sábado, 2 de julio de 2016

Francesco decide volver a nacer (Introducción)



Francesco decide volver a nacer
Introducción. 
Ésta es la aventura que estoy por emprender. Tú me conoces, soy Francesco, te conté mi experiencia vivida en el libro anterior; ahora estoy perdiendo mi identidad en el cielo y pronto, muy pronto, seré uno de ustedes. 
Nada me haría pensar que yo viviría con miedo esta próxima vida. 
Yo los miro a ustedes desde donde me encuentro, y les juro que me dan muchas ganas de gritarles ¡ya basta de...! 
Veo cómo sienten que la vida los abruma, y sin embargo todavía no sé qué sentiría yo en su lugar. Como espíritu que soy, muchas veces paso alrededor de algunas personas, pero ni siquiera sienten mi presencia cuando los abrazo, casi no se dan cuenta de lo que no pueden ver con sus propios ojos. 
¡Y lo que ven, si les duele, tampoco lo quieren ver! Pero no los estoy regañando aunque así pareciese. Sólo deseaba representarles ¡lo que siento, porque aunque no tenga un cuerpo físico no estoy mudo. Sé que mi voz es débil como la de todos los espíritus, por eso mi voz se escucha como un susurro, hasta a mí me da impresión de cómo suena ante la gente. 
Pero las cosas están así, no queda otra que aceptar lo que nos toca vivir estemos donde estemos. Por eso todo es cuestión de actitud, no de lo que te sucede, sino de lo que hagas con lo que te sucede. 
Aunque no estoy con vida como lo estas tú, de cualquier forma puedo ser feliz a mi modo, incluso todo el  tiempo, Y tú también puedes serlo siempre que quieras y te lo propongas. 
No le eches la culpa a nadie de lo que te sucede, ni tampoco de lo que te ha sucedido, tampoco te enojes con Dios. Él tiene una gran imaginación y muchas veces es el socio más apreciado que tienes. Amalo como si fuera lo único que tienes, que en realidad es así, Él es el único incondicional contigo. 
Amalo aunque no creas en Él. 
Ama lo que quieras pero no ames con egoísmo, no ames como si algo o alguien fuera de tu propiedad. No tienes nada tuyo, sólo tu actitud de lo quieras hacer tanto en la tierra como en el cielo. El mundo no es algo separado de ti ni de mí, el planeta tierra es la relación que establecemos entre tú y yo. 
Así pues, el problema somos nosotros, no el planeta. Y como no conoces el cielo sino que sólo conoces la tierra, me querrás preguntar cómo será morir. ¿Cómo será entrar en ese enigma de traspasar el puente? Es que cuando alguien muere no hay argumento alguno, no hay forma de entender semejante traspaso espiritual. 
Cuando la muerte llega no da explicaciones, y ningún avance de la ciencia les puede mostrar lo que existe de este otro lado. 
Para enfrentarte con el fin de tus días, para que estés seguro de que sigues vivo, tendrías que estar muriendo todos los días, muriendo para cada relación que produce tu apego. Desapegarte de la angustia que muchas veces te invade, de la ansiedad que hace estragos en tu vida, desapegarte del apego es la única salida que tienes para continuar en un mundo mejor.
En cada muerte hay un hermosísimo renacer, 
Y no hay que confundir renacer con continuar, porque lo que continúa con el tiempo se deteriora, pero lo que renace es eterno. Entonces te invito a que comiences a enterarte de lo que me ha sucedido en esta próxima vida que estoy por emprender. 
Gracias por acompañarme, Tu querido Francesco (Prólogo realizado por el mismo personaje que le dictó a la autora el libro de su mismo nombre; Francesco: una vida entre el cielo y la tierra.)
Yohana Garcia.
http://lasalmaseternas.blogspot.com.es/

martes, 28 de junio de 2016

Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra (Ultimo Capitulo y Final del Libro)


CAPITULO-23
Viaje a la vida 
Emocionado aún, el maestro le hizo señas de que ya podía dejar el círculo. 
Acompáñame, ha llegado la hora; ven, vuela conmigo y sigueme. Nos detendremos cuando veas unas arcadas de destellos dorados. 
¿Me dirás a donde vamos? 
Vamos a la vida. ¿Cómo es nacer? 
Como morir: cuesta un poco, pero tú sabes que es todo una gran aventura. 
Allí están los arcos, ¿y ahora qué hacemos? Viajamos.
¿Y todas esas almas en fila? 
Están esperando para nacer. 
¿Y a mí me tocará pronto? 
¿Estás apurado?
No, ansioso. 
Deja que cada uno tome su lugar; ya te tocará a ti. Mira, ¡allí adelante está Rosario! ¿Cómo es que está aquí? Ella iba a volver antes que yo. Ella quiso esperarte. 
Déjame que le avise que aquí estoy.
Ella ya lo sabe.
Entonces, deja que vaya a saludarla; quizás podamos nacer juntos. 
¡Espera, espera! Deja que ella elija dónde nacer; si no, influirás sobre esa decisión. 
Pero, si ella me estuvo esperando, significa que quiere estar conmigo.
Deja las cosas así; cuando vuelvan a la vida tendrán la posibilidad de encontrarse, si es parte del camino de cada uno. Y, si no es así, entonces volverán a encontrarse de vuelta aquí. Deja saludarla; si ella me esperó, se lo merece; después de todo, sigo siendo un espíritu libre y puedo elegir. 
Pero perderás tu lugar y yo no te lo guardaré. Eso no importa, esperaré más si es necesario. ¡Rosario, Rosario! Pero Rosario ya estaba traspasando el arco de la vida y, como quien ve una estrella caer del firmamento, así vio Francesco a Rosario viajar hacia la vida. Rosario, convertida en un rayo azul, alma pura, fue a nacer, a morar a un cuerpo, a una vida nueva. 
Y Francesco volvió a su lugar y, sin emitir sonido, se acomodo al lado de su maestro. 
Y su maestro respetó ese silencio. 
Acompañó a Francesco, paso a paso, a medida que la fila iba avanzando y avanzando. Adelante, Francesco, mira hacia abajo; elige dónde quieres nacer: 
En el mismo lugar, en Italia; esta vez quisiera que sea Florencia. 
Siempre me gustaba pasear por las calles de la bella Florencia. El maestro chasqueó sus dedos y le mostró los rostros de muchas personas, hasta que a Francesco le llamó la atención una pareja joven y dijo: 
Quiero estos padres. ¿Por qué quieres estos padres? No sé, les veo cara conocida. 
¿Sabes quiénes fueron? 
No.. 
Fueron tus hermanos en una vida anterior. ¿Por eso los he elegido?
Uno siempre está cerca de los seres que elige, aunque cumplan diferentes roles. 
Yo los quiero a ellos: algo me dice que ése es el lugar. 
Serán sumamente protectores y exigentes, pues serás único hijo; ellos te amarán mucho más que los padres que tuviste antes, a los que tú llamaste "abandónicos". Te cuidarán tanto que te ahogarán; no será fácil convivir con ellos, porque es más difícil defenderse de padres que te ahogan de amor que de los que te dejan solo. Tu padre vivirá poco, pero te dejará los mejores recuerdos, los más profundos. Tu madre querrá que tú la acompañes siempre, y tú le enseñarás a fortalecerse y sentirse bien, aunque esté sola. Porque tú serás como un pájaro: querrás ser libre e irás por la vida sin rumbo. 
Me estás contando todo; así no sirve. 
No te preocupes; de esta conversación, sí te olvidarás. Ahora elige: ¿quieres estos padres o prefieres otros? 
Me gustan los desafíos: elijo estos. 
Bien, amigo; entonces respira profundamente, gira y gira en el sentido de las agujas del reloj, hasta convertirte en un rayo; da un paso hacia delante y cae hacía la Tierra, nace, busca una nueva vida. Ahí tienes otra oportunidad para ser feliz. Acuérdate de que en la vida vas a caer, vas a tropezar, pero siempre ten la intención de volver a levantarte, para seguir tu marcha. Vivir es fuerza, coraje y decisión. ¡Adelante! ¡Te deseo lo mejor!
