido.
Cuando se piensa qué rumbo tomar, el barco vuelve a encauzarse en su destino. Entonces, lo primero que tiene que hacer cada persona es preguntarse cuál es el objetivo que quiere que se convierta en sueño concretado.
Como ser único que eres, Dios te ha creado con todas las armas necesarias para realizar los sueños. Puedes cumplir un deseo tras otro, pero para eso hay que tener ciertas condiciones. ¿Serán las que yo no tuve? ¿Cuáles son esas condiciones?
Algunas personas están llenas de miedos, frustraciones, obsesiones, resentimientos, dudas, culpas.
Cuando existen estos sentimientos en el corazón y en la mente de una persona, es muy difícil que pueda cumplir sus sueños. ¿Sabes por qué?
No, dime, por favor.
Tú cuando pides algo, se lo pides a tu dios, se lo pides a tu suerte, a tu destino, al cosmos, al universo, a un ser querido muerto.
Siempre el hombre busca ayuda de alguien más poderoso que él, sea creyente o ateo.
Sí estás cargado de todos estos sentimientos negativos que te acabo de nombrar, lo que pides no llega, porque vibras mal; la energía positiva se alimenta de pensamientos positivos, de risas, de amor, de generosidad, de buenas acciones y de solidaridad.
Esa energía te da una frecuencia más alta para poder ser escuchado por todos los seres de luz que estamos aquí arriba; incluso el universo está puesto a tu disposición y nunca jugará en contra tuya.
En un momento te escuché decir que creías no haber recibido ninguna señal de nosotros porque tenías tu antena rota.
Entonces, las señales fueron enviadas, pero tú no las recibiste. Vamos a imaginar que tú eres una radio y que, a causa de esos sentimientos negativos de los que te hablé no puedes sintonizar bien tu ideal. Entonces, las señales no llegan hacia donde las quieres mandar. Piensa que la vida es como un eco; si no te ha gustado lo que estuviste recibiendo, entonces tendrías que pensar qué fue lo que estuviste transmitiendo. Aquí los maestros decimos que, cuando una persona desea algo con toda el alma, todo el cosmos trabaja a favor, siempre y cuando tenga todos sus deseos alineados con una finalidad en su vida.
¡Si supieras que todo es perfecto!
Las piezas de la naturaleza están puestas de manera que nada pueda fallar.
Todos estamos dispuestos a ayudar desde aquí arriba, pero muy pocas personas lo saben. ¿Quieres saber mi opinión?
Dime, querido alumno.
Los sueños puestos en palabras suenan muy bonitos; esta linda historia se parece a los cuentos de hadas, pero vivir no es fácil.
Cuando tienes un sueño y empiezas a trabajar para lograrlo, muchas veces aparece, cuando menos te lo esperas, algo que estropea todo.
A veces te hace desistir y te quedas con la sensación de fracaso, y te queda tan pegada que ya no te animas a insistir.
Con el tiempo, ese amor que vivía dentro de ese sueño se transformó en una cucharada amarga, que ni quieres recordar.
Es lógico que te suceda eso, y que tantas trabas te terminen acobardando; entonces, para no sufrir, no te llenas de ilusiones, pero igual terminas sufriendo.
Es preferible vivir con planes y proyectos, aunque nadie los comparta contigo, que vivir vacío por dentro, y esto te terminó enfermando.
Agustín, tú has vivido allá ahajo como yo, y sabes que es difícil.
Claro que sí; podemos cambiar la palabra y decir que es una tarea trabajosa.
Modifica las palabras, si quieres.
No es fácil limpiarme de sentimientos negativos, de miedos y de fracasos, si nadie me enseñó que eran perjudiciales.
Mis padres me educaron enseñándome a callar. Si algo no me gustaba no era cuestión de faltarle al respeto a otra persona... a poner la otra mejilla, y a veces el actuar de ese modo te llena de resentimiento y de culpas.
Mis padres fueron tan exigentes que terminé siendo exigente conmigo mismo y, al ser tan tirano, nunca alcancé la perfección.
Me permitía cada vez menos errores; pero, aun así, la perfección nunca parecía.
Me enseñaron a ser generoso y yo aprendí muy bien la lección, porque fui tan bueno, que demasiadas personas me defraudaron inmerecidamente.
Entonces, me empecé a ver como un inútil.
Esto que me pasó a mí le pasa a mucha gente allá abajo. Así que yo te pregunto: ¿cómo no estar lleno de sentimientos negativos? Quien no los tenga debería estar canonizado.
Todas las personas entran con las mismas preguntas, y cada una obtiene las respuestas en el momento indicado. Ahora te voy a pedir que me dejes continuar con el tema de la realización de los sueños, que es mi especialidad.
Perdón, Agustín, no creo que me puedas convertir en un alumno fácil.
No te preocupes, que tu maestro tampoco lo fue; uno se acerca a los seres que se nos parecen. Te daré una receta para realizar un sueño: Un gran objetivo, un poco de planes y proyectos, todos puestos en orden, desde el más grande hasta el más chico.
Una cucharada de deseo.
Empezar a cocinarlo con amor y paciencia.
El juego de la acción lo va a ir preparando lentamente y el tiempo de cocción va a ser el justo y necesario, para que, una vez finalizado, se lo pueda saborear con todo placer.
Si encuentras un sueño y lo realizas, no dejes de tener otros sueños. Trabaja sin preocupaciones, para que todo se realice.
Despreocúpate y simplemente manten la calma, porque, cuando menos lo pienses, aparecerá. ¿Sabes? Te escuché con atención.
Nunca me di cuenta de que había realizado mis sueños. La capacidad de disfrutarlos debe ser tan importante como la capacidad para realizarlos.
Disfrutar es la más importante de las capacidades que tiene una persona.
¿Sabes cuál es el enemigo más grande que tiene el ser humano y que no permite disfrutar de la vida? El miedo.
Ese miedo que tú nombras es el que me paralizó. Muchas veces sentía que me ataba de pies y manos, que era más fuerte que yo.
Me convirtió en un cobarde, me hizo sentir solo, inútil, me hizo perder trabajos y afectos, me limitó hasta donde pudo y creo que me mató más que mi propia enfermedad.
Cuando me enteré de que estaba enfermo, el miedo se convirtió en mi propio enemigo; venía disfrazado de dolor, de sufrimiento, de muerte. Si los dolores eran fuertes, mis miedos los agudizaban; creo que dejé de tener miedo cuando entré a este lugar.
Hubo momentos en que el miedo te sirvió para ser prevenido, lo pudiste utilizar como una herramienta para cuidarte.
Bueno, Francesco, por hoy abandonaremos la charla. Si quieres hablar sobre los miedos, mañana te mandaré a Ezequiel, un viejo encantador, que es el encargado de tratar ese tema.
Ahora pídele a Ariel que te lleve al Parque de los Recuerdos; ya verás que te va a encantar.
Yohana Garcia.
http://lasalmaseternas.blogspot.com.es/
DIÁLOGOS CON EL MAESTRO
Hijo mío, hablar de Dios es limitarlo de su propia manifestación omnipotente y omnipresente. Dios "es" y se siente con plenitud a través de la realización. A mayor realización, mayor comprensión, y aún así, es inalcanzable e infinito. Es como la fuente de la que constantemente brota el agua que da de beber al sediento. Tú sólo bebes lo que tu organismo es capaz de contener, pero la fuente sigue manando y parte de Dios se te escapa por tu limitación. Así que, hijo mío ¿cómo puedo yo hablarte de Dios?
Maestro, ya lo estás haciendo con tu ejemplo.
Para hablar de El es necesario "desnudarse", no de ropa sino de prejuicios de concepciones, de tabúes y de credos de los que el hombre está repleto y le someten a una pesada carga que difícilmente puede llevar sobre sus espaldas. Es necesario activar el pensamiento y la razón del sentimiento hacia la síntesis. Solo cuando seamos capaces de "ser" en la síntesis, podremos vislumbrar una idea más completa de la Divinidad.
No te entiendo Maestro.
¿Qué es la síntesis?, ¿qué me quieres decir con esto?
Vuestra estructura mental y vuestra educación ha separado las disciplinas, y no solo las ha separado, sino que las ha hecho antagónicas, por ello habláis de Religión y Política, y cada una tiene sus propios valores dispares; de meditación y acción, y cada una tiene su disciplina; de ciencia y arte; del bien y el mal; de la justicia y la injusticia ...Lo más lamentable de esta anarquía de principios se refleja en las religiones por sí mismas ya que cada una de ellas pretende ser la viva expresión de Dios y terminan por enfrentarse unas con otras llamándose infieles, herejes y organizando Inquisiciones y Guerras Santas.
Puede costaros mucho comprender que Dios es a la vez Religión y Política, meditación y acción; ciencia y arte; bien y mal; justicia e injusticia; lágrima y sonrisa. No hay nada, nada en la existencia por insignificante que parezca que no sea Dios o exprese a Dios en su voluntad de ser y estar perfecto en su propia creación. Ni el movimiento de una brizna de polvo pasa desapercibido para la Suprema Inteligencia y queda incorporado con dicha función de síntesis en su ente creadora al igual que en ese mismo instante asimila una guerra mundial o la explosión de una supernova en un lejano confín del cosmos. ¿Puedes imaginarte que para Dios sea un hecho único la alteración de una partícula de tierra en el campo y la explosión de una galaxia?...Si así es para El ¿cómo nosotros los pobres humanos hacemos tantas separaciones y derivaciones de una misma cosa?
Si aprendemos a ver y escuchar en el modelo natural, veremos a un Dios sintético que es a la vez una única cosa y todas dispares y paradójicas. Así es Dios, hijo mío.
¡Ahora comprendo!
No, hijo, no comprendes aún, aunque te esfuerces. Estás prisionero de las formas, por eso me has dicho que perteneces a un grupo espiritual que practica tales o cuales técnicas, pero al decirme esto, me estás mostrando la voluntad de caminar solo en el camino plural de Dios. Si te marginas, sí te clasificas y te colocas etiquetas o ritos estás alejándote de la síntesis, por ello el Gran Maestro dijo: "Solo un mandamiento os doy”, y no dio más, pues sabia que si no nos encarrillaba en un solo principio volveríamos como así ha sido, a crear ídolos y estructuras doctrinales.
Pero Maestro, ¡nuestro grupo es positivo y diferente de las religiones que en estos momentos hay en la Tierra!
¿Seguro?
¡Si, si, seguro!
Analiza bien y mira cómo se comportan los fieles de cualquier doctrina en sus templos y cómo lo hacéis vosotros. Solo habréis "llegado" cuando hayáis sublimado vuestro propio templo y destruido las barreras a las que os habéis sometido voluntariamente pues sin querer estáis combatiendo una estructura antigua seudo religiosa formando otra con innovaciones externas pero idéntica en lo fundamental. Antes os sentíais ridículos o contrarios a cantar en las iglesias, y ahora cantáis en la naturaleza otros "mantras". Habéis cambiado la entonación y el entorno pero no la esencia de lo que repetitivamente estáis haciendo desde el principio de la Historia.