Nosotros escribimos las páginas del libro de nuestra vida. Todo el tiempo elegimos el modo de llenarlas. Algunas son más alegres que otras. A veces, dejamos demasiados espacios en blanco. Otras, dejamos capítulos inconclusos. Nosotros tenemos el poder de seleccionar los sueños que nos gustaría vivir. Pongamos amor, fuerza, actitudes positivas, para que el libro de cada uno tenga un final feliz en esta vida.
Yohana Garcia.
http://lasalmaseternas.blogspot.com.es/

Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra



CAPITULO-22
Conociendo a Dios.
Ahora ven, ubícate en este arco iris circular que marcan estas nubes y siéntate, abre tus alas, desplegándolas hasta donde puedas; abre tu alma, cierra los ojos y solamente espera.
¿Qué es lo que me pasará? 
Ya lo verás. Oyó un sonido muy intenso, olía un aroma muy dulce y el Cielo se abrió, como dos compuertas que se abren para dejar pasar el agua. 
Lo único que te pido, Francesco, es que no abras los ojos mientras tengas este encuentro -le recalcó el maestro. 
Haré lo que tú digas. Seguía el movimiento en el Cielo; los sonidos y los aromas iban agudizándose más y más. 
Entonces apareció Dios, en todo su esplendor; con toda su luz y con su amor infinito por Francesco, le habló: 
Amado Francesco, ha llegado la hora de este encuentro tan deseado por los dos. Te amé, te amo y te amaré siempre, como amo a cada ser que he creado. No necesitas entenderlo todo, no necesitas que yo te pregunte nada. Yo todo lo sé, he vigilado cada acto de tu vida, he estado en cada acontecimiento, en los pequeños y en los grandes momentos de tu vida. 
Te he mandado llamar cuando era el momento de abandonar tu cuerpo. Yo le doy, a cada ser, talentos, entre ellos el amor y la libertad; ser libre es toda una responsabilidad; es más cómodo tenerlo todo, como el pájaro al que encierran en una jaula y tiene todo servido, pero eso no es ser libre.
La libertad y el amor son lo máximo que les puedo dar. Todos necesitan vivir lo más intensamente posible en total y plena armonía, hay que vivir cada día como si fuera el último de la existencia, como si fuera la última primavera o la última navidad. Tus talentos son los dones que te regalo, para que seas una parte de mí; ellos se irán desarrollando, a medida que brindes tu amor y tu ayuda a todos los seres que te rodean. Brinda servicio, sé humilde de corazón, ama a todo ser que halles en la Tierra como lo amo yo. 
Nada debe faltarte si estás en plena armonía con tu mundo. Ustedes hicieron guerras por haber elegido ser egoístas e ignorantes. 
Sus mentes son perfectas y sus recursos ilimitados, pero cometen errores, se equivocan  yo lo permito, porque son libres. 
Yo tengo un ejército de seres altamente espirituales que se encargan de cumplir mis órdenes y de prestarles ayuda. 
Tienen a mis ángeles que los acompañan y, por sobre todo, tienen mi amor. Yo amo a cada ser que habita el planeta; lo sé todo y lo puedo todo. Yo he creado a cada alma para que viva y se nutra de experiencías; para que crezca y sea feliz. No castigo; les doy señales y advertencias, pero muchas veces están tan cerrados que no las reciben. Entonces espero y se las vuelvo a mandar, en algún momento las reciben y aprenden. 
Soy tu Dios, quien te ha creado con todas las virtudes, quien te ha dado el poder infinito. Ahora tendrás que acordarte de esto: nada tiene más valor que un ser humano, sea o no perfecto; no hay buenos ni malos, la diferencia está en que hay personas más sabias que otras. Algunas aprovechan la vida y otras no pero, como siempre hay otra oportunidad para volver a nacer, lo que no se aprende en una vida se aprende en otra. 
El que es justo tendrá justicia. 
El que se equivocó tendrá más pruebas que pasar.
Hay una sola forma de crecer sin sufrir: amar a cada ser con todo el alma. 
Pase lo que pase, sigue amando la vida y el universo, porque mi justicia siempre llega y yo quiero lo mejor para ustedes. 
A veces son ustedes los que no saben buscar lo mejor. Igualmente, siempre se puede seguir buscando. 
Ahora, Francesco, dime lo que sientes: ¿quieres volver a nacer? 
El alma de Francesco vibraba tanto que daba saltos: parecía que hasta tenía latidos. 
Un gran escalofrío le recorrió las alas; el calor que le daba Dios lo acariciaba y, con una voz entrecortada y no muy segura, le respondió: 
Sí, y quiero ser feliz. 
Ya lo aprendiste en el otro Cielo. 
Aprendí la teoría, la práctica no sé si será tan fácil. 
No te olvidarás, porque uno nunca se olvida de los buenos momentos vividos, aunque lo hayas aprendido en el Cielo. 
Todo está guardado en el estuche de tu alma. ¿Entonces, seré feliz? 
Serás lo que desees ser. Recuerda esta fórmula y todo será muy fácil: llena siempre tu corazón de palabras alentadoras, ponle canto de pájaros. Enciende colores en tu cuerpo por cada momento grato que te acontezca. 
Deja que la mente se aquiete para que tus pensamientos sean claros. 
No digas "no puedo". No te justifiques, ni te pongas en ninguna categoría, no te maltrates. Cuando aparezca un deseo, pídelo para que aquí arriba te abramos los caminos. 
Pon en acción todo lo que desees hacer y, ante cada obstáculo que se te presente, piensa qué intención positiva te está dando; por cada piedra que se te presente en tu camino, pregúntate de qué te sirve, de qué te cuida, por qué está allí. Una vez que tengas las respuestas,
podrás correrla de lugar y seguir avanzando. No tienes pendiente asumir alguna consecuencia de acciones negativas tuyas en esta próxima vida, así es que cuentas con puntos a tu favor. 
Pienso y pienso si quiero volver y no encuentro la respuesta. 
Y me pregunto; ¿para qué crecer?... Pasar de nuevo, por cada etapa hasta que llegue mi hora de morir es como construir una casa, perderla y volver a empezar. 
Y, por otro lado, pienso que la vida tiene momentos maravillosos que en el Cielo no existen, como el encuentro entre dos personas, sentir la piel de uno con la del otro, comer, bailar, soñar... ¿cómo haré para equivocarme menos y disfrutar más? Ya no cometeré los errores pasados, pero seguramente cometeré otros. No seré miedoso, ni dudaré tanto, pero tendré otras limitaciones y, si vuelvo a nacer, quiero ser feliz, sentirme feliz y ver felices a los que me rodean. Y yo sé que eso no será fácil. ¿Puedes prometerme que todo será como yo desee? Si me dices que sí, yo volveré a vivir. 
Yo no te puedo contar la próxima vida, ni el principio ni el final, porque no tendría la misma intensidad ni el mismo aprendizaje. Tuya tienes la receta para vivir plenamente; ya conoces los ingredientes para que todo sea más llevadero. 
Te faltará uno que otro condimento pero, si sabes buscar en tu interior, lo encontrarás con facilidad y seguirás con la acción del deseo, hasta llegar a ver cada objetivo realizado. Busca en tu corazón la verdad. Ahí están todas las respuestas de la vida. Guíate por el latir de tu corazón, por el fluir de tu sangre, por el calor de tu piel, por el brillo de tu mirada. Guíate por tu percepción y seguirás el sendero correcto. Eres y serás un ser ilimitado; lograrás todo lo que desee tu ser si sigues las leyes de la naturaleza y nadas a favor de la corriente y no en contra. Mira todo lo que te rodea como si llevaras lentes de color rosa.
Habrá cosas que te agraden: contémplalas más tiempo. Deja de lado las que no te gusten, pero no las deseches; quizás más adelante te puedan gustar. Uno es en la vida lo que percibe de ella. Te sentirás feliz si todas tus partes están en paz y en armonía. Y, si así te sientes, los que te rodean se contagiarán de lo que les transmites, y también serán felices. La vida sirve para que la transformes en un paraíso, si te dedicas a amarla. Tú eres amor puro, no lo dudes ni un instante. Yo soy amor puro y te he creado para que te ames siempre. Y amar al otro no es difícil; es complicado porque tienes que aceptar a cada uno como es. No ames la representación que te haces del otro, ama su ser y su realidad, y deséale su bien como deseas el propio. Cuando te falten respuestas, búscalas en tu corazón; él no miente ni te engañará nunca. Cometerás errores; si no, ¿de dónde adquirirías experiencias? Pero podrás ser tu propio mago si los valoras y los aceptas. Tendrás pruebas que pasar; quizás algunas sean fuertes y otras no tanto. Yo siempre te daré señales y, si tú las recibes, esas pruebas serán bienvenidas por ti, porque te enseñarán a crecer. 