Vienen unos innovadores y destruyen el templo viejo para construir otro más reluciente, pero en definitiva, nace para ser posteriormente destruido por los siguientes que han de venir. ¿No está dicho "No quedará piedra sobre piedra de los templos del mundo?"
Maestro, nuestro grupo no tiene templos.
Querido hijo, el templo es el cuerpo individual que no requiere de ritos, modos ni disciplinas mentales o espirituales; solo de amor, pero amor con mayúsculas; de vivencia espontánea y positiva; de caricias y de risas; de lucidez y salud; de reposo y de actividad. Ser en definitiva "templo" de un Cristo al que no le gusta ser encadenado a ritologías pues estar en la creación y sintonizar con ella es arar el campo ahora, para luego descansar y volar con el pájaro que te sobrepasa escuchando el canto de la cigarra en tus oídos, y al instante mirar a tu compañera y decirle interiormente: "¡cuánto te amo!", y a la vez ser consciente de que en la tierra de al lado el otro hortelano menos fuerte debe ser ayudado, y a la vez saber que por encima sobrevuela otro planeta, otra galaxia y otro universo, pero a la vez...¡Dios mío, qué tremenda belleza encierra el ser y el vivir libre, libre de verdad! Por eso el santo camina entre el lodo y no se mancha, ve las lágrimas, se lava con ellas pero no llora; da de comer al hambriento pero él está lleno; no sabe leer ni escribir pero es sabio entre los doctos; entierra a los muertos pero es inmortal.¡Dios mío, Dios mío, qué fácil y qué difícil es a la vez!...¡Dios mío, Dios mío, cuán lejos estás y a la vez qué cerca!
Y el alumno y el Maestro comenzaron a llorar sin decir una sola palabra, sintiendo el eterno diálogo del sentimiento. Ya no eran necesarios los vocablos para explicar a Dios, Dios eran los dos pero libres, libres al fin de las formas y de los ritos estúpidos. Eran Dios en el incontenible llanto y en el latido de su corazón.
Lice Moreno Navajo
Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra
CAPITULO-2
Ser feliz
Para el espíritu, la felicidad es siempre, porque la felicidad es paz.
Para una persona, forma parte de una palabra mágica y efímera.
Los rayos del sol fueron dándole luz y calidez a su habitación de cristal. Se dibujaron imágenes en las paredes, hasta que Francesco se despertó después de haber dormido plácidamente. Escuchó que golpeaban a su puerta y se levantó a abrirla. Del otro lado estaba Ariel, sonriendo como siempre.
Ariel lo invitó a que lo acompañara. Caminaron los dos en silencio, mientras los rayos del sol los iluminaban y el aire los envolvía en una suave brisa.
Desde lejos se podía ver a José, su futuro maestro, sentado en un sillón destellante de colores metálicos.
A medida que se aproximaban, José se hacía más luminoso; parecía que sólo su presencia iluminaba su contorno. ¡Qué tal, Francesco!
¡Se te ve muy bien! Te pedí que vinieras con la respuesta que tú hayas elegido; sea la que fuere, nosotros te entenderemos y te guiaremos siempre. Mi respuesta es que voy aceptar tu propuesta, aunque sigo pensando que es tarde. ¡Después de muerto, aprender a vivir...! Hasta me suena a un cuento de humor negro. Entonces, ¿por qué lo vas a aceptar?
Por curioso, porque no quiero andar dando vueltas, sin un rumbo y una dirección.
¿Por qué gritas? ¿Estás enojado? Sí. ¿Por qué? Porque no bajaste y me enseñaste antes, cuando estaba vivo. Cuando me equivocaba, no me diste señales.
Ustedes tienen mucho más poder que nosotros, los que andamos por la vida tratando de encontrar un camino. Mi vida fue, en cada etapa, luchas y crisis, alegrías y tristezas; pero muchas veces, cuando todo me había servido de experiencia, esa etapa estuvo superada, y mi vivencia quedó guardada en un cajón. Francesco, yo entiendo todo lo que tú me dices. Te di muchas señales, y te las han dado todos los maestros del primer Cielo, hasta nuestro querido gran maestro... ¡Lamentablemente no las pudiste captar! ¡Si supieras cuántas te dimos y no las recibiste! Te las podría nombrar una a una. Ya llegará el momento en que te las mostremos.
Si hubieras podido aceptarlas, verlas o sentirlas, podrías haber cambiado la historia de tu vida. Ahora te preguntas: ¿por qué aprender después de muerto? Yo te diré por qué. Preguntas por qué ahora, escucha bien.
Tu dios te da un espíritu para que puedas crecer, estando reencarnado en materia o no. También ten presente que el maestro aparece cuando el alumno está preparado para recibirlo. Tú has sido una muy buena persona. Ahora te pregunto: ¿has sido feliz todo el tiempo? No sé, creo que tuve momentos felices, pero no fui plenamente feliz.
Me preocupé demasiado por los demás, quizás porque quise mucho a las personas que compartieron los tramos de mi vida.
Algunas personas me defraudaron en el camino, unas desaparecieron y otras quedaron cerca de mí.