Alimenta tu espíritu con cada aprendizaje; siente cada momento que vivas como único e irrepetible. Y, si el momento es bueno, revívelo en tu memoria todas las veces que puedas; y, si el momento no te agrada, acéptalo y gana experiencia. Sé muy bien lo que quieres y qué piensas. Solamente los espíritus que no tienen coraje se quedan en este plano. 
Igualmente, eres libre de tomar cualquier decisión. La vida que te doy será como una caja de sorpresas, y tú irás llenándola de momentos agradables y de dulzura. Tú harás la magia de transformarte en un ser libre de presiones y de penas, si sabes usar la alquimia de tu corazón. Yo te daré un mazo de cartas, con las que podrás jugar la mejor partida de tu vida.
Siente pasión cuando hagas algo que te guste. No dejes que los demás tomen determinación sobre tus acciones. No los culpes de lo que te pase; tú, solamente tú, tienes el carro de tu vida. Serás feliz, si lo deseas. Cuando mires, permite que tus ojos te dejen ver más allá de lo que tu mirada pueda alcanzar... 
Cuando oigas que los pájaros cantan, quédate en silencio y, simplemente, disfruta de su canto, ellos cantan porque son felices. 
Cuando sientas la lluvia que cae, deja que te moje, y cuando salga el sol, siente cómo acaricia tu piel. Y, cuando escuches el viento soplar, piensa que sopla trayendo mensaje de paz. Todo esto está a tu disposición, todo estará al alcance de tu mano; tú sólo tienes que estirar el brazo y tomar lo que desees. Solamente tienes que estar atento a que nada te pase en vano y a que aproveches cada día que pase como sí fuera el último. Tú elegirás los padres que quieras tener y, una vez que lo hagas, entrarás en un pequeño cuerpo. 
Entonces, sí, lánzate a la aventura de vivir; si no, te quedarás con nosotros. Y, cuando estés preparado, tú pídeme nacer y yo te concederé lo que me pidas. ¡Ya lo pensé, quiero volver a vivir! Después de todo, es bueno tener otra oportunidad. 
¡Bien, muy bien, Francesco! Me alegra tu decisión. Me alegra que te hayas decidido. 
Yo te envío a la vida con todo mi amor. 
Te doy mi bendición y te la seguiré dando siempre, así que, cuando quieras, empezarás el regreso. ¡Cuánto antes! 
Entonces, me despido de ti, aunque seguiré guiándote desde este lugar. 
¡Te amo profundamente, querido Francesco! ¡Yo también te amo, por todo lo que me has dado, por lo que nos das a todos los seres del mundo!
Te amo, hijo mío. El Cielo empezó a temblar. Mientras Francesco seguía con los ojos cerrados, sentía cómo las compuertas que antes se habían abierto ahora se estaban cerrando; los sonidos y los aromas se iban disipando. 
El calor que lo inundaba era como millones de caricias y de besos. Sentía éxtasis, plenitud, goce, todo junto. Esta experiencia había sido grandiosa, y su alma seguía latiendo como el galope de una tropa de caballos. 
Abre los ojos -le dijo el maestro. Francesco, con mucho esfuerzo, fue abriendo sus ojos, emocionado. 
Respiró profundamente, como queriéndose tomar todo el aire del Cielo; sintió que todo le daba vueltas. Hasta que, poco a poco, fue armonizándose y volviendo al equilibrio anterior. 
Se puso de pie, acomodó sus alas y, todavía en el círculo que formaba el arco iris, miró hacia arriba y se volvió a comunicar con Dios, esta vez desde el pensamiento, y dijo: "gracias, infinitas gracias".
Yohana Garcia
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Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra



CAPITULO-21
Reflexiones de Francesco sobre su vida futura.
Francesco no era el mismo de antes. 
Cada día que había pasado, cada maestro que le había hablado le habían dejado huellas en el alma. Esas huellas que quedan después de haber crecido, se habían quedado en su memoria, junto con sus mejores recuerdos. 
Ya no había miedos ni dudas. 
Todo era felicidad plena. 
Francesco no tenía ansiedad de saber qué pasaría de ahora en adelante; sólo sentía un poco de curiosidad. 
Después de llegar al segundo Cielo y de acomodar sus alas, esperaron en las puertas de ese paraíso a que alguien apareciera. 
Tras haber esperado lo suficiente, alguien apareció. Era un maestro luminoso como un sol; llevaba una gran corona de estrellas sobre su cabeza y un cetro. Este maestro, con una voz muy alta pero tranquilizadora a la vez, le habló: 
Te estaba esperando, Francesco; es una gran alegría tenerte en este Cielo. 
En algún momento pensamos que no querrías estar aquí. Tú siempre te arraigabas a lo conocido y los cambios nunca te gustaron, ni después de muerto. 
Veo, maestro, que me conoces bien, aunque yo no sepa quién eres. 
Perdón, no me presenté. Soy el maestro que decido, de acuerdo con la luz que tiene cada alma, qué debo hacer con ella. 
¿No es que tengo un alma libre? 
Libre sí, pero aquí hay leyes que se deben respetar. Igual puedes elegir; yo solamente indico cuáles son las mejores oportunidades que te puedo brindar. 
Acompáñame a un lugar, pues te quiero mostrar algo; ven conmigo al oasis de las luces. Te sentarás en el centro de un gran arco iris y te diré qué es lo que puedes hacer. 
Fueron caminando, casi flotando por los aires, hasta ese lugar.
Llegaron y su guía le indicó dónde sentarse. 
Lo ubicó en el centro de un gran arco iris y le dijo: Yo soy el maestro del olvido. 
Cada rayo mío tocará un centro energético de tu alma y grabará cada enseñanza que tú aprendiste, en lo más profundo de tu ser. Luego, podrás pasar por un torbellino de luces que te energizarán y dejarán tus vivencias con tus maestros. 
Cuando una persona nace, siempre lleva el recuerdo de haber pasado por el Cielo y hasta puede llevarse las experiencias de su vida anterior. Cuando niño, estas experiencias son más nítidas, pero después de cumplir los seis años se empiezan a borrar porque prevalece la razón; el entorno empieza a influir, y se tiende a olvidar algunas experiencias vividas; otras experiencias, algunos gustos o tendencias permanecen en la memoria. 
Y lo que no se aprendió en la vida anterior se reaprende en la próxima. 
¿Y me olvidaré de todo esto? 
He decidido que, como eres un ser especial, no pases por la Ley del Olvido. Queremos que te acuerdes de todo lo aprendido. 
Por supuesto que estas experiencias irán apareciendo poco a poco, a medida que las vayas necesitando. ¿Yo, un ser especial? ¿Por qué? Lo eres por tu bondad y por tu entrega. No pasarás por la Ley del Olvido. Es el premio que tendrás para que puedas ser feliz. ¿Entonces no sufriré tristezas, ni enfermedades, ni frustraciones? 
Siempre y cuando estés dispuesto a dejarte fluir por la vida y a no desviar tu camino, lo lograrás. ¿Y cuándo será la próxima vida? Cuando tú lo desees. ¿Puede ser ahora mismo? -Sí claro; estás preparado.

 ¿Y que pasará con mi familia? 
Se ve que has perdido la noción del tiempo.¿Por qué lo dices? 
Porque pasaron muchos años. ¿Recuerdas que tiempo atrás bajaste a acompañar a otra alma para que tomara el cuerpo de tu nieto, y que iluminaste con tu energía ese gran momento? Sí, claro que lo recuerdo. Pero no entiendo. 
Te explicaré. Tu nieto tiene ahora veinte años y tu mujer acaba de entrar al primer Cielo. 
¿Ella ha muerto? Sí ¿Cómo no lo supe? 