¡Por qué culpas a los demás de no haber sido feliz? No los culpo, solamente pienso que he vivido demasiado pendiente de ellos. Después de todo, ¿cuántos espíritus llegan aquí confesando que fueron felices mientras vivían? ¿Todos? ¿Algunos? ¡No creo que sean muchos! Maestro, si estoy aquí, quisiera encontrar las respuestas que tanto nos hacemos allá ahajo, esas respuestas que no encontramos, que ni siquiera tienen la religión, ni los médicos, ni los filósofos, ni los políticos. Entonces, maestro, dime: ¿por qué hay tantas injusticias?, ¿por qué, ¿por qué pagan los buenos por los malos?, ¿por qué es tan difícil vivir en armonía?
Francesco, vamos a ir por partes.
Iremos recorriendó todos los senderos que conduzcan a cada respuesta, a cada inquietud que tú tengas. ¡Si tú supieras cómo se ve la vida en la Tierra desde aquí arriba...! Si supieras que cada persona transcurre su vida peleando, llorando, esperando y desesperando, y que todo ese tiempo es sólo un instante... Preguntaste si se podía ser feliz todo el tiempo mientras se viva.
Te diré que sí se puede, pero no es tarea fácil. Tendrías que tener en cuenta que la palabra "felicidad" es muy amplia y que para cada persona tiene diferente significado.
Para los campesinos que pasan por un periodo de sequía, su felicidad puede ser la lluvia.
Para los alfareros, puede ser ver salir el sol, para que se sequen sus cacharros. ¡Para una mujer enamorada de un hombre casado, puede ser su felicidad que él abandone a su esposa! ¿Ves? La felicidad es diferente para cada persona y parece que estuviera siempre atada al deseo de algo. Si lo tienes, entonces eres feliz, pero esa felicidad dura los días o momentos que la puedas disfrutar. Siempre que la felicidad tenga que ver con un deseo externo, va a surgir otro deseo más que te hará falta para seguir siendo feliz. ¡Y así transcurre la vida, corriendo detrás de ilusiones, sueños, objetivos...! Busca la felicidad dentro de ti para que sea eterna.
¡Si buscas afuera, la tendrás por poco tiempo! ¿Quieres decir que no es bueno tener ilusiones ni sueños? No estoy de acuerdo, porque sin sueños la vida no tiene sentido.
No, ¡los sueños y las ilusiones son tan necesarios como el aire que respiras; la diferencia está en que, para disfrutar de un sueño, tienes que estar nutrido por dentro. Esto significa que lo que quieras mucho, que te sientas bien mientras planeas realizarlo, cuando vas camino a él.
Y que puedas aceptar los fracasos como algo natural dentro del juego de la vida. Tienes que saber que tu actitud ante lo que te pase depende del punto de vista con que mires la vida.
Hubo una chispa del ser supremo dentro de tu alma que te convirtió en un ser único e irrepetible, con un poder interior muy grande para resolver cada problema que se cruzó en tu camino. Tuviste el poder de ser feliz y de hacer felices a los seres del alma que elegiste para compartir tu vida. Después de escucharte, pienso que fui un imbécil, que no me di cuenta de nada y, si las personas somos así como tú dices, ¿por qué nos cuesta tanto darnos cuenta? Parece fácil de entender en lo teórico, pero en la práctica las cosas cuestan mucho más.
A veces, nos pasan cosas que no dependen de nosotros; otras, nos encontramos con las manos atadas o alguien se encarga de ponernos obstáculos en el camino.
Las personas te atan, te frustran, te invaden, siempre y cuando tú lo permitas. No has sido ni imbécil, ni tonto, ni nada que se le parezca. Viviste de acuerdo con tu crianza, con lo que te enseñaron tus padres, con las creencias que te inculcaron y con tus valores.
Hiciste todo considerando que era lo mejor y lo más acertado para salir adelante. Seguramente hubo situaciones que no esperabas, que no pudiste resolver o que resolviste de manera equivocada o no te juzgaste y eso está bien. Cuando estaba vivo, no me consideraba una persona con buena estrella; siempre me comparaba con mis amigos y las personas que yo conocía, y tenía la sensación de que a mí me costaba todo más.
Nunca fui envidioso; al contrario, me alegraba mucho cuando alguien progresaba. Lamentablemente, parecía que la buena suerte no me acompañaba.
Todas las personas nacen con las mismas posibilidades de hacer realidad sus sueños, de conocer el amor: todas sin excepción.
Todas están en la misma línea de salida; la diferencia es que cada una responde de manera diferente a la carrera de obstáculos que tiene que sortear en la vida Piensa cuántos años transcurriste sin tener en claro cuál era el objetivo de tu vida.
¡Cuánto tiempo miraste la botella medio vacía y qué pocas veces la viste medio llena! Las personas desperdician gran parte de su vida, porque se preguntan qué será lo que vendrá más adelante, en el mañana, ese mañana que cuando llega es presente. ¿Cuántas veces tuviste un problema que no te dejó dormir, que te tenía sumamente preocupado y lo solucionó el tiempo en su transcurso? ¿Cuántas veces sufriste por no obtener lo deseado?
Y después te diste cuenta de que, si hubieses forzado esa situación, todo hubiera empeorado. A veces, lo que deseas no es siempre lo que te conviene. Si vas tras un objetivo y recibes señales de coincidencia o causalidades, todo te estará mostrando que estás en el tiempo y el camino indicados. Si vas detrás de un deseo y no aparecen coincidencias, busca la forma de estar más atento para recibir las señales que se te mandan desde acá arriba; a lo mejor aparecen mejores opciones.
"Deja que el ser supremo te guíe. Deja que él te dé señales. No fuerces nada.
El universo fue hecho para ti.
Está puesto a tu servicio.
El ser supremo es sabio."
Yohana Garcia
Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra
CAPITULO-1
El regreso
Cuando el espíritu se desprende de la materia, va en busca de su propia liberación.