Fue justo cuando viajabas para acá. 
¿Y cuántos años pasaron desde que me fui? Treinta y cinco. ¿Mis hijos están bien? 
Muy bien. ¿Vivirán mucho más tiempo? 
No te preocupes por ellos; los encontrarás en tu próxima vida, cumpliendo otros roles. 
¿Uno siempre se vuelve a encontrar con las mismas personas que conoció en su vida anterior? 
Sí, claro; cumplen otros roles, con la misión de enseñarte a crecer. A todos, absolutamente a todos los que conociste anteriormente los encontrarás ahora. 
¿Nunca te pasó ver a alguien y creer que lo conocías de otro lugar, pero nunca pudiste saber cuál era ese lugar? ¿O de rechazar a alguien y no saber por qué? 
Sí, me pasó, muy a menudo; visité lugares y sentí que los había conocido antes. ¿Pero cómo puede ser que no nos acordemos? 
Porque, antes de nacer, pasas por la Ley del Olvido y solamente puedes recordar por medio de sueños o de sensaciones.
¿Y yo no olvidaré nada esta vez? No olvidarás absolutamente nada. 
¿Sabré quiénes fueron en mi vida anterior los que estarán a mi alrededor? Eso no, porque tendrías ventaja en sus vidas; sabrás que estuvieron contigo siempre, pero no sabrás quién fue cada uno de ellos en tu vida anterior. Además, te podrás dar cuenta por ciertas señales. Tú no serás un ser cualquiera en la Tierra; tendrás una misión que será designada por el maestro. Serás alguien con gran carisma, atraerás a personas que te escucharán y les darás fuerzas para seguir adelante con sus vidas; les transmitirás paz, contagiarás alegría y les enseñarás a encaminarse. 
Entonces no seré tan libre como para elegir qué hacer, si ya tengo designada una misión. 
Sí, pierde cuidado, seguirás siendo libre; esta misión está designada porque tienes un alma vieja, y las almas viejas, al contrarío de las jóvenes, tienen la suerte de aprender una sola vez y pueden aprovechar mejor las enseñanzas. ¿Qué es lo que haré? Podrás dar ayuda desde cualquier lugar. Todos ayudan: ayuda el médico a curar, el religioso a tener fe, el músico endulza los oídos, el que enseña ayuda a crecer. Hasta la más simple de las personas puede dar lo mejor de sí misma. 
¿Por qué me eligieron a mí como alguien especial? Personas buenas y decentes y mejores que yo hay muchas. Todos los días entran en el Cielo millones de almas mejores que yo. 
¿Eso quién lo dice? Yo. ¿Mejores que tú, sí te comparas con quiénes? No sé... con muchos. 
Tú no eres el único que va a volver con una misión. ¿Ellos tampoco pasarán por la Ley del Olvido?
No, son muchos los que no pasan por esa ley. Los elegimos porque sabemos que cumplirán con esa misión, y a la vez serán felices. Cuéntame más de mi próxima vida; ya me estoy ilusionando. 
No, si te cuento no será lo mismo. ¿Por qué no? Cuando uno vive una experiencia por primera vez y luego la quiere repetir, ya no es lo mismo. Acuérdate de esto mientras vivas. 
Cuando te pase algo que te haga sentir gozo y te haga vibrar, deja que quede guardada la sensación en un rincón del alma. 
Y, si quieres volver a repetir la situación, prepárate para que la sensación no sea igual, porque puedes desilusionarte. 
No te contaré qué pasará en tu vida; es como sí fueras al cine y el acomodador te contara toda la película, incluso el final. ¿A ti te gustaría? No, pero, si te recomiendan la película, vas; si te dicen que es mala, no vas. 
Estar en este Cielo es entrar en éxtasis, aunque el otro ha sido para mí un paraíso. Pero ahora sí sé que las cosas cambiarán, que las experiencias serán otras, que mis expectativas serán diferentes. 
Todo camino trae una nueva esperanza. 
Ahora estoy aquí esperando no sé qué, pero estoy esperando. Y quien espera que sucedan cosas tiene ilusiones y se siente vivo. 
Y, aunque yo haya muerto, la vida seguirá estando en mí, en mi alma. 
Nunca pude darme cuenta de que fue mi alma la que vivía todas las experiencias y que yo las hice accionar simplemente con mi cuerpo. Pensar en volver a la vida no me entusiasma demasiado, será porque los sabios dicen que la vida es sufrimiento. Y, si yo volviera a nacer, tomaría los acontecimientos que me tocó vivir con otra filosofía, con la de los grandes maestros, que me dieron su sabiduría en todo este tiempo.
La vida es un acontecer de situaciones y, si tomáramos cada situación como algo trascendente, aceptaríamos lo que no podemos cambiar, cediendo y adaptándonos a lo que nos toque vivir y, a la vez, valoraríamos más las situaciones lindas, placenteras, aunque sean pequeñas, y las guardaríamos en un lugar del corazón. Seríamos felices, y la vida no sería sufrimiento, sino plenitud. 
Si me encontrara con Dios y me pidiera que elija, no sé que diría. Si pudiera darme un certificado, con la garantía de que mi vida estará llena de situaciones positivas, entonces aceptaría qué cosas volver a vivir. 
Pienso que, si todo fuera como yo quisiera, si obtuviera todo lo que deseara, es probable que tampoco fuera feliz, porque quizás no lo valoraría, simplemente porque no me habría costado trabajo conseguirlo; y lo que sale fácil, sin esfuerzo, a veces no es valorado. 
Pero tampoco tendría experiencias, porque no cometería errores y entonces aprendería muy poco del arte de vivir. Entonces, ¿qué le pediría yo a Él para volver a vivir con todas las letras? Quizás le pediría esa capacidad que no te enseñan los padres ni los maestros en la escuela. Le pediría que me mostrara cada problema como una oportunidad nueva para crecer, aunque crecer duela. Crecer es madurar, aprender, sentir. 
También le pediría éxito personal. ¿Pero qué es el éxito? ¿Es conseguir lo que uno quiere? ¿O es sentirse reconocido por los otros? 
¿Es obtener fama, dinero o que la persona que uno desea nos ame? ¿Qué será el verdadero éxito?... No, no le pediría éxito, porque tener éxito depende de mí; un maestro alguna vez me dijo que el éxito es ser feliz con lo que uno logra; si no, no es éxito, y lo comparo con un mecanismo: una pieza es la autoestima, otra es lograr una meta, mantener una comunicación con los pares, tener trabajo, no solamente para vivir de él, sino para disfrutarlo.
 ¿Qué le pediría a este Dios omnipotente? Una vida con amor, llena de amor. Sí, creo que eso sería lo fundamental; una vida con amor infinito hacia todo lo que me rodea. 
Le pediría equilibrio para que el daño de los otros no me llene de resentimientos, para aprender a tomar las cosas con calma, para no enojarme con tanta facilidad, para sentir que vivir es un trabajo complicado pero no difícil. Si yo aprendiera a vivir en armonía con las leyes de la naturaleza y si nadara a favor de la corriente y no en contra, aceptaría volver a vivir. ¡Cuántas veces en mi vida miré el cielo o miré un crucifijo y sabía qué pedirle a Dios!... Y, ahora que lo tengo muy cerca, no pude darme cuenta de qué es lo que realmente quiero. ¿Cuántas veces, Dios mío, cuando te he pedido que me concedieses tal o cual cosa, me lo concediste, y yo ni siquiera te lo agradecí? 
¡Qué ingratos somos cuando no entendemos la vida y más ingratos aún cuando no entendemos la muerte! Si agradecemos un aplauso, un favor, un elogio, ¿cómo no somos agradecidos contigo? Ahora estoy dispuesto a verte, a sentirte o a escudarte; aprenderé a esperar a que aparezcas, cuando Tú lo dispongas. 
Sé que todo está en tus manos; esperaré ese encuentro tan deseado y sabré aceptar tus decisiones. 
Ya aprendí que las cosas suceden cuando tienen que suceder, en el momento justo, ni antes ni después: en el momento en que uno está preparado para recibirte. 
De pronto, se escucharon pasos muy suaves y apareció un nuevo maestro. Un maestro más iluminado que cualquier otro. 
Con una voz muy, pero muy suave, le dio: 
Oye Francesco. ¿Con quién hablas? 
Con el Señor.  ¿Y te ha contestado?
Muy en mi interior, sí. ¿Y qué te ha dicho? 
Que esperara, que pronto llegaría lo que espero. 
Si supieras que ese momento tan anhelado ya llegó, ¿qué dirías? Que estoy preparado. 
Bueno, entonces vamos. Acompáñame; este momento será inolvidable para tu alma y para tus pensamientos. 
Siento que me late el corazón con fuerza. 
Será tu alma. 
Mi alma late con fuerza. 
Bien, significa que tu alma está limpia. 
¿Qué es un alma limpia? 
Un alma pura, sin ningún sentimiento que la desamortice, sin miedos, sin culpas, sin resentimientos, en la que sólo hay amor. 
Amor incondicional, amor eterno. Amor con mayúscula. El nuevo ser tiene un alma de bebé, un alma pura. Después, las circunstancias de la vida oscurecen el alma, que empieza a perder brillo y fuerza. 
Si uno quiere mantenerla en estado puro, tiene que trabajar mucho interiormente para limpiarla. ¿Hay seres con alma puras? 
Sí, los hay. 
Muchos se destacan por ser humildes, solidarios, bondadosos; vibran y hacen vibrar a los demás. ¿Cómo se los distingue en la Tierra? Observa a cada persona que se te cruce en el camino, y una vez que te encuentres con ella, su mirada y todo su ser te transmitirán paz, paz interior. No necesariamente tiene que ser una persona culta, ni inteligente, ni poderosa, ni rica. ¿Tienen alma de bebé? 
Sí, son personas con almas de bebé, con sentimientos de niño y sabiduría de viejo.
Yohana Garcia.
http://lasalmaseternas.blogspot.com.es/
 

Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra


CAPITULO-20
Entre el Cielo y el infierno
Al otro día lo fueron a buscar. 
El cielo estaba más claro que nunca, los colores se veían intensos y destellaban todo el tiempo. Ariel había ido a su encuentro con la misma actitud de cuando lo había recibido por primera vez, con esa paz que transmitía en cada movimiento su cuerpo eterno. 
Entró en la habitación de Francesco y, con un tono muy suave, lo saludó. Le dijo que era el momento de la partida, y que abriera la ventana para elegir una nube dorada, una de ésas ante las que él siempre preguntaba por qué no podía usarla para hacer sus paseos. 
Ésas eran las nubes que llevan a los otros Cielos; las que Francesco acostumbraba usar para sus paseos no podían desplazarse a grandes distancias. 
Los viajes siempre se terminaban después de volar con las alas abiertas de par en par, pero éste era demasiado largo como para usar las nubes celestes o rosas. 
Toma esa dorada que viene hacia aquí -exclamó Ariel. Ya la tengo. ¿Subimos? Sí; espérame que voy a acomodar mis alas, para que vayas más cómodo.
Estoy cómodo. ¿Podemos hablar mientras viajamos? 
Habrá momentos en que sí podremos, pero en otros atravesaremos el Cielo a una gran velocidad y no nos escucharemos. 
Si deseas, empieza a contarme lo que quieras, ahora que las nubes se mueven lentamente. ¡Sabes, Ariel? 
Recorrer el Cielo, vivir en él, conocerlos a ustedes, aprender, viajar para ver a mis seres queridos... todo esto que viví me pareció un sueño, un sueño profundo y bonito. 
Capaz de llenar de plenitud la vida a cualquier persona. Fui muy feliz aquí.
Ahora yo quisiera que me contaras qué viene, qué pasará en el segundo Cielo, cuánto tiempo tendré que estar. 
Si es tan lindo como el primero... 
Cada Cielo tiene su encanto. 
No sé sí estarás en el segundo Cíelo mucho tiempo: cuando llegues, relájate y déjate fluir; porque después de todo, ahora te va a ser más fácil que cuando llegaste al primer Cielo. 
Y dime: ¿por qué hay tantos Cielos? 
Porque hay espíritus con diferentes tipos de luz, o llámalos categorías, y cada Cielo ofrece diferentes enseñanzas y cuidados. 
¿Dónde está el infierno? 
¿Cuál? Porque hay muchos. 
No sabía que había muchos. Quienes hacen daño mientras viven, cuando mueren, ¿van al infierno como castigo? 
¿Eso dicen allá abajo? 
Sí, por lo menos eso es lo que aprendí. 
Te clasificaré los infiernos y tú me dirás cuál es el más conocido. El que, se supone, gobierna ese ángel que se rebeló contra nuestro Dios está muy lejos; ninguno de los que vivimos aquí sabe dónde está, pues ninguno tiene la necesidad de conocerlo. 
El único juicio por el que pasan las personas que vienen aquí es el que ellas hacen consigo mismas. Después hay otros infiernos. 
Hay vidas que son un infierno; si en tu vida anterior cometiste malas acciones, en la próxima sufrirás, pero no como castigo sino como aprendizaje. 
Otro infierno es el que tiene cada persona cuando pierde la alegría, cuando nada la satisface, cuando su entorno no comparte sus pensamientos, cuando se empecina en amar a alguien que no lo tiene en cuenta. 
No hay peor infierno que el de aquel que lucha contra sí mismo, que va en contra de sus ideales, del que no se anima a enfrentar la vida con actitud digna.
Hay épocas en las que algunos sienten vivir en el infierno; ésos son los tiempos en que la soledad les colma todos los espacios; son años de pérdida, en que la luz no aparece, ni siquiera de lejos. Esos infiernos son las más comunes de todas las personas y no hay diablo más poderoso que los pensamientos negativos que no te dejan estar en paz. 
No hay lugar más oscuro que un corazón vacío de sentimientos. Y no hay lugar más triste y desolado que el que tú puedes construir con un corazón que no tiene fe. No hay infierno que supere a aquel que implica vivir sin amor a la vida. El odio es fácil, se alimenta solo; el rencor crece sin necesidad de hacer nada; la indiferencia sale sola, sin pensar. 
Parece que hacer daño, envidiar o ser individualista es normal en la naturaleza del hombre. 
Dios hizo al hombre libre para elegir qué hacer y, sin embargo, parece que viviera equivocado, porque siempre vivió en guerra, siempre hubo conflictos, celos, competencia en la mente de los hombres. Por algo nos manda a decir que nos amemos unos a otros. 
Más que como mandamiento, lo pide como consejo y quizá como advertencia, pero si no aceptan ese buen consejo, todo será un caos, no porque Él los castigue (el castigo suena a tiranía), sino como prevención. 
Pues si no se aman no vivirán bien, tampoco vivirán en armonía, conocerán riesgos y vivirán llenos de miedos entre todos ustedes Ser libres para elegir es toda una responsabilidad; eres libre para elegir el destino, el tiempo, y hasta para saber cómo y dónde vivir. 
Libre para saber con quién compartir tu vida, tus afectos. 
Si amar es la base de todo, si estar en armonía con el entorno es indispensable, si ser feliz es posible y si estar sano es lo natural, si como seres amados por Dios les cuesta tanto dar lo mejor de cada uno, ¿cómo pueden decir que son seres avanzados? 
El Amor, con mayúscula, es eterno, trasciende la frontera de todo sentimiento. 
Es inmenso y es total; vivimos todos de acuerdo con  lo que el amor nos pueda dar. 
Una palabra de amor de quien amas te levanta hasta lo más alto del Cielo. 
Pero uno siempre espera que sean los otros quienes nos amen primero; siempre el otro es al que yo le exijo que empiece a hablar, a demostrar que me quiere. 
Y no sólo eso, sino que dudo si el otro es sincero con lo que me dice. 
Cuando alguien nos ama de verdad, hasta nos damos el lujo de desconfiar. Y, muchas veces, no nos damos cuenta de que cansamos al otro con dudas e indecisiones, y vamos apagando poco a poco las lucecitas de amor. 
Te voy a explicar qué son el amor y el odio. Amar es una tarea fuerte y de personas audaces; los cobardes no se animan a amar, porque temen salir lastimados. 
El amor nace desde el espíritu, luego pasa por la mente y por fin llega al cuerpo como último eslabón, para lograr la unión de las personas que se aman. Amar es como subir una montaña empinada, con algunos caminos fáciles de transitar y otros llenos de obstáculos. 