Tu espíritu es como una lámpara que irradia luz; cuando está en contacto con el cuerpo, lo único que lo opaca es la mente.
Después de haber realizado un largo viaje, Francesco se encontró en un lugar desconocido.
Entonces se empezó a preguntar: "¿Dónde estoy? Huelo un aroma muy dulce parecido al de las rosas, y también el aire está impregnado de... no sé. Creo que es canela o miel. Siento una brisa casi imperceptible que me hace sentir liviano. Totalmente liviano, sin peso, sin cuerpo." Es como si estuviera rodeado por suaves copos de algodones, mullidos, de color pastel. Todo el fondo de lo que veo es rosa y celeste, pero tiene algo especial que nunca antes había visto. El cielo, en algunos lugares, desprende destellos dorados. Escucho música... ¡es suave como un murmullo! Parece música celta, semejante al canto gregoriano de voces armoniosas. Una temperatura agradable me rodea y puedo sentir una sensación de plenitud como hacía años no sentía. ¿Dónde estoy, dónde está mi gente, mi familia o algún conocido? Veo personas que pasan a mi lado, todas de blanco; sus ropas parecen de lino transparente. Esos colores tan particulares, ¿qué serán? Y toda esta gente que pasa y me mira... todos me sonríen; algunos llevan en sus manos libros, y otros llevan cosas raras que no son fáciles de reconocer. En todos estos minutos que llevo en este lugar me han aparecido ciertos pensamientos raros... Tal vez esté soñando. Posiblemente sí. ¡Cuando me despierte ya no los recordaré! Los sueños siempre se me olvidan al despertarme. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué estoy
esperando? Tal vez pueda preguntarle a alguna de estas personas tan particulares. ¿Cuánto tiempo hace que estoy? Bueno, después de todo no sé de qué me quejo. Éste es un lugar que no me desagrada. ¡Al contrario, yo diría que es mágico! —¡Francesco! —¿Quién me llama? ¿Quién sabe mi nombre en este lugar? —Discúlpame, yo no estoy autorizado a darte esa información: pero no te preocupes, pronto lo sabrás. Mi nombre es Ariel y soy el encargado de conducir a todas las personas recién llegadas a este lugar. Ven, te voy a mostrar tu... bueno, creo que ustedes le dicen | habitación o algo así. —Mire, usted me parece muy atento, pero también lo noto un poco misterioso. Hasta ahora tenía la idea de que todo esto era un sueño, pero ya me están entrando algunas dudas. Esto no es un sueño; tengo la sensación de que todo me está sucediendo de verdad. —A ver, Francesco, haz memoria. —¿Memoria de qué? —De lo que te estaba sucediendo antes de que entraras acá. —A ver, déjame pensar... recuerdo que yo estaba internado en una sala de cuidados intensivos; creo que ya había perdido la noción del tiempo. Me desesperaba sentir que todas las horas eran iguales, no diferenciaba la noche del día. Recuerdo que los médicos controlaban cada aparato que tenía conectado a mi cuerpo, pero ya se habían olvidado de mirarme o simplemente de tocarme. Yo me sentía cada vez más derrotado. Fantaseaba con irme cuanto antes a casa; empezar a disfrutar de cada instante de estar sano. Dentro de mí, muy adentro de mi corazón, ¡había prometido no hacerme más problemas por lo que pudiera sucederme en el futuro! Claro que llevaría todo un aprendizaje, yo me había acostumbrado a enojarme por tonterías. Pero, otros días deseaba curarme y salir a viajar, conocer lugares mágicos o históricos. Me preguntaba por qué no había querido hacerlo mientras estaba sano; siempre criticaba a los que gastaban el dinero en ese tipo de placeres. ¡Qué tontería!, ¿cómo podía haber sido tan cerrado? Pero, para todo eso que yo pensaba hacer, ya era tarde. ¡Sólo un milagro podía salvarme la vida! También tenía días negros, sin fe, sin esperanza. Había días muy duros, en que veía los ojos de lástima y de tristeza de las personas que me visitaban, y veía las lágrimas retenidas de mis hijos, que venían con una sonrisa dibujada, como si un lápiz les hubiera trazado el contorno de la boca. Sentía la angustia de mi esposa, a quien cada día veía más chiquita, como si esa angustia la estuviera consumiendo día a día... Y entonces, cuando me quedaba solo, le pedía a Dios que me llevara con él. Aunque yo no era demasiado creyente, siempre me pareció que eso de que los niños buenos van al Cielo y los malos al infierno era un cuento de niños. Otras veces, cuando estaba a punto de quedarme dormido, creía entrar en esos túneles en cuyo final hay una luz que te ilumina junto a un ser querido muerto, como cuentan esas personas que estuvieron clínicamente muertas unos segundos o minutos. Eso es todo lo que recuerdo, así de simple... y de difí- cil; así fue transcurriendo la muerte de mi vida. —¿Y tú, Francesco, no te diste cuenta de nada? —¿De qué habla? —Hablo de cómo llegaste a este lugar. —Este lugar es muy especial y usted, Ariel, también lo es. Séame sincero y, por favor, deje de hacerse el misterioso. Dígame: ¿estoy muerto?... ¿estoy muerto? Francesco, tranquilízate. Ya te expliqué que no tengo permitido contar todo lo que te está sucediendo. Ten paciencia y todo se te va a aclarar a su debido tiempo. Decidí callarme la boca; este hombre parecía muy convencido de lo que estaba diciendo. Por más que yo insistiera, sabía que él no cambiaría de idea. Me hizo señas de que lo siguiera... Decidí hacerlo: caminaba con unos pasos más atrás, guardando cierta distancia respetuosa hacia este personaje que acababa de conocer. De vez en cuando se daba vuelta para mirarme; lo hacía con cierta dulzura, como queriendo darme seguridad. El camino se aclaraba cada vez más; las luces eran muy especiales, los olores se atenuaban a medida que caminábamos, y la música se escuchaba más suave aún. Entramos en una especie de pasillo cuyas paredes eran de cristal con destellos dorados. Por las paredes pasaban rayos de colores, como si un gran sol iluminara un arco iris después de una gran tormenta. La habitación a la que llegamos era redonda, también de cristal, y los muebles eran tan raros como el resto del lugar. ¡Lo gracioso era que, con sólo pensar que uno quería sentarse, ese mueble se transformaba en un sillón! En un rincón, sobre una pequeña mesa, lucía un gran ramo de flores de colores brillantes e intensos, que despedía un perfume tan dulce como suave. Al lado, las acompañaba un pequeño cáliz dorado. En el aire, algunas mariposas revoloteaban entre nosotros, y un arpa, con unas pocas cuerdas, descansaba sobre una de las paredes, adornando la extraña habitación. —Bueno, Francesco, hemos llegado a tu nuevo hogar. Sé que no estás cansado aunque hayas tenido un viaje largo. Todos los que entramos aquí, por primera vez, nos sentimos renovados de energía y dentro de uno empieza a renacer una paz interior muy particular, que nos hace sentir muy bien, quizás mejor que nunca.