Llevas en la mano una lámpara encendida para que ilumine tu vida y para que te dé algo de calor; vas subiendo, tratando de que el viento no apague la luz, y buscas reparo para que la llama no se apague. Vas subiendo, con energía e ilusiones, por el sendero de la montaña, mientras el clima te acompaña y los olores de la naturaleza te elevan, y te vas preguntando qué se sentirá al llegar a la cima, con qué te encontrarás, qué sensación tendrás y dónde estará la paz. 
Sin embargo, es mucho más placentero subir por la mañana que llegar a la cima, porque a veces llegar a la cúspide no nos satisface. Estamos acostumbrados a que siempre nos falte algo, y esto nos hace muy poco agradecidos. 
En cambio, el odio no da trabajo, sale solo; es como estar arriba de una montaña, tirar una piedra y mirar hacía abajo para ver cómo cae, hasta llegar al pie de la montaña. Seguramente habrás escuchado decir que del amor al odio hay un paso, y así es; lo que amé, lo que fue importante para mí, si no responde en algún momento a mis expectativas, lo crucifico y lo transformo en odio; total, no cuesta esfuerzo odiar; simplemente lo siento, no necesita paciencia ni cuidado. 
El odio crece solo, crece con el paso de los días, más y más. Todo lo que amé en el otro, cuando di algo y no tuve respuesta, ahora se convierte en rencor, en odio, y lo quiero ver de rodillas, pidiendo perdón por sus acciones. 
Pero, aunque aceptara hacerlo, eso no te bastaría, porque todo ese odio no le llegó. 
Te llegó a ti, te envenenó la sangre y las palabras y condenó tus buenos momentos. 
Y sigues echando la culpa de tu desdicha a quien crees que ha sido el responsable de haberte arruinado la vida. 
Reconoce que tú le permitiste que te la arruinara. 
No dejes que ese odio siga dentro de ti, porque tu maldición seguirá cayendo sobre tu vida. Deja tranquilo a quien te dañó, para que tú te quedes tranquilo. Deja que el infierno de sentimientos negativos que vive dentro de ti desaparezca, para que pueda quedar sólo un gran remanso que te deje respirar con toda el alma. Debatirse entre el amor y el odio, entre la alegría y la tristeza, entre la certeza y la apatía, es seguir animando el fuego de tu propio infierno. 
Amar, muchacho, amar, esa tarea que nos dejó nuestro Señor, parece fácil y, sin embargo, ¡cuesta tanto! Debes perdonar a los que no te quieren, a los que te abandonan, pero debes hacerlo por ti, por tu paz; puede ser que el otro necesite tu perdón, pero hazlo, sobre todo, por ti. No te castigues sufriendo; no te lo mereces. Puedes fracasar, sentirte derrotado, triste, y hasta aceptar, por un momento, sentirte así. Mas es importante que sepas que siempre tienes otra oportunidad para ser, para hacer, para sentir. No te aferres a lo que te hace sufrir, porque sufrirás más. No siempre uno es sabio para hacer buenas elecciones, pero puedes seguir eligiendo siempre, porque eres libre. Tienes otra oportunidad cada vez que te propongas volver a empezar.
Amigo mío, en la próxima vida, si es que decides volver, acuérdate bien de esto: vive, ríe y ama. 
Si vuelvo a tener otra oportunidad de vivir, prometo no dejar que en mi interior surja ese pequeño infierno, que muchas veces alimentó sentimientos dolorosos en mi mente. 
Ahora estoy convencido de que la vida es bella, cuando uno la toma como una bendición y no como un castigo. Si esto lo hubiera aprendido antes, estoy seguro de que todavía estaría vivo, de que el éxito me hubiera tocado de cerca. 
La vida invita a viajar vertiginosamente entre los afectos, entre la gente que se te acerca y la que se te va. Uno busca sobrevivir y no sabe vivir; uno busca que todo el tiempo los demás te acepten, te quieran. 
Buscamos constantemente el amor, y el amor es la vida; y, si amas la vida, ella también te ama. ¿Por qué es tan difícil aprender, si es más simple de lo que uno piensa? Buscamos excusas todo el tiempo para limitarnos y buscamos culpables, porque nuestro ego no nos deja ver hasta dónde somos nosotros los verdaderos culpables. ¿Viste cómo aprendí la lección y lo convencido que estoy de lo que digo? Si alguien me hubiese dicho que yo tenía que morirme para aprender a vivir, lo habría mirado pensando que estaba loco. 
Aunque, pensándolo bien, todo es loco; si estar loco es liberarse de las ataduras, decir lo que uno piensa, hacer lo que uno siente, dejar lo que nos hace mal, largarse a la aventura, ¡bienvenida esta locura de vivir donde sea, en el Cielo o en la Tierra! 
Lo importante es la libertad de buscar la felicidad. ¡Eh, me gusta escucharte! 
Te brillan las alas cuando hablas así. 
¿Te acuerdas cuando llegaste? 
Estabas realmente en el limbo. 
En el limbo viví siempre. 
No me vas a decir que no valió la pena enfrentar la osadía de escuchar a tus maestros; mira si te hubieses quedado como un espíritu sin rumbo.
 Es que me costó aceptar mi muerte. 
Y dime, ¿piensas volver a vivir? 
Siento que hacerlo sería como hacer un examen, el de mi vida. ¿Cómo sabré que no me olvidaré de todo esto? 
Ya lo sabrás pero, si seguímos hablando, tengo la idea de que te quedarás en este Cielo. ¡No, quiero conocer más! Ahora quiero todo; no todos los días uno puede conocer Cielos diferentes. Bueno. ¿Qué te parece si vamos? Vamos. Francesco y su amigo abrieron bien sus alas y, con toda la luz que irradiaban sus alas, empezaron a elevarse. Comenzaron a ascender de una manera suave y armoniosa, junto con la nube dorada. Subieron y subieron. 
Algunas nubes los ayudaban a desplazarse con más rapidez. Por algunos tramos se quedaron dormidos, como a quien después de emprender un largo viaje lo vence el cansancio. 
Una gran luz los fue despertando suavemente, y al abrir sus ojos apreciaron todo el color del segundo Cielo... todo era rosa y dorado; los olores eran más dulces que los del primer Cielo.
Yohana Garcia.
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Francesco Una vida entre el cielo y la Tierra


CAPITULO-19
La despedida 
Francesco sabía, a esta altura de su estadía en el Cielo, que no tendría que haber sentido tanto miedo en su vida terrenal; no había estado solo nunca; había vivido con su alma llena de energía y luz, como son todas las almas de las personas, aunque algunas las tengan más llenas de polvo que otras. 
Él ya había aprendido a limpiar su alma. 
Había tenido siempre a su niño interno en un rincón de su corazón; ese niño que esperaba que él se fortaleciera, con cada prueba que debía enfrentar en la vida. 
Ese niño que lo quería ver reír más seguido. Ese niño que lo llenaba de proyectos, de ilusiones, que le soplaba muy despacito en el oído cuánto lo quería, cuánto valía, cuan importante era todo lo que hacía cada día de su vida. Y también él tenía su ángel de la guarda, que lo cuidaba y lo protegía, que le daba señales y mandaba mensajes permanentemente, dándole coincidencias o causalidades, cada vez que estaba en el camino y en el tiempo correcto de sus deseos. 
Nunca había prestado atención a la compañía del ángel, porque era demasiado realista y concreto. Ahora sabía que él existía, que era su amigo fiel, su eterno compañero de batallas, y de calma. Había aprendido que la paciencia y la calma eran necesarias para esperar sin desesperar, que en la vida lo bueno y lo malo pasaban como pasan los años. 
Había estado en el Cielo todo el tiempo necesario como para darse cuenta de que, siempre había otra oportunidad para ser feliz, aun después de muerto. 
Sabía que se había cumplido el tiempo de estadía en el primer Cielo, que éste lo había recibido con los brazos abiertos: un paraíso que había demostrado que su vida estaba llena de aciertos y de errores.
 Aprendió que él había sido el arquitecto de su existencia, que no todo estaba escrito, que, en su camino, sus actitudes ante la vida lo habían hecho equivocarse de vez en cuando, lo cual no era tan malo, qué malo era culparse y encerrarse en ese error. 
Que la vida no era tan cruel, no tan ingrata como él lo había creído. Estaba totalmente convencido de que todos nacían con las condiciones necesarias para recibir lo que cada uno pedía. Su alma brillaba cada vez más, y lo único que lo alimentaba era el amor, no el amor egoísta, sino el amor incondicional. 
Si deseaba volver a nacer, no tenía que olvidarse del amor, de la gratitud y de la fe, porque estos sentimientos le harían vivir la vida en plenitud, hasta el fondo. 
Esa vida que él había dejado pasar, sin tomar conciencia. Sus maestros, con generosidad, le enseñaron las lecciones y le dieron toda la esperanza, y el afecto y la sabiduría que necesitaba. 
Los paseos por las nubes habían sido tan gratificantes y hermosos, que Francesco creía que era eso lo que más extrañaría del Cielo. Encontrarse con algunos seres queridos, que habían partido antes que él, le había dado la confianza para entender que, para cada uno de ellos, la muerte había sido necesaria, el fin de un ciclo y nada más. Su jardín, resplandeciente y florido, se había transformado en otro pequeño paraíso; parecía que el sol tenía predilección por ese lugar. Se preguntaba qué pasaría con él, pues recordaba que el día en que se lo regalaron le habían dicho que habría de entregarlo. 
Su familia había tenido cambios; los visitaba en sueños cuando quería enviarles mensajes; se emocionaba cuando entraba al alma de alguno de sus seres queridos y siempre les hacía notar, en esos sueños, que él era feliz. 
Le gustaba aparecerse joven (podía tomar la forma y la edad que más le gustaba). 
Había estado en cada etapa importante de su familia, como espíritu; las flores avisaban cómo estaba cada uno de ellos y, entonces, él bajaba para acompañarlos. 
Sus viajes por el Cielo, atravesando nube por nube, eran todo un placer. También sabía que un nieto habría de nacer pronto y que le pondrían su nombre. 
Uno de esos maestros le había mostrado cuál era el alma que tomaría el cuerpo de su nieto; tuvo la oportunidad de hablar con ella y le encantó. Era muy sabia y muy vieja; había tenido unas cuantas vidas anteriores y en ésta, que era la última, venía a jugarse el todo por el todo. 
Dijo que iba a ser un músico famoso y querido; Francesco prometió acompañarlo cuando estuviera por nacer, y el alma aceptó con alegría la proposición de su abuelo. 
Francesco volaba por las nubes, por encima del jardín, cuando apareció un nuevo maestro; éste brillaba más que los otros y, con sus brazos abiertos, le pidió que se acercara más a él. Déjame darte, en un abrazo, toda mi energía y todo mi amor -dijo el maestro. 
Francesco lo estrechó entre sus brazos. ¡Los dos despedían destellos dorados! 
Estaban en el centro del jardín. ¡Parecía que las rosas los miraban sorprendidas por el encuentro! 
Querido maestro, ¡me temo que hoy es el último día en este lugar! 
Francesco, mi nombre es Faustino... 
Y sí, vine a avisarte que mañana partirás al segundo Cielo. 
Alcanzaste aquí todo el crecimiento que necesitabas y pasarán muchos años hasta que vuelvas a este lugar. Despídete de tu jardín, de tus maestros, y mañana, cuando el sol ilumine con sus primeros rayos, pasaré a buscarte. Faustino, ¿Qué pasará con el jardín? 
Tu jardín ha cumplido un ciclo; cuando asciendas al segundo Cielo, él irá desapareciendo y dará el lugar para que otra alma tenga el suyo.
¿Y cómo sabré si mi familia está bien? 
No te hacen falta las rosas para saber cómo está cada uno de ellos; lo sabrás por tu percepción, por tus sensaciones. ¿Podré bajar a verlos? Podrás, aunque el viaje será diferente; quizás, tardes más tiempo en realizarlo. 
Pero no te faltará mucho para que vuelvas a vivir. ¿Volveré a vivir? Creo que sí. 
¿No estás seguro? 
No estoy seguro de que lo quieras tú. 
Yo estoy bien así, aquí soy feliz, tengo paz. 
Si tomas en cuenta todo lo que aprendiste, también tendrás paz en cualquier lugar donde vayas. Tus maestros ahora querrán despedirse de tí. ¡Ah! Y tu ángel también. Así que quédate en el jardín, y luego ve a la gran nube celeste; allí te estaremos esperando. 
Francesco saludó a Faustino y se volvió a recostar en el mismo árbol donde lo había hecho por primera vez, cuando llegó temeroso y todavía no había asumido su muerte. 
Desde ese árbol, donde había conocido el silencio, que le había enseñado que era la llave para encontrarse consigo mismo, miró las rosas, los arbustos, los árboles, y les habló con todo el corazón: Cuando entré al Cielo, creo que llegué junto con mi mente y sentí el alivio de quien se saca un peso de encima. 
Todo me parecía bello, desde los colores hasta los olores; tenía la sensación de que eran más intensos. Parecía que yo, en toda mi vida, había sido daltónico; pero, después de haber aprendido durante todo este tiempo, me di cuenta de que allá abajo están los mismos colores, los mismos olores, la misma sensación de plenitud que hay en este lugar. 
La diferencia es que no estaba abierto para recibir la energía y los sentimientos como para vivirlos a pleno; muchas de las personas nos pasamos, allá abajo, más de la mitad de nuestras vidas temiendo por situaciones que jamás llegan a pasar. Nos hacemos esclavos de lo que obtenemos, no sabemos esperar, nos resistimos a los cambios, no aceptamos que haya diferentes puntos de vista y terminamos matándonos entre nosotros mismos. 
Yo fui un hombre que tuvo mucho cuidado en no dañar a su prójimo; no me tomé en cuenta y me perjudiqué en muchas situaciones; tampoco me cuidé, ni me valoré, y renegué a la vida todo el tiempo. Y fui muy negativo; entonces, me perjudiqué. Luego, la muerte me sorprendió y fue así como aparecí aquí. 
Y este jardín, que parece tan simple y agreste... sentí que me apegó a los afectos, aquí, en cada flor. Por cada rosa que florecía, supe que mis seres queridos habían realizado una buena acción. 
Después de haberlas cuidado con todo mi amor, necesito decirles a cada una de ustedes que son hermosas, y a ti, árbol parlanchín, te voy a llevar siempre como recuerdo del alma. 
Jardín de la paz, quizás desaparezcas pronto; fue un placer estar en este lugar. 
Una de las rosas se desprendió del jardín y fue volando hacia el alma de Francesco. 
Él fue deslizándose por el Cielo, hasta la gran nube. De pie, uno al lado de otro, estaba cada uno de sus maestros, y mirándolo, sonrientes, le fueron hablando uno por uno. 
Primero se le acercó Ariel: 
Francesco, no temas nunca, aunque te sientas perdido, porque aun perdido sigues un sendero.
Ezequiel, otro de sus maestros, le dijo: 
Tú tenías muchos miedos y comprendiste que el miedo no sirve, y que está sólo en tu imaginación; nunca temas, nunca te rindas. Luego se aproximó otro maestro: 
No te olvides de que si vuelves a tener sueños que realizar, todo el universo, incluidos nosotros, te estará apuntalando para que se te cumplan. 
No te olvides de que todo es más fácil de lo que parece. 
Busca, como objetivo en la vida, la felicidad interior, el desapego y la paz de tu mente. Aprende a cuidar cada una de tus palabras; recuerda que, si piensas una cosa y dices otra, nosotros no entendemos los mensajes. 
Una persona es triunfadora en la vida cuando siente que puede lograr un equilibrio en cada etapa, cuando es amada por cómo es. 
También es triunfadora cuando aprende de los fracasos, cuando sabe perdonar sin rencores, ama lo que hace, a los que la rodean, sin hacer diferencias; cuando da la vida de corazón, sin esperar recompensas. 
Recuerda que la prosperidad también es importante, pero no es lo fundamental. 
No hará falta que pases necesidades económicas, si no te apegas a lo material; ábrete para recibir lo que Dios te dará, sin necesidad de angustiarte. 