Puede que te encuentres un poco confundido, pero no te preocupes, que sentirse así también es normal. Bueno, no hablo más porque te estoy atosigando con tanta charla. Te dejo para que descanses y te pongas cómodo. Más tarde te vendré a buscar. Hasta luego. —¡Ariel, espere, espere! Pero Ariel no esperó, cerró la puerta y Francesco se quedó en silencio: un profundo y grandioso silencio. Se recostó en un sillón y se puso a pensar... Muy en el fondo de su alma sabía que estaba muerto. Pero su estado ya no era lo que le preocupaba: de hecho, se sentía muy, pero muy bien. Lo que le preocupaba eran todos los problemas que no había podido resolver mientras vivía. No hacía más que pensar en su familia. ¿Qué iba a ser de ellos? Su enfermedad los había dejado prácticamente en la calle. Se preguntaba cómo podrían vivir ellos sin él, porque creía ser indispensable para los demás. ¿Qué sería de ellos y qué sería de él? Nunca más los volvería a ver... ¡Cuántos sueños truncados! ¡Cuántas ilusiones inconclusas habían quedado en medio del camino! AL DÍA SIGUIENTE... Una suave brisa envolvía el cuerpo de Francesco. Como si lo acariciara muy tiernamente; un suave y dulce perfume se acercaba a él. Francesco se despertó y se quedó quieto un buen rato. Se sentía mucho más tranquilo, más relajado. Decidió que era el momento de empezar a aceptar lo que le estaba pasando y lo que le tendría que pasar más adelante, del mismo modo que había aceptado su enfermedad. De pronto, se escucharon golpes en la puerta de cristal y Francesco se levantó bastante sobresaltado y ansioso.
Abrió la puerta, y ahí, parado muy tímidamente, estaba Ariel, sonriendo como de costumbre, con esa paz que lo caracterizaba, extendiendo su mano derecha en forma de saludo. —¡Vamos, Francesco! —Sí, vamos. Se supone que, si te pregunto a dónde, no me responderás, ¿verdad? —Supongo que hoy te sientes mejor; tu energía tiene más luz. —Sí, me siento maravillosamente bien. Hacía mucho tiempo que no me sentía así. Ariel fue llevando a Francesco por inmensos jardines, todos repletos de ñores: las más lindas y coloridas que habían visto sus ojos. De repente se encontraron con una luz muy intensa. En ese momento, como de la nada apareció un hombre muy alto, de cabello ondulado y claro, y una larga barba canosa. Le llamaron la atención sus manos flacas y largas; una túnica blanca cubría su cuerpo, y una sonrisa muy cálida encendía su rostro. Esa sonrisa logró tranquilizarlo, así como su tono de voz, suave y dulce. —Hola, Francesco, yo soy José, uno de los maestros guía de los espíritus que ingresan al primer Cielo. Mi misión va a ser, de ahora en adelante, enseñarte todas las mañanas algunas lecciones de vida, las que tendrías que haber aprendido en la Tierra, mientras tenías un cuerpo y una vida. —Ya veo, ¡Tú llegas un poquito tarde! José, si yo estoy muerto!... Si esto es el Cielo, se supone que tú podrás ser mi guía o un santo, o lo que fuere. Pero me pregunto: ¿Para qué me quieres enseñar lo que yo tendría que haber hecho en su momento mientras vivía? Si ya es tarde... No tiene sentido nada de esto. ¡Por qué no apareciste cuando cometí cada error en mi vida? Porque después de todo lo que pasé, después de todo lo que sufrí, no le encuentro sentido a todo esto; ¡explí- came qué sentido tiene aprender una lección después de muerto! Entiendo. No creas que porque yo sea un maestro no puedo comprenderte. Todos reaccionan del mismo modo. Hasta yo hice lo mismo cuando ingresé, pero éstas son las leyes que tenemos aquí. Vas a tener un camino para recorrer y, al final del camino sabrás por qué lo hacemos, y créeme que vas a agradecer haberlo realizado. Sí deseas, tienes también otra opción; aquí no se obliga a nadie a hacer lo que no quiere. —Dime, ¿cuál es la otra opción? A lo mejor es más interesante, quizá... volver a mi casa con mi familia. —No, ésa no; ya es tarde. Te explicaré. Te puedes quedar sin enseñanzas, sin entrenamiento interior, puedes deambular libremente por todo el Cíelo. No tendrás ninguna obligación de escuchar a ningún maestro, ni tiempo que cumplir. Tú elige, pero escucha muy bien mi consejo; sí eliges estar libre, te perderás el final y sería realmente una pena. Si quieres, piénsalo y después vuelve a conversar conmigo. Tú sigues siendo libre tal como lo eras mientras vivías, sigues teniendo el libre albedrío que Dios te dio cuando creó tu alma. Francesco, piensa y después hablamos con más tranquilidad. Algunos se deciden más rápidamente y otros necesitan más tiempo. —No, no tengo nada que pensar; siempre me consideré una persona con una gran curiosidad. Si tomo el camino de aprender, va a ser pura y exclusivamente para mantenerme ocupado. Si tomara el camino de la libertad de ambulante, me deprimiría. Sentiría que el tiempo no pasa nunca. ¡No puedo estar sin hacer nada! José esbozó un gesto gracioso y con una mirada cómplice le guiñó un ojo a Ariel. —Francesco, si deseas vuelve a pensarlo, nadie te estará apurando. Sé muy bien que falta tiempo para asumir tu transmutación o tu muerte. Es lo mismo que le pasa a tu familia. Te puedo asegurar que, a medida que vayan pasando los días, no vas a querer irte de aquí.