Recuerda, Francesco, que cada cosa tiene su tiempo; y muchas veces, los tiempos de los hombres no son exactamente como el tiempo que Dios ha decretado para ti. 
Ama desde lo más simple a lo más complicado; todo tiene en la vida un porqué, y nada te sucederá por casualidad; las casualidades no existen, todo tiene una causa y un efecto. 
Ahora que te despides de este lugar y vas en busca de un nuevo karma recuerda, Francesco: vive con todas tus fuerzas. 
Y el maestro le dio un abrazo como si hubiese querido darle toda su sabiduría en él. 
El maestro de los miedos le dijo: 
En tu próxima vida no habrá necesidad de transitarla con tantos temores; tu vida anterior te servirá de experiencia.
Cada vez que un miedo aparezca en tu mente, analízalo bien y serás consciente de que tomará la dimensión que tú le dejes tomar. 
Piensa que una vida sin miedos puede ser vertiginosa, arriesgada, loca y hasta divertida, pero nunca será una vida chata y aburrida; tampoco será triste, y hasta es posible que ni siquiera te enfermes. 
Tú sabes que podrás elegir cómo vivir y qué sentimiento te convendrá cobijar en tu mente y en tu alma. 
Y Francesco recibió otro abrazo, con todo amor. De pronto, llegó agitada Rosario, su espíritu amigo, compañera de viajes astrales y también del primer viaje a su familia. Francesco le gritó al verle: 
No te vayas sin despedirte! ¡No te volveré a ver! Rosario le dijo: Me contaron que más adelante podremos encontrarnos allá abajo, y hasta podríamos formar una linda pareja; pero quizás, para eso, tengan que pasar muchos años. 
Será Cupido quien nos fleche, tú ni siquiera te darás cuenta, seremos algo así como almas gemelas. ¡Qué imaginación, Rosario! No, no es imaginación; me lo contó un ángel y me encantó. 
¿Después de todo lo que sufriste allá abajo, cómo puedes querer volver? ¿Te olvidaste de que moriste joven, dejando hijos muy chiquitos y sufriste un año en el hospital? Quédate aquí, Rosario, este lugar es ideal para quedarse eternamente. 
A Rosario se le oscureció la luz de su energía, y su sonrisa se borró como de un plumazo. Francesco, te diré que tuve la oportunidad de hablar con Dios y pude preguntarle por qué a mí me había sucedido todo lo que tú ya sabes, y pude entender lo que allá abajo no entendía. Quizás cuando puedas hablar con Él no pienses así, pero vuelve, por favor; me encantaría compartir la vida contigo. 
No, Rosario, si esa decisión más adelante sigue dependiendo de mí, no volveré; lamento desilusionarte. 
No quiero que pienses que te estoy despreciando, al contrario, ¡me encantaría compartir la vida contigo! Pero no, ¡no vuelvo más! Me encanta el Cielo y, aunque yo sé que viviría mi próxima vida de un modo distinto y mejor, igual tendría que pasar por ilusiones y desilusiones, reír y llorar, trabajar, despertarme todos los días cuando sale el Sol, acostarme cuando salga la Luna, formar una familia, tener una casa, un auto, un título o, simplemente, no lograr nada de eso, a pesar de desearlo. 
Aquí vivo feliz, porque mi mente no me tortura con pensamientos negativos, no hay miedos, ni dudas, ni tiempos que me apuren. 
Sí, pero si tienes una mente bien tranquila, que tome las situaciones con calma, allá tampoco tendrás sentimientos negativos. 
Aquí falta algo que allá tienes. ¿Sabes qué? Faltan emociones, besos, caricias, sabores que sólo un cuerpo te puede dar. 
¿Y qué te dijo Dios sobre tu vida anterior? 
Me contó que mi espíritu era muy sabio, muy noble, y que no tenía una mente plena como para tomar conciencia de cambiar ciertas actitudes y hábitos, que, junto con el entorno que yo había elegido, me estaban perjudicando. Entonces, Él me mandó señales para que cambiara, pero yo no las recibí. 
Y, como no estaba aprendiendo nada en esa vida, Él hizo que regresara al Cielo y volviera a nacer para ser feliz. 
¿Y por qué no elegiste tú si querías vivir o no? Yo ya había elegido no ser feliz; tú sabes eso de tener que cargar la valija, con todos los sentimientos negativos. A mí me pesaba mucho. ¿Y por qué tanto sufrimiento, antes de morir? Porque los médicos y yo nos resistíamos a aceptar la muerte. ¿Y ahora vas a volver? 
Sí, claro. Siento que esta vez será distinto, pero puedo esperarte. 
¿Y cuánto tiempo estás dispuesta a esperarme? El que tú necesites.
Entonces, Rosario, quizás pierdas mucho tiempo, y yo no me lo perdonaría. Vuelve cuando quieras. Si todavía estás en la Tierra, seremos dos grandes amores. 
Tú te irás del Cielo, puedes adelantarte más que yo; no te atrases entonces, por mi culpa. ¿Cuándo aprenderás que el tiempo no importa? Yo había muerto un poco antes que tú, pudimos habernos conocido. 
Mañana nacerás y yo me iré a otro Cielo. 
Así que te deseo lo mejor, ¡te quiero! 
Yo también te quiero. 
Este abrazo fue especial; las luces de sus auras iluminaban todo el Cielo. Después de un largo rato de silencio, apareció Pancho, su ángel. 
Su despedida fue corta y emotiva 
Querido Francesco, ya no estaré más contigo; en el segundo Cíelo estarás con arcángeles. 
Yo me quedaré aquí hasta que me manden a cuidar a otra criatura de Dios. ¿Te acuerdas de cuando entramos aquí? Yo te dije que me dabas trabajo. Sí, lo recuerdo bien. Te seré sincero. 
Tu actitud hizo que tuviéramos una relación poco fluida, pero, a pesar de que te comunicaste muy poco conmigo, tú fuiste el ser que más quise de todos los que protegí. 
¿Y qué fue lo que hizo que me quisieras tanto? Verte tan solo, cuando eras chiquito, fue un gran detonante para que yo te tuviera un cariño especial. 
No te olvides de que sí vuelves a vivir tienes que ser abierto, tener fe y amor; habrá un ángel que te estará cuidando y esperará una palabra para saber que crees en él y, a la vez, puedan ser amigos. ¡Te quiero mucho, Francesco! ¡Pancho, mi querido Pancho! Ojalá el próximo espíritu que tengas que cuidar te reconozca, te lleve a lugares que te gusten y no tenga tantas dudas como las que tuve yo. Descuida, no te olvidaré, aunque me toque cuidar al mejor ser humano.
Te contaré un secreto: si vuelves a vivir y entre todas las mujeres encuentras a Rosario y te enamoras de ella, yo volveré a estar cerca de tí, porque el ángel que ella tendrá es el mismo que tuvo en una vida anterior; Rosario tendrá a Gabriel, y él y yo estaremos juntos, cumpliendo una misma misión. 
Nosotros, los ángeles, tenemos ciertos códigos... te daré un ejemplo: cuando alguien te atrae y tú no entiendes el porqué, las personas dicen que es "cuestión de piel", y esto simplemente sucede porque los ángeles de esas dos personas tienen la misma vibración. 
Te cuento otro secreto: nosotros ayudamos a cocinar; cuando alguien cocina, de manera excelente, una especialidad, y después tú preparas la receta exactamente igual, no tiene el mismo sabor, muchos dicen que es "la mano". 
En realidad somos nosotros que, mientras alguien cocina, ponemos nuestros condimentos espirituales. 
Me llevaré tus consejos en mi alma; ahora dime: ¿tú también quieres que vuelva a vivir? Yo quiero que seas feliz, donde sea que vayas. Aquí soy feliz.
Creo que estás en condiciones de ser feliz en cualquier lugar del universo. 
Gracias por todo. 
No me agradezcas nada; fue un gustazo estar toda una vida contigo. Y en otro abrazo se fundió con Francesco. 
Estaban apareciendo algunas estrellas y la noche se sentía fresca. 
Francesco fue hasta su habitación, la miró por última vez... era hermosa, ¿cómo no la iba a extrañar? Luego se quedó dormido.
Yohana Garcia.
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