Dime: ¿qué es lo que tengo que hacer?, ¿qué es lo que tengo que contar?, ¿a quién tendré que escuchar y de qué tendré que arrepentirme? —Vamos a hacer algo que te va a gustar: hoy tómate el día libre, estoy seguro de que hoy mismo Ariel te va a enseñar a subir a las nubes. Vas a poder pasear por el cíelo; disfrutarás de una experiencia totalmente placentera. ¡Si tienes suerte, podrás encontrarte con algún ser querido que no ves desde hace mucho tiempo! Todavía no estás preparado para ver a tu familia desde las nubes; quizás más adelante lo puedas hacer. Mañana, apenas los rayos del sol formen dibujos en tu habitación, irán a buscarte y entonces nosotros dos vamos a tener una larga charla. Ahora te dejo tranquilo. Hasta mañana, Francesco. Otra vez volvía a estar solo en su nuevo estado espiritual, después de haber pasado un día inolvidable, un día muy especial. Había aprendido a pasear en las nubes, y como experiencia le había encantado. Disfrutó flotando, jugó con el viento, hizo dibujos en el aire, con sólo pensarlo. Se sintió pleno y libre, terriblemente libre. Pudo disfrutar de una nueva sensación, aunque se sintió culpable de estar tan feliz. Y sin darse cuenta, se quedó dormido.
Yohana Garcia.
Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra
PROLOGO
Si hubiera tenido que escribir este prólogo tan sólo habiendo leído el texto de Yohana García, ante la bella sorpresa de encontrar temas del alma expresados con profunda compasión, además de la fluidez y el encanto con que son narrados, éste no hubiera variado; yo me habría perdido lo que ahora sí puedo decir que tengo: la dicha inmensa de conocer a esta mujer sabia y noble, y de considerarme su amigo. Entre los muchos seres luminosos que hemos descubierto en este último trayecto vital, gracias a la existencia de "Un mundo mejor", Yohana ocupa un sitio altísimo, ganado a fuerza del amor incondicional y de la generosidad con que, siempre y en todo lugar, nos dio lo mejor de sí misma. Y eso fue ciertamente mucho, todo el tiempo. Yohana habla y embellece cualquier tema sobre el que se le pregunte, sin descartar obviamente la gravedad de muchas de esas inquietudes. Tiene el don de hacer fácil la comunicación entre las personas y de darle a cada una lo que parece estar esperando como contención de afecto y valorización individual. No hay lugar, que hayamos recorrido, donde no nos digan cuan honda emoción y profundo placer les causa escuchar a esta mujer tan joven, que despliega un arco iris de elementos, para que todos puedan intuir que, en algún punto de esa exposición, estamos todos representados, y que la forma de aceptar hechos, de apartar sufrimientos y crecer y de convertir la evolución en gozo es una bendita responsabilidad y derecho que debemos practicar, con absoluta convicción sobre nuestra naturaleza divina. Yohana nos regala su libro que tiene un pie en la Tierra y otro en el Cielo. Un pie en las primeras gotas de lluvia y otro en el océano abierto e infinito. Yohana nos habla de incertidumbres y revelaciones. De sufrimientos elegidos y de la posibilidad rápida de liberarse de ellos. Nos cuenta las maravillosas etapas de la liberación como único camino consciente de plenitud. Yohana nos pinta un perfecto retrato de cielos y purgatorios; pero apuntando en cada línea, con la emoción más genuina e incluso con humor, a que sepamos que la gracia divina está viniendo vertiginosa, desbordada de retribuciones, para quien se entrega a ella con devoción y fe. Yohana nos habla del tránsito de un alma. Del camino que conduce, una y otra vez, al aprendizaje, que se cierra cuando nos ganamos el éxtasis merecido. Su libro nos enseña a no temer a la muerte y abrazar la existencia en plenitud; en concreto, a convertirnos en dueños de nuestras acciones, entendiendo hacia dónde van dirigidos y hacia dónde regresan, en instacia automática y final. El texto del alma de Yohana nos permite escuchar la voz de la conciencia y expandir el corazón y la mente, para que la energía fluya en plenitud hacia lo mejor de nosotros mismos. ¡Qué dicha leer sus páginas y sentirnos parte de esa aventura, que ya tantas veces habremos vivido y a la que quizás debemos regresar, claro que cada vez más con elementos rotundos que nos permiten comprender la verdadera felicidad! Ojalá el lector disfrute la poesía que emana de cada idea y la coherencia del relato. Seguramente inspiraron a Yohana seres de luz que, desde su plano evolutivo, asisten a otros que estamos dormidos, para que podamos recuperarnos de la amnesia y despertemos con rapidez, recordando que se trata de estar vivos.
CLAUDIO MARÍA DOMÍNGUEZ
jueves, 16 de junio de 2016
UNA VOZ EN EL SILENCIO
UNA VOZ EN EL SILENCIO
Os preguntaréis por qué permanezco en silencio. Bien, os diré que vuestras voces impiden que seáis capaces de escuchar por un segundo lo que unos a otros queréis transmitiros. No podéis dejar un solo instante de vacío entre una palabra y otra. Balbuceáis como pretenciosos estudiantes queriendo imponer con voces acaloradas vuestras ideas. Gritáis porque sois incapaces de convencer. Algunos, incluso estalláis con ira hacia vuestros contertulios. Pretendéis tener la razón, pues vuestra posición es la más privilegiada ya que miráis al otro por encima del hombro. ¿Dónde se encuentra vuestra cordura?
¿Os seguís preguntando por qué permanezco en silencio? Espero que os quedéis sin fuerzas; que vuestras gargantas estén rotas; que vuestra mente ya no os proporcione ni una sola idea más. Pero aun así seguís inmersos en una discusión sin fin…
Unos lleváis un título bajo el brazo otorgado por una prestigiosa universidad, otros lleváis impresas a fuego las palabras que vuestros ancestros os inculcaron, algunos más usáis la razón de la fuerza, pero todos sois incapaces de aquietar vuestro ego. Os puede, os puede el ego porque estáis programados para ganar; la derrota no está en vuestras opciones, y sin embargo, es la que os llevará al mayor descubrimiento que seáis capaces de sentir, experimentar, vivir. La derrota os convierte en seres humanos; deja vacías vuestras alforjas y os permite caminar ligeros; digo más: os permite emprender el primer vuelo de vuestra alma consciente. Podréis contemplar desde cierta altura la mezquindad a la que habíais llegado, consecuencia de vuestra ceguera, vuestra soberbia, y encontrar la salida.
¿Queréis seguir teniendo razón? ¡Adelante! Seguid inmersos en un mar de argumentos. Buscad reglas que os permitan legitimar por encima de otros vuestra posición. Embaucad a cuantos queráis, seguro que os mostraréis sonrientes, lanzando al viento cuantas palabras quieran escuchar y que vuestros corazones se han negado a adivinar.
¿Os seguís preguntando por qué permanezco en silencio? Porque espero pacientemente vuestro silencio. Quiero escuchar el latido de vuestros corazones como tambores que abandonaron toda posibilidad de ser banda sonora de una muy antigua guerra. Quiero escucharlos al unísono. Algunos ya mostráis una melodía agradable. Una melodía que se expande en la noche y que, como un susurro, penetra en todos y cada uno de vuestros corazones, esperando que la luz acaricie vuestros párpados señalando que ha llegado el alba.
No es mañana, es ahora. ¡Ahora!
No es mañana, es ahora. ¡Ahora!
¿Todavía os preguntáis por qué permanezco en silencio? Porque tú aún no has llegado al fondo de ti mismo. Sigues dando vueltas como una noria, evitándote, huyendo. Mas
vayas donde vayas contigo vas. ¡Ah! ¿Eres incapaz de perdonarte, de perdonar a otros? Hacerlo no te convierte en un ser débil, manipulable. Al contrario…, ¡es lo que te convierte en Humano! Y, por fin, libre.
vayas donde vayas contigo vas. ¡Ah! ¿Eres incapaz de perdonarte, de perdonar a otros? Hacerlo no te convierte en un ser débil, manipulable. Al contrario…, ¡es lo que te convierte en Humano! Y, por fin, libre.
¿No sabes hacia dónde dirigir tus pasos? ¿No confías en nadie? Cree en ti, es todo cuanto necesitas. No eres un proyecto, eres una realidad que toma forma, plena consciencia que sabe, porque siente en su pecho el calor del Sol que sólo desea expandirse, compartir..., amar. Ser, sin artificios, dogmas, barreras, limitaciones...
Recuerda, puedes volar. Es un salto al vacío que es plenitud. Un vuelo al espacio infinito. El abandono del temor que da lugar al gozo y al amor. No estás aquí por casualidad, lo decidiste tú.
No es la más alta cumbre lo que has de alcanzar, sino la mano tendida en tu caminar. Estás aquí para recordar quién eres.
Atrás quedaron los momentos tristes, la incertidumbre, el dolor. Sonríe, sonríe, no dejes de sonreír.
No es la más alta cumbre lo que has de alcanzar, sino la mano tendida en tu caminar. Estás aquí para recordar quién eres.
Atrás quedaron los momentos tristes, la incertidumbre, el dolor. Sonríe, sonríe, no dejes de sonreír.
Olvidé presentarme. ¿Quién soy?... Nadie. Por ello permanezco en silencio. ¿Cuánto tiempo? Depende de ti.
Ángel Hache
